En la entrada de hoy del blog aparecen muchos personajes de los que ya he hablado en otros artículos, así que abundarán los enlaces a las entradas que les dediqué.

Inglaterra, año 1399; gobierna el país el rey Ricardo II, que heredó la corona a la muerte de su abuelo Eduardo III, debido a la prematura muerte del padre de Ricardo, conocido como El Príncipe Negro.

Ricardo tiene apenas diez años cuando sube al trono en 1376 y tiene que lidiar desde muy joven con problemas como la llamada Revuelta de los Campesinos de 1381. En los primeros años de su reinado cuenta con la ayuda de los hermanos de su padre Edmundo y Juan de Gante, personaje muy ligado a España. puesto que su hija Catalina de Lancaster fue la primera princesa de Asturias.

El éxito de Ricardo para sofocar la revuelta de los campesinos y su crecimiento físico y mental le llevaron a liberarse poco a poco de la tutela de sus tíos; en ello influyó también su carácter fuerte, propio de los reyes de la dinastía Plantagenet. Sin embargo, su personalidad fuerte y en algunos casos violenta no le ayuda en el difícil trato con sus súbditos. Ricardo tiene varios tira y afloja tanto con sus nobles como con el Parlamento, lo que ocasiona que muchos de ellos se pongan en su contra. En 1386 llegan a amenazar a Ricardo con su deposición del trono; de hecho, únicamente la falta de acuerdo entre sus nobles sobre la forma de gobierno que sustituiría a Ricardo impide que cumplan su amenaza.

A lo largo de los años de su reinado, Ricardo II se fue ganando enemigos tanto entre la nobleza (muerte en condiciones más que sospechosas de los condes de Gloucester y Warwick y destierro de por vida del conde de Arundel), como entre las clases medias como consecuencia de la política punitiva de sus jueces y sheriff.

El acontecimiento esencial para que Ricardo perdiera el trono y la vida se produjo a finales de 1397 cuando dos de los personajes que más habían apoyado al rey, el conde de Norfolk Thomas Mombray y el primo de Ricardo, Enrique Bolingbroke (hijo de Juan de Gante) se enzarzaron en una disputa verbal en la que ambos se acusaron de traición; conversación en la que el papel del rey en la muerte del conde de Gloucester salió a colación. La cuestión derivó en un duelo a muerte entre los dos, en una especie de juicio de Dios.

Ricardo se encontraba en una situación peliaguda; la victoria de Mombray daría pábulo a los rumores sobre su implicación en la muerte de Gloucester; la de Bolingbroke daría alas a éste en la carrera sucesoria, ya que Ricardo no tenía heredero.

El rey decide impedir un duelo que en nada le podía favorecer y dicta sentencia desterrando a Mombray de por vida y a Bolingbroke por diez años. Sin embargo, cuando en 1399 fallece el padre de Bolingbroke Juan de Gante, decreta que el destierro de su primo sea de por vida y que sus extensas propiedades pasen a la corona.

Y en ese momento es cuando Ricardo II comete el terrible error que le cuesta el trono y la vida; embarca hacia Irlanda para sofocar una pequeña rebelión. Enrique Bolingbroke, indignado por la sentencia que le priva de su herencia y le impide volver a Inglaterra, regresa desde Francia y desembarca en Yorkshire. Parece que su intención inicial era reclamar la herencia de su padre, pero la falta de resistencia a su avance al hallarse Ricardo en Irlanda, y el hecho de que se le fueran uniendo cada vez más fuerzas descontentas con el caprichoso gobierno del rey, le llevan a replantearse su objetivo. Sus aspiraciones al trono dan un paso decisivo cuando el duque de York, tío del rey, se une a su causa.

Ricardo vuelve a Inglaterra, pero es demasiado tarde. Es detenido en el castillo de Chester, donde supuestamente iba a negociar con su primo Enrique Bolingbroke y trasladado a la Torre de Londres. Una reunión del Parlamento que tiene lugar el 30 de septiembre depone a Ricardo II y nombra rey de Inglaterra a Bolingbroke, desde ese momento oficialmente Enrique IV.

Pero el depuesto rey es todavía una amenaza para el usurpador. Tras ser trasladado en secreto hasta el castillo de Pontefract, se produce una rebelión en favor de Ricardo II en febrero de 1400. Enrique corta por lo sano; Ricardo muere misteriosamente en su celda de Pontefract y su cuerpo sin vida es exhibido a lo largo de su camino a Londres para que no quede duda a sus partidarios de que no tienen ninguna causa por la que luchar.

La usurpación del trono inglés por parte de Enrique IV es el origen del conflicto conocido como Guerra de las Rosas, al que he dedicado más de una entrada en el blog… pero esa es otra historia.

Fuente: Peter Ackroyd The History of England Volume I Foundation