Cuando ser princesa no era un cuento de hadas: Ingeborg de Dinamarca, reina de Francia (1175-1237)

En el blog hemos dedicado bastantes entradas a mujeres de la realeza y de la nobleza, en las que hemos hecho hincapié en la injusticia que históricamente se cometía con ellas al convertirlas en simple moneda de cambio para los intereses políticos y económicos de sus familias. Cierto es que podían considerarse más afortunadas que las mujeres que no pertenecían a la aristocracia, pero sus vidas consistían en aprender los modales para arreglar un matrimonio con un extraño y ser enviadas a un país del que muchas veces desconocían hasta la lengua. Aunque en algún caso aislado esta unión llegaba a convertirse en una historia de amor, lo normal es que sus vidas no fuesen precisamente felices. Uno de los casos más significativos fue el de la princesa Ingeborg de Dinamarca.

Nacida en 1175, Ingeborg era hija del rey danés Valdemar I ‘El Grande’ y de Sofía de Novgorod. Dos de sus hermanos, Knut VI y Valdemar II ‘El Victorioso’, fueron también reyes de Dinamarca y su hermana Richiza casó con Erik X de Suecia.

En su condición de hija y hermana de reyes, Ingeborg era un objetivo apetecible para muchas de las monarquías medievales europeas. Además, bajo el reinado de su padre Valdemar I (1157-1182) Dinamarca había conseguido asentarse como un reino ‘civilizado’, dejando atrás la imagen que desde el siglo VIII habían dejado los vikingos por todo el mundo conocido. Valdemar se había aliado con el Emperador del Sacro Imperio Federico I ‘Barbarroja’ y con la ayuda del fundador de Copenhague, el obispo Absalon, había llevado al país el cristianismo, imponiéndose sobre las viejas creencias paganas … Pero esa es otra historia.

Como decíamos, Ingeborg era un partido interesante para cualquier monarca europeo soltero … o viudo. En esta última situación se encontraba el rey de Francia, Felipe II ‘Augusto’, que había perdido a su mujer Isabella de Hainaut, que falleció al dar a luz en 1190. Felipe se encontraba en permanente conflicto con la dinastía de los Plantagenet, reyes de Inglaterra; primero con Enrique II y después con Ricardo Corazón de León. Las posesiones de los Plantagenet en Francia, que incluían Normandía y Anjou se habían visto ampliadas cuando Enrique II contrajo matrimonio con Leonor de Aquitania.

Por eso cuando Felipe Augusto de Francia enviudó, no es de extrañar que pusiera sus ojos en una princesa de la familia real danesa, que no hacía mucho tiempo había gobernado en Inglaterra (Sweyn Forkbeard, Knut y Hardknut, daneses, fueron reyes de Inglaterra) y que todavía podía alimentar alguna pretensión al trono inglés, pretensión que Felipe se proponía retomar con intención de provocar problemas a sus rivales ingleses en su propio país.

La elegida fue nuestra protagonista, la desdichada princesa Ingeborg. Tenía 18 años cuando Felipe II solicitó su mano a su hermano el rey Knut VI. Las negociaciones no fueron fáciles, pues Felipe solicitó que el danés renunciara en su favor a sus derechos a la corona inglesa y pusiera una flota a su disposición en el plazo de un año para reclamarla. Knut no tenía intención alguna de luchar por el trono de Inglaterra, pero tampoco estaba dispuesto a renunciar sin más a sus derechos y rehusó la propuesta del monarca francés. Finalmente se llegó a un acuerdo matrimonial y la dote de la novia se fijó en 10.000 marcos.

El matrimonio se celebró el 14 de agosto de 1193 en Amiens y, aunque todas las crónicas describieron a la novia como hermosa y encantadora, el calvario de la ahora reina Ingeborg tardó poco en empezar. Al día siguiente durante la ceremonia de la coronación de Ingeborg, el rey Felipe empezó a experimentar temblores, palidez y malestar general; en cuanto terminó el acto, solicitó el divorcio acusando a su esposa de haberle hechizado y trató de devolverla a Dinamarca. Los representantes daneses se negaron y Felipe hizo que un arzobispo francés declarara el matrimonio nulo alegando una rocambolesca relación de parentesco entre Ingeborg y su primera mujer.

La princesa danesa se negó a acceder a la nulidad y apeló al Papa; entretanto, Felipe la hizo encerrar en un convento. El papa Celestino III declaró inválida la anulación del matrimonio acordada por el prelado francés, pero no fue más allá e Ingeborg permaneció cautiva. Las peticiones del rey danés de que volviera a su país no fueron atendidas por Felipe II.

Las súplicas de Ingeborg y de la corte danesa encontraron más eco cuando Celestino III murió y le sucedió Inocencio III. El nuevo papa amenazó al rey Felipe II y colocó a Francia bajo interdicto hasta que tratara a Ingeborg como reina y esposa. El francés cedió y el interdicto se levantó; pero Felipe se limitó a cambiar a la reina de lugar de cautiverio, prohibiendo el acceso a sus aposentos a curas y doctores y cortando todo contacto por correspondencia con Dinamarca.

La insostenible situación de Ingeborg se prolongó durante ni más ni menos que veinte años. Y probablemente hubiera seguido sin variación hasta que o bien ella o bien Felipe II (que había vuelto a casarse) falleciese, si no se hubiera producido un hecho en el que nuevamente se vieron involucrados Inglaterra y el papado.

El sucesor de Ricardo Corazón de León, Juan sin Tierra, se las arregló no solo para heredar las luchas de su hermano contra Francia, sino para ganarse también la enemistad de Roma. En 1213 Inocencio III excomulgó al rey y colocó a su reino en interdicto, lo que significaba que cualquier señor cristiano podía luchar por conseguir el trono del país con el placet del Pontífice.

Felipe II recordó entonces que para su intención de atacar Inglaterra podía serle útil su esposa danesa con sus aspiraciones al trono inglés; Ingeborg fue liberada y por fin se le concedió el trato y dignidad propio de una reina … salvo en un aspecto: nunca hizo vida marital con Felipe II.

Es de suponer que este hecho no supuso ningún quebradero de cabeza para la princesa danesa, que a partir de ese momento vivió en paz hasta su muerte en 1237. Su situación mejoró aún más desde 1223 cuando Felipe II murió e Ingeborg se ganó la estima de sus sucesores que le trataron con el respeto debido a una reina viuda.

Eso sí, la supuesta pretensión al trono de Inglaterra de Ingeborg que decidió a Felipe a casarse con ella, jamás tuvo ningún impacto en los conflictos entre este y los reyes ingleses ni fue considerada en serio por nadie en Inglaterra.

Fuente| Palle Lauring: A History of Denmark

3 Replies to “Cuando ser princesa no era un cuento de hadas: Ingeborg de Dinamarca, reina de Francia (1175-1237)”

  1. Descubrí a este personaje histórico enseñando Historia de la Iglesia Cristiana , respecto a punto específico: la relación de la Iglesia con los Reyes y dinastías, constatando lo efectivo que era, para los abusos de los Reyes o para que éstos escucharan el consejo o acataran la decisión de la Iglesia aplicarles la excomunión, y,si el rey no acataba dicha decisión , se le aplicaba la Interdictio que pribaba al Rey y a todo el territorio de su Reino de los servicios y sacramentos de la Iglesia, que es lo que ocurrió cuando el el rey Felipe repudió a su bella esposa la reina Ingeborg. Fue tal la presión social Y desesperación de los súbditos franceses que Felipe se vio obligado por los efectos de la mencionada Interdictio ( y de otras razones políticas ) a tener que traer de vuelta a su esposa Ingerborg, aunque nunca tuvo vida conyugal conyugal con ella. Asi fue como descubrí la triste y dramática historia de la bella reina Ingerbog.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s