Athelstan de Wessex, primer rey de Inglaterra

En varias entradas del blog hemos ido desgranando la evolución de la situación en Inglaterra en el periodo de las incursiones vikingas y en los reinados de Alfredo el Grande de Wessex y de su hija Aethelflaed, Señora de los mercios. Hoy toca cerrar el círculo con la historia del hombre que concluyó la tarea iniciada por Alfredo y continuada por sus hijos Eduardo el Viejo y Aethelflaed. Me refiero a Athelstan de Wessex, nieto de Alfredo y considerado como el primer rey de Inglaterra.

Habíamos terminado la entrada dedicada a Aethelflaed señalando que tras su fallecimiento en 918 inicialmente ciñó la corona de Mercia su hija Aelfwynn, aunque su gobierno fue muy breve. A finales de ese mismo año Aelfwynn fue trasladada a Wessex y Eduardo de Wessex se hizo con el gobierno directo de Mercia. En el año 920 todos los habitantes al sur del río Humber reconocieron a Eduardo el Viejo como soberano y la mayoría de ellos se convirtieron al cristianismo.

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Los siete reinos anglosajones

Esto hacía que, salvo Northumbria, el resto de reinos de la vieja heptarquía sajona estuvieran gobernados por el rey de Wessex. Pero eso no convertía a Eduardo en rey de Inglaterra, aunque así se hiciese anunciar, pues en Northumbria seguían gobernando por una parte los daneses, con su capital en York, y por otra los sajones sucesores de Ricsige, al que ya nos referimos, que dominaba la inhóspita zona norte del país, fronteriza con Escocia, desde su fortaleza de Bamburgh.

Eduardo murió en el año 924 en Farndom (Mercia). Tenía varios hijos. Athelstan era el primogénito, pero no era su heredero. Su madre había muerto o caído en desgracia y Eduardo se había vuelto a casar. Eso hizo que el heredero oficial al trono fuese un hijo de este segundo matrimonio, Aelfweard.

Las crónicas reseñan que Athelstan fue criado en Mercia, en la corte de su tía Aethelflaed. El tercer hijo de Eduardo, hermano por parte de madre de Aelfweard, llevaba por nombre Edwin. Y del tercer matrimonio del rey de Wessex con Eadgifu de Kent nacieron dos hijos más, Edmund y Eadred.

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Coronation Stone, lugar tradicional de coronación de los reyes sajones en Kingston-upon-Thames

El proceso de sucesión de Eduardo es algo confuso en las fuentes. Algunas sugieren que mientras Mercia aceptaba a Athelstan, Wessex se decantaba por Aelfweard. Pero la muerte de este solo unos meses después de la de su padre aclaró el camino hacia el trono de Athelstan, que fue coronado rey de Wessex en Kingston-upon-Thames en el año 925, no sin oposición por parte de un noble que llevaba por nombre Alfred y que posiblemente perteneciera a la familia real, que no consiguió evitar que Athelstan subiera al trono y se asentara en él.

Posteriormente, en 933, Athelstan sospechó de un intento de deponerle por parte de su hermanastro Edwin. Este fue hecho prisionero y, para que su hermano no se viese obligado a dar la orden de ejecutarlo, fue abandonado en el mar en un viejo bote sin provisiones ni velas. Viendo lo que le esperaba, Edwin decidió lanzarse al agua y murió ahogado. Parece que posteriormente Athelstan se arrepintió de su proceder hacia su hermanastro e hizo penitencia por ello.

Athelstan se empeñó en aumentar más aún la extensión del reino que ya su padre había conseguido ampliar. En el año 926 concertó una alianza con el rey danés de Northumbria, Sithric, al que casó con su hermana. Pero antes de que pudiera consolidarse la situación Sithric murió en el año 927 y los daneses eligieron como sucesor suyo a un hijo de un matrimonio anterior, de nombre Gofraid.

Cercenada la vía dinástica, Athelstan se decidió entonces por la militar. Ese mismo año de 927 atacó York haciendo huir al nuevo rey y a sus magnates y consiguió que se sometieran a él el señor de Bamburgh y los reyes de Alba (germen del reino de Escocia)  y Strathclyde. Algo parecido sucedió en Gales, donde los príncipes galeses le reconocieron como su señor en una reunión en Hereford en la que Athelstan fijó las fronteras e impuso a los galeses el pago de un tributo anual.

Esto no quiere decir que se impusiese sobre toda la isla de Gran Bretaña sin oposición. Por ejemplo, el arzobispo de York, Wulfstan, no asistió a ninguna de las reuniones de la corte de Athelstan ni figura como otorgante de ninguno de los documentos emanados durante su reinado. Y en el año 934 tuvo que lanzar una campaña sobre Escocia. Penetró por tierra hasta Dunnotar y por mar hasta Caithness, derrotó al rey escocés Constantino y se hizo con su hijo como rehén. Una curiosidad sobre esta campaña es que en la narración de la misma que se contiene en la Anglo-Saxon Chronicle figura por primera vez la palabra «Escocia» para referirse a la parte norte de la isla de Gran Bretaña.

La mayor amenaza contra Athelstan procedería de Irlanda. En Dublín se había hecho con el poder en el año 934 Olaf Guthftithson, que era hijo del rey expulsado de York en 927, Gofraid. Tres años después lanzó una invasión sobre Inglaterra dirigida contra Athelstan, en la que contó como aliados con los reyes de Strathclyde y Constantino de Escocia, que buscaban sacudirse el yugo de Wessex y lograr alguna conquista territorial en la zona fronteriza con Northumbria.

Para hacer frente a esta amenaza, Athelstan aprobó en primer lugar una recaudación extraordinaria de impuestos, tanto en los reinos sajones como en Gales. Posteriormente reunió a una coalición que incluía a todos los magnates de Wessex y de Mercia, tres reyes galeses, varios jarls escandinavos, los arzobispos de Canterbury y York y catorce obispos anglosajones.

Del resultado de la previsible contienda entre ambas fuerzas iba a depender el futuro de la isla. Si se imponían los invasores y sus aliados se volvería a la situación de dispersión de poder entre varios reyes, reyezuelos y caudillos. Si Athelstan lograba la victoria, se consolidaría su posición como monarca de un reino anglosajón unificado.

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Batalla de Brunanburh (937)

El enfrentamiento tuvo lugar en el año 937 en un lugar llamado Brunanburh (cuya ubicación exacta no se conoce). La batalla fue larga y dura, con numerosas bajas no solo entre las tropas de unos y otros, sino también entre los magnates de ambos ejércitos (fallecieron cinco reyes y siete earls irlandeses y el heredero del reino de Alba). Finalmente el ejército de Olaf Guthftithson fue derrotado y destrozado y Athelstan consiguió la victoria que le aseguró un lugar de privilegio en la historia inglesa. Los Anales del Ulster hablan de una «gran, desgraciada y cruel batalla entre los sajones y los hombres del norte, en la que un número indeterminado de estos pero que se pueden contar por miles perecieron. El rey Olaf escapó con un puñado de seguidores. En el otro bando cayó un gran número de sajones, pero su rey, Athelstan, logró una gran victoria».

Brunanburh está considerada como una de las batallas más importantes en la historia inglesa, porque supuso la consolidación de un dominio unificado anglosajón sobre la isla. Tras la batalla, Athelstan fue proclamado como rey de Inglaterra. Pero la importancia histórica de Athelstan no se limita a la batalla de Brunnaburh y a la confirmación de Inglaterra como reino unido anglosajón que de ella se derivó.

Durante su época de gobierno, en el que según un cronista «hubo paz y abundancia de todo», se produjo un florecimiento cultural y comercial. Promulgó un código de las leyes del reino y convocó asambleas con presencia de nobles y obispos de todo el territorio que dominaba. Forjó alianzas familiares con el reino de los francos y el Sacro Imperio y llegó a enviar contingentes armados para intervenir en diferentes conflictos europeos en Noruega, Francia y Bretaña. En los años finales de su reinado se hacía proclamar rex totius Britanniae.

La monarquía sajona del siglo X necesitaba dotarse de elementos formales que garantizasen la estabilidad y el orden. Se convocaron consejos en los que se reunieran los hombres más juiciosos del reino, nobles y eclesiásticos. Se crearon estructuras de gobierno para supervisar la explotación de los terrenos reales y la dispensa de la justicia real. La maquinaria burocrática promulgaba numerosas leyes y decretos. Todo ello contribuyó al nacimiento de un sentimiento de unidad nacional.

Durante el reinado de Athelstan el reino se dividió en condados (shires) distritos (hundreds) y villas o ciudades. Esta división pretendía organizar tanto la recaudación de impuestos como la administración de justicia y el cumplimiento de las obligaciones militares. Al frente de cada condado y como representante del rey se situó un funcionario (reeve). La contracción del nombre de esta figura del shire-reeve se encuentra en el origen de los populares sheriffs, surgidos ya durante el reinado de Aethelred el Indeciso.

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Athelstan de Wessex

Athelstan murió en Gloucester el 27 de octubre de 939 y fue enterrado en la abadía de Malmesbury. Domínguez González glosa así su figura:

Athelstan es el primer rey anglosajón del que conocemos aspectos de su vida personal suficientes como para hacernos una idea de su personalidad. Era enérgico, como debía ser cualquier rey de esta etapa, y poseía una extraña mezcla de devoción e interés intelectual que le hizo acopiar un enorme número de reliquias. Esta devoción y curiosidad también se saciaba con numerosas ofrendas y un gran interés por los sabios extranjeros, que solían estar presentes en su corte. Odiaba […] las ejecuciones de menores, teniendo por costumbre otorgar el perdón a aquellos criminales que se lo pedían.

Para Thomas Williams, «si Alfredo inventó la idea de Inglaterra y Eduardo empezó a darle forma, fue Athelstan quien la convirtió en realidad y se convirtió en el verdadero primer rey de Inglaterra».

Los descendientes de Athelstan no se vieron libres de nuevas amenazas de los hombres del norte…pero esa es otra historia.

Imagen| Wikimedia Commons.

Fuentes|Thomas Williams. Viking Britain. An explanation.

Peter Ackroyd. The History of England. Volume I. Foundations.

Annie Whitehead. Mercia. The rise and fall of a Kingdom.

Carlos Domínguez González. La Inglaterra anglosajona. Una síntesis histórica (ss. V-XI).

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