Juan II, el rey francés que antepuso el honor a la libertad y murió preso en Londres

Juan II, conocido con el sobrenombre de El Bueno, subió al trono francés en 1350. No era buen momento para asumir las responsabilidades propias del cargo en su país. La peste negra se encontraba en pleno apogeo después de haber comenzado a hacer estragos pocos años antes. Francia se encontraba en una inestable situación interna como consecuencia del vacío dinástico que causó la muerte en pocos años del rey Felipe IV El Hermoso y de sus tres hijos y sucesivos reyes Luis IX El Obstinado, Felipe V El Largo y Carlos IV El Hermoso. En algunas entradas del blog hemos hablado de los problemas en la sucesión al trono francés causados por el llamado Escándalo de la Torre de Nesle y por el embarazo de la esposa de Luis IX, Clemencia de Hungría.

Tras la muerte sin descendencia de Carlos IV, le sucedió en el trono su primo Felipe VI, padre de nuestro protagonista. Sin embargo, los tres reyes fallecidos sin descendencia tenían una hermana, Isabel, y el hijo de esta reclamó para si la corona por entender que tenía mejor derecho a ella que Felipe VI. Esta pretensión podía no haber tenido mayor importancia si no fuera porque el hijo de Isabel era ni más ni menos que el rey Eduardo III de Inglaterra. Esta fue la causa que dio origen al conflicto entre Inglaterra y Francia conocido como la Guerra de los Cien Años.

Precisamente fue este conflicto bélico el que estaba destinado a jugar un papel decisivo en la vida de Juan II y de su reino. En 1356, en la batalla de Poitiers el ejército francés fue derrotado por las tropas inglesas y sus temibles arqueros dirigidos por el príncipe de Gales Eduardo El Príncipe Negro. El rey Juan II fue hecho prisionero y trasladado a Londres. El vacío de poder causado en Francia, que quedó bajo la regencia del hijo del rey (el futuro Carlos V) ocasionó diversas revueltas tanto en París (la Comuna de París, 1357) como en el campo (La Jacquerie, 1358).

Juan II firmó en 1358 un tratado en Londres con Eduardo III por el cual cedía grandes extensiones de territorio francés a los ingleses y accedía al pago de un rescate de cuatro millones de escudos a cambio de su libertad. Ante la negativa del regente y de los Estados Generales franceses a ratificar el tratado, Eduardo III invadió Francia en 1360  y terminó forzando al debilitado regente Carlos a firmar el Tratado de Bretigny por el que se ratificaban las cesiones territoriales acordadas por su padre en Londres y se fijaba el rescate del rey en tres millones de escudos. Contra un pago inicial de 400.000 escudos Juan II fue liberado y regresó a Francia. Como garantía del pago del resto del rescate diversos rehenes fueron enviados a Inglaterra, entre ellos el segundo hijo del rey, Luis, duque de Anjou.

En 1363, ante la imposibilidad de que su empobrecido país recaudara el resto del rescate y tras tratar infructuosamente de negociar su puesta en libertad con el rey inglés, el joven duque de Anjou decidió cortar por lo sano y huir de Inglaterra regresando a Francia.

En el siglo XIV estaban en boca de todos y en pleno apogeo las historias del rey Arturo y sus nobles caballerosa en las que el honor y la caballerosidad jugaban un papel esencial; el mismo Eduardo III había fundado después de la batalla de Crècy la Orden de la Jarretera, que emulaba a los famosos caballeros de la Tabla Redonda. Se sobreentendía que los rehenes que fueron trasladados a Inglaterra como garantía del pago del rescate del rey permanecerían en Londres hasta que este hubiera sido totalmente satisfecho. La huida del duque de Anjou constituía un grave incumplimiento de la palabra dada y su padre se consideró responsable de esta afrenta.

Por ese motivo el rey Juan II de Francia tomó la sorprendente decisión de cumplir él con la palabra que su hijo no había mantenido y retornó voluntariamente a Londres, donde fue instalado en una propiedad del segundo hijo del rey inglés, Juan de Gante. Este edificio era conocido con el nombre de Palacio de Savoy, y de él tomó su nombre el primer hotel londinense de la famosa cadena hotelera. El palacio donde se instaló Juan II de Francia quedaría destrozado por un incendio pocos años después durante la conocida como “Rebelión de los Campesinos” de 1371 … pero esa es otra historia.

Hay quien dice que la decisión de Juan II no estuvo tanto motivada por su espíritu caballeroso y en defensa del honor de la palabra traicionada por su hijo, sino por su deseo de cambiar la complicadísima tarea de gobernar Francia en la caótica situación en que se encontraba por una placentera existencia en Londres. Sea como fuere Juan II nunca vio pagado el resto del rescate fijado por su libertad y murió en su cautiverio del Palacio Savoy en 1364. Recibió un funeral con la solemnidad propia de su condición real en Londres y sus restos fueron trasladados a París donde hoy reposan.

Ya en otras ocasiones he recomendado la serie de libros Los Reyes Malditos de Maurice Druon para quien quiera conocer más en detalle la fascinante historia de la monarquía francesa del siglo XIV. Precisamente el séptimo y último libro de la serie, De cómo un rey perdió Francia, narra el reinado de Juan II.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s