“Sin zar, Rusia está viuda y los rusos son huérfanos”: la sucesión de Iván el Terrible.

El antiguo dicho citado en el título de esta entrada refleja la íntima relación que la fortaleza o debilidad del gobernante de Rusia tenía con la situación en el país y la suerte de sus súbditos. Posiblemente uno de los momentos de la historia rusa en que con mayor claridad pudo verse la veracidad de este dicho fue el que se corresponde con los años posteriores al fallecimiento del zar Iván IV, conocido como el Terrible.

Como se expresa en el título el objeto de esta entrada no es narrar las vicisitudes del reinado de Iván IV sino lo sucedido después de su muerte el 28 de marzo de 1584; que esta época sea conocida con el nombre de “período de los disturbios” no es casualidad y explica claramente las dificultades por las que atravesó Rusia en los años siguientes.

A la muerte de Iván el Terrible le sucedió su hijo Fiódor  I. Este no había heredado el carácter de su padre y no demostraba mayor interés en los asuntos de gobierno de Rusia, quizás porque al no ser el primogénito no estaba en principio destinado a heredar el cetro. Iván decidió antes de fallecer que cuando subiese al trono su hijo estuviese apoyado por un consejo de regencia, a cuyo frente colocó al hermano de la esposa de Fiódor, Boris Godunov.

Fiódor pasó su reinado dedicado a sus aficiones entre las que destacaban la caza, los rituales religiosos y, especialmente, el sonido de las campanas de las iglesias (de ahí su sobrenombre de el Campanero). Esto dejó las manos libres a Boris Godunov para ir acumulando cada vez más poder e ir apartando de su camino a los más poderosos de sus opositores.

En 1598 Fiódor falleció sin descendencia, lo que ocasionó un grave vacío de poder; el único hermanastro del zar fallecido, Dimitri, había muerto en 1591 en extrañas circunstancias (apareció degollado) cuando tenía siete años. Aunque la madre del joven Dimitri siempre sostuvo que su hijo fue asesinado por orden de Boris Godunov, un tribunal creado para investigar su muerte concluyó que la muerte de Dimitri había sido accidental, al resbalar y cortarse la garganta con su propio cuchillo. Este tribunal había sido organizado por Boris Godunov.

Boris Godunov (famoso por el libro dedicado a él por Pushkin y la ópera de Modest Músorgski basada en este) era un miembro de la pequeña nobleza de origen tártaro. A la muerte de Fiódor, una reunión del Zemsky Sobor (primer parlamento ruso) controlado por Godunov designó a este como zar en sustitución de Fiódor, último zar de la dinastía Rurik.

Boris tuvo que enfrentar la hambruna en todo el país en 1601 como consecuencia de una pésima cosecha. Los intentos del zar de abastecer de grano a los ciudadanos de Moscú y del resto del país que se habían trasladado a la capital para no morir de hambre se perdieron en la maraña de burócratas e intermediarios que trataron de medrar a costa de la situación. Ello generó el descontento de los habitantes de la capital que culparon de todos sus males a la desgracia que había caído sobre el país por la muerte sin descendencia del legítimo zar y su sustitución por el usurpador Boris Godunov. Los disturbios y los asaltos a comercios se convirtieron en habituales en Moscú y el resto de ciudades del país.

Para empeorar la situación del zar, empezaron a correr rumores de que Dimitri, el hijo de Iván el Terrible, se encontraba vivo. El banderín de enganche que suponía la posibilidad de que un miembro de la dinastía Rurik se encontrase vivo y pudiese deponer al usurpador Godunov y devolver la paz y la prosperidad al país era una tentación muy fuerte para todo tipo de aventureros deseosos de labrarse su propia fortuna. En el sureste del país apareció un personaje que dijo ser el príncipe Dimitri. No sería el único.

El supuesto hijo de Iván el Terrible, que se hacía llamar el Salvador, atrajo hacia su causa a campesinos hambrientos y aventureros cosacos y, lo que era más importante, consiguió el apoyo del rey de Polonia. La suerte sonrió al falso Dimitri porque cuando se dirigía hacia Moscú para deponer a Boris Godunov, este falleció de un ataque al corazón dejándole el camino libre hacia el trono. Incluso la madre del verdadero Dimitri vio la posibilidad de prosperar, viajó a Moscú y reconoció al nuevo zar como su hijo.

El reinado del supuesto Dimitri fue breve; menos de un año después,  un boyardo llamado Vasili Shuisky inició una campaña contra él y sus consejeros polacos y consiguió exacerbar el recelo de los moscovitas hacia todo lo polaco. Se desencadenó una revuelta en la que Shuisky dio muerte al “legítimo” zar y ocupó su lugar, reinando con el nombre de Vasili IV.

Shuisky colocó el cadáver de Dimitri frente a un cañón y lo lanzó delante de una multitud en dirección a Polonia. Además hizo traer a Moscú los restos del verdadero Dimitri que empezaron a obrar milagros por los que fue elevado a los altares como mártir (fallecido por supuesto) de la iglesia ortodoxa. Los intentos de Vasili IV de demostrar que el hijo de Iván el Terrible estaba muerto y bien muerto fueron en vano: poco después alguien apareció en Ucrania proclamado ser el verdadero Dimitri y reclamando su derecho al trono.

El nuevo pretendiente era un tal Mihail Molchanov a quien había alentado en sus aspiraciones y ofrecido su apoyo un aventurero cosaco llamado Iván Bolotnikov. Entre ambos consiguieron reunir un variopinto ejército de 12.000 hombres entre disidentes, desertores, siervos fugitivos, delincuentes varios y, sobre todo, cosacos. Además formaban parte de sus fuerzas miembros de la pequeña nobleza deseosos de medrar e incluso parte de las tropas enviadas por Vasili IV para detenerlos.

Los rebeldes fueron conquistando ciudades y acercándose a Moscú. Con el fin de conseguir apoyos en el interior de la ciudad Bolotnikov hizo distribuir en la capital diversos panfletos en los que incitaba a los ciudadanos más pobres a “destruir las casas de los ricos y bien nacidos y raptar a sus mujeres e hijas”. El efecto que consiguió fue precisamente el contrario; los miembros de su ejército que formaban parte de la pequeña nobleza y de los terratenientes rurales consideraron que el mensaje de Bolotnikov ponía en peligro su modo de vida y se pusieron del lado del zar. El ejército rebelde fue derrotado y disuelto y Bolotnikov huyó y se refugió en Kaluga, donde fue cercado por las fuerzas zaristas.

Para complicar aún más las cosas, apareció un nuevo pretendiente que afirmaba ser el hijo secreto del zar Fiódor I. Bolotnikov trató de huir de Kaluga pero fue capturado y conducido a Moscú. Con ello se ponía fin a la aventura de Mihail Molnachov y la del supuesto hijo de Fiódor quedó en agua de borrajas.

El trono de Vasili IV parecía asegurado, sobre todo con el apoyo de su primo Mijail, exitoso general que había ganado su prestigio combatiendo en Suecia. Pero la muerte del general (según algunos siguiendo órdenes de Vasili. receloso de la posibilidad de que su primo ocupara su trono) hizo que el ejército ruso fuera derrotado por una invasión polaca que acabó con el zar preso en Polonia hasta su muerte.

El Zemsky Sobor eligió para sustituir a Vasili IV a Miguel I, primer zar de la gran dinastía de los Romanov que gobernaría el país hasta la revolución bolchevique. Con este nombramiento se puso fin al llamado “período de los disturbios”, aunque Miguel I también tuvo que hacer frente a los revoltosos cosacos … pero esa es otra historia.

Fuente| John Ure Los cosacos.

 

 

 

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