Blanca de Castilla (I): reina de Francia

Blanca de Castilla era hija del rey castellano Alfonso VIII y de Leonor Plantagenet. Su madre era a su vez hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania y hermana de los reyes ingleses Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra.

Leonor de Aquitania viajó a principios del año 1200 a Castilla para recoger a una de sus nietas nacidas del matrimonio entre Alfonso VIII y su hija Leonor y acompañarla a Francia para que contrajese matrimonio con el heredero de la corona francesa, Luis. Inicialmente parecía que la elegida sería su hermana Urraca, pero finalmente fue Blanca, que contaba por entonces doce años (la causa que se argumentó para desestimar a Urraca, que su nombre sería difícilmente pronunciable para los franceses, no parece sino una excusa).

El enlace con el delfín Luis tuvo lugar el 23 de mayo del año 1200. En aquellas fechas Francia se hallaba bajo interdicto papal por la incalificable actitud de Felipe Augusto hacia su esposa danesa Ingeborg, por lo que la boda se celebró en la abadía de Port-Mort, en Normandía (dominio inglés). Desde allí, la pareja se dirigió a instalarse en París, donde se celebró su unión con gran pompa y la presencia de los reyes de Francia y de Inglaterra.

El primer choque de la joven Blanca de las duras realidades de la vida y de la política fue la muerte, en una fecha indeterminada de 1203, de Arturo de Bretaña, compañero  de ella y de su esposo Luis, por orden del rey de Inglaterra Juan sin Tierra. A ello sucedió, casi inmediatamente, el fallecimiento de su abuela y mentora, la gran Leonor de Aquitania en 1204.

En 1205 Blanca dio a luz a una niña, que sin embargo nació muerta. En 1209, cuando estaba nuevamente embarazada, su esposo Luis fue ordenado caballero por su padre en Compiègne en una extraña ceremonia; Luis no solo superaba con creces la edad habitual para este ritual (tenía veinticinco años), sino que el rey Felipe le impuso un duro juramento que le obligaba a pedirle permiso para prácticamente cualquier acción que el príncipe deseara llevar a cabo e incluso le prohibía tomar parte en justas y torneos. Tampoco le permitió unirse a la Cruzada contra los cátaros bendecida por el papa, como hicieron el resto de jóvenes ordenados caballeros ese día.

Ese mismo año Blanca dio a luz a un hijo, al que se puso por nombre Felipe, y además se convirtió en una pieza clave de las pretensiones de su suegro de invadir Inglaterra, pues como nieta de Enrique II de Inglaterra y Leonor Plantagenet podía discutir el derecho al trono a su tío Juan sin Tierra. Dos cuestiones ayudaron a que Felipe Augusto se planteara la invasión de Inglaterra: en primer lugar, Juan sin Tierra fue excomulgado por el papa, lo que hacía que cualquier monarca cristiano contara con la bendición del pontífice para invadir su reino y deponerlo del trono; en segundo lugar, un viejo aliado de Juan llamado William de Braose, ahora perseguido por el inglés, llegó a Francia y contó a todo el que quiso escucharlo, cómo el rey inglés había asesinado con sus propias manos a su sobrino Arturo de Bretaña, arrojando el cuerpo del joven al río. Felipe hizo juzgar a Juan y lo declaró culpable del asesinato.

Se hicieron todos los preparativos para la invasión, en los que probablemente Blanca tuvo algún tipo de participación, pero cuando la misma estuvo lista en 1213 llegó la noticia de que Juan había solucionado sus diferencias con el papa y que incluso había declarado a Inglaterra como reino vasallo de Roma, lo que le otorgaba la protección papal e impedía cualquier invasión de las islas por parte francesa. Las tornas se volvieron contra el francés cuando los duques de Boulogne y Flandes se aliaron con Juan sin Tierra contra él y cuando la flota francesa fondeada en el puerto de Brujas fue atacada y destrozada por una expedición inglesa.

Mientras tanto, Blanca recibía malas y buenas nuevas: perdió a dos hijos gemelos en el parto (aunque seguía teniendo a su hijo Felipe de cuatro años), pero recibía noticias de la gran victoria de su padre y otros monarcas cristianos peninsulares frente a los almohades en la batalla de Las Navas de Tolosa. Blanca se enteró de esta gran victoria por una carta de su hermana mayor Berenguela, que entre 1214 y 1217 ejerció de reina regente de Castilla al fallecimiento del padre de ambas, Alfonso VIII, y durante la minoría de edad de su hijo, el futuro Fernando III de Castilla y León. Algunos nobles castellanos llegaron a ofrecer la corona de Castilla a Blanca y su esposo Luis, pero ella se negó a entrar en conflicto con su hermana y su sobrino. Es curioso que tanto Berenguela como Blanca estuvieran destinadas a ser madres de dos reyes, Fernando III y Luis IX respectivamente, que terminarían subiendo a los altares como santos,

El esposo de Blanca, Luis, tuvo un papel preponderante en los conflictos que durante los años 1213 y 1214 enfrentaron a Francia con sus enemigos continentales; a los ya citados duques de Boulogne y Flandes se unió en primer lugar el poderoso emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otón de Brunswick, sobrino del rey de Inglaterra. Y la situación se tornó más complicada aún para los franceses cuando en la primavera de 1214 el propio Juan sin Tierra invadió Francia desembarcando en La Rochelle mientras que su hermanastro William de Longespée lo hacía en Flandes para unirse a los coaligados contra Felipe. Sin embargo, el inglés fue frenado en su avance por el príncipe Luis y retornó a La Rochelle, por lo que no llegó a unirse con sus aliados, que fueron derrotados por Francia en una de esas batallas que están marcadas como decisivas en la historia de un país: Bouvines (27 de julio de 1214). Ese mes hubo más buenas noticias para Francia, ya que Blanca de Castilla dio a luz a otro hijo varón, al que llamó Luis y qe contribuía a asegurar la sucesión en el trono.

En septiembre de 1214, en Chinon, Felipe Augusto y Juan sin Tierra firmaron un tratado de paz por cinco años; pero nadie contaba con el panorama que se iba a encontrar el rey inglés al regresar a su país. Más de quince años de desastroso reinado que culminó con la última derrota en Bouvines y la huida del rey ante el acoso del príncipe Luis habíam colmado la paciencia de los nobles de Inglaterra que no solo se levantaron en armas contra su soberano y le impusieron la firma de un histórico documento conocido como Magna Carta, sino que enviaron mensajeros a Francia ofreciendo la corona inglesa al príncipe heredero francés y a su esposa Blanca de Castilla, al fin y al cabo nieta de Enrique II y Leonor de Aquitania. El intento del papa Inocencio III de detener la invasión del que era su reino vasallo, tropezó con la negativa francesa, que al argumento de la petición de los nobles ingleses añadió la condena a Juan sin Tierra por el asesinato de Arturo de Bretaña.

Luis desembarcó sin oposición en Inglaterra y, tras tomar Canterbury y reconquistar Rochester, se dirigió a Londres, donde fue recibido con los brazos abiertos y entre muestras de alegría. De allí pasó a Winchester y volvió a Dover, a poner sitio al formidable castillo construido allí por Enrique II.

En octubre de 1216, sin que la situación se decantara por ninguno de los dos bandos, falleció Juan sin Tierra. Heredó la corona su hijo, Enrique III, que solo tenía nueve años. Pero los nobles que apoyaban al nuevo rey se enfrentaron y derrotaron a los rebeldes y a los franceses en una decisiva batalla en Lincoln.

Posteriormente, en agosto, el ejército leal a Enrique III consiguió otra resonante victoria contra los franceses, esta vez en el mar, en Sandwich, contra una flota de 80 barcos que zarpó desde Calais y que había sido reunida por Blanca de Castilla. Para obtener los fondos necesarios la princesa tuvo que amenazar al rey Felipe Augusto, que no quería tener ya nada que ver con la aventura inglesa de su hijo, con pedir un préstamo de cuyo cumplimiento servirían como garantía sus propios hijos.

El príncipe Luis se dio cuenta de que sus opciones de ceñir la corona inglesa podían darse por perdidas y regresó humillado a Francia, reconociendo después a Enrique como rey de Inglaterra en el tratado de Kingston. Para empeorar la situación de la pareja, en 1218 falleció su primogénito Felipe, en el que habían puesto sus esperanzas de que ciñera las coronas francesa e inglesa. No obstante, la sucesión estaba asegurada, pues a lo largo de los años se fueron uniendo al primogénito Luis otros cuatro hijos del matrimonio: Roberto, Juan, Alfonso y un último al que pusieron por nombre el mismo que el de su hermano fallecido, Felipe.

El 14 de julio de 1223 falleció Felipe Augusto y tres semanas después se celebró la coronación en Reims del rey Luis VIII y de la reina Blanca de Francia. Emprendieron después un recorrido por todos sus dominios (incluidos los recuperados por el fallecido rey a sus enemigos) y obteniendo sin problemas de todos ellos el tradicional juramento de fidelidad. Blanca de Castilla, primero como reina consorte y luego como regente de su hijo,  jugaría un papel decisivo en la historia de Francia… pero esa es otra historia.

Imagen| Wikimedia commons

Fuente| Régine Pernoud: La reina Blanca de Castilla

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