Ramón Fernández-Luna, el Sherlock Holmes español que detuvo a Fantomas

La proliferación de atentados anarquistas que se produjo en España (especialmente en Barcelona y Madrid) a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX obligó a modernizar y profesionalizar las fuerzas y los métodos policiales que venían aplicándose hasta entonces para poder combatir eficazmente esta y otras amenazas (como la de los llamados apaches, delincuentes comunes con extraños tatuajes en su cuerpo y extremadamente violentos que habían surgido en París).

Algunas de estas medidas fueron poco eficaces (como los métodos antropométricos ideados por el italiano Lombroso o el fichaje de un inspector estrella de Scotland Yard, Charles Arrow, que ni hablaba español ni se preocupó durante su estancia en Barcelona de mucho más que de cobrar su sueldo y tomar nota de sus experiencias para publicarlas a su vuelta a Inglaterra en el Evening News). Otras se demostraron más eficaces, como los métodos de identificación de criminales por sus fotografías y sus huellas dactilares o la importación de los célebres carteles de ‘Se busca’ (el primero de ellos se publicó en Blanco y Negro para detener a la mujer sospechosa del ‘Crimen de la plancha’ de la calle Fuencarral y surtió un efecto casi inmediato).

Pero el gran punto de inflexión en la profesionalización de los cuerpos policiales se produjo tras el asesinato del presidente del Consejo de Ministros José Canalejas, el 12 de noviembre de 1912. Se crearon ocho brigadas policiales. Especialmente relevante fue la llamada Brigada de Investigación Criminal de Madrid, a cuyo frente se puso al comisario Ramón Fernández-Luna.

Los novedosos métodos de investigación e identificación de criminales utilizados por Fernández-Luna le valieron el sobrenombre de El Sherlock Holmes español. A su fama contribuyó también su éxito a la hora de resolver casos complicados y de detener a importantes delincuentes.

En 1913 Fernández-Luna resolvió uno de los casos más conocidos de la historia criminal española: el llamado Crimen del Capitán Sánchez. El adinerado viudo Rodrigo García Jalón había desparecido sin dejar rastro y, tras la denuncia de su hermano, el comisario empezó a investigar los hechos y llegó hasta una misteriosa y atractiva joven, de nombre Maria Luisa Sánchez Noguerol. Siguiendo los pasos de esta, y tras establecer que tenía una relación amorosa con el desaparecido, la investigación se centró en el padre de la chica, Manuel Sánchez López, de profesión militar y de rango capitán (el Capitán Sánchez), de quien se sabía que poco antes había empeñado un valioso reloj de oro. Fernández-Luna ordenó el registro de las alcantarillas cercanas a la casa de Sánchez, donde se localizaron algunos restos que parecían humanos. Ello llevó al registro del domicilio del capitán. Allí se encontraron ropa, un martillo, un hacha, un machete y más restos humanos. Las protestas de inocencia que mantuvo siempre el Capitán Sánchez no evitaron que fuera condenado y fusilado el 3 de noviembre de 1913.

El 20 de septiembre de 1918 se produjo un importante robo en el Museo del Prado: dieciocho piezas del Tesoro del Delfín (así llamado por pertenecer al hijo de Luis XIV de Francia) habían sido sustraídas del lugar donde se encontraban expuestas. En menos de un mes el Sherlock Holmes español logró resolver el crimen, deteniendo al principal responsable del robo, un antiguo funcionario del museo de nombre Rafael Coba y a sus tres cómplices.

Casos como estos o el del Crimen del Federal sustentaron la fama del comisario Fernández-Luna; pero el que lo encumbró definitivamente, y no solo a nivel nacional sino también internacional, fue la detención del celebérrimo ladrón de guante blanco Eduardo Arcos Puch, alias Fantomas. Este apodo, tomado del que le habían puesto en Francia (phantome, fantasma), no era el único de Arcos, que también era conocido como El Aviador, Marquesito o Teddy. Fantomas se había especializado en espectaculares robos sin violencia en habitaciones de hoteles de medio mundo y era buscado por las policías de Nueva York, Londres o París. Hablaba varios idiomas, cambiaba fácilmente de apariencia y era un hábil seductor de mujeres a las que convertía en sus cómplices. Pero en Madrid tropezó con el infatigable comisario Fernández-Luna, quien tras investigar un negocio ilegal de juego que había montado con su amante Flor Amanti, acabó deteniendo a Fantomas el 22 de septiembre de 1916 en su domicilio del número 3 de la madrileña Calle Apodaca. Fantomas acabaría convirtiéndose en un personaje de leyenda … pero esa es otra historia.
La carrera policial de Fernández-Luna tuvo un triste final en 1922 cuando fue destinado a Barcelona y tuvo que enfrentarse al violento clima político y a los enfrentamientos entre empresarios y anarquistas que se vivían en la capital catalana. Dirigido por dos personajes con fama de represores y de violentos, como el gobernador civil Martínez Anido y el general Arlegui, Fernández -Luna nunca se adaptó a las exigencias del nuevo puesto y acabó dejando la policía para fundar una pionera agencia de detectives que llevó su nombre. Murió en 1929.

Fuente| Varios autores: Fuera de la ley. Hampa, anarquistas, bandoleros y apaches; los bajos fondos en España (1900-1923)

Imagen| FantomasDiario de Mallorca

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