La prueba de los 800 metros lisos es la más corta de aquellas en que no es preciso que los participantes se mantengan en sus respectivas calles durante toda la carrera; deben mantenerse en su calle hasta los 200 metros, pero a partir de ahí pueden ocupar la calle que quieran … o la que puedan. Son habituales los codazos y empujones para hacerse con la “cuerda”, con el fin de minimizar el número de metros a recorrer. Más de un participante en importantes eventos ha visto su actuación truncada por un empujón o una zancadilla más o menos voluntaria de un competidor.

Por eso hay atletas que optan por dejarse caer a la parte trasera del grupo para evitar el riesgo de sufrir algún percance con un competidor. En los últimos años, por ejemplo, el corredor ruso Yuri Borzakowski (campeón olímpico de la distancia en Atenas 2004), se ha destacado por su táctica de correr en la última posición del grupo e ir ganando posiciones hasta imponer su poderosísimo final. Sin embargo, en los 800 metros el margen de maniobra es escaso (son dos vueltas al estadio) y se corre el riesgo de pagar el esfuerzo que se realiza para ir remontando posiciones.

En la final de los 800 de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 el gran favorito era el soviético Yevhen Arzanhov, que llevaba cuatro años sin perder una prueba de la distancia. Empezaban también a destacar los atletas kenianos, que habían clasificado a dos atletas para la final en la que estaban también representadas potencias como las dos Alemanias, Gran Bretaña y Polonia. Completaba la nómina de finalistas el atleta estadounidense David Wottle, que corría siempre con una vieja gorra de golf. Pese a que había igualado el récord mundial en las pruebas de clasificación de su país, no figuraba entre los favoritos debido a su falta de experiencia en competición internacional.

Esta impresión parecía confirmarse cuando Wottle quedó claramente descolgado al tomar los corredores la calle libre. Es cierto que en su semifinal había hecho algo parecido, pero en una final olímpica ante los siete mejores atletas del mundo, parecía que situarse a quince metros de la cola del grupo (es decir, a unos veinte de la cabeza) dejaba sin opciones a Wottle.

Al cumplirse la primera vuelta, Wottle había reducido la diferencia a unos cinco metros y en los quinientos metros ya había contactado con el grupo, situándose a cola del mismo. En la contrarresta Wottle siguió progresando y alcanzó la sexta posición a falta de doscientos metros. Al afrontar la recta final, el estadounidense se había colocado cuarto, pero parecía que el soviético y los dos kenianos estaban fuera de su alcance y se repartirían las medallas. Además, Wottle podía pagar el esfuerzo realizado para recuperar la desventaja con la que había afrontado la prueba.

Pero nada más lejos de la realidad. Wottle superó primero al keniano Ouko, luego a su compatriota Boit, y en un tremendo esfuerzo final terminaba superando casi sobre la línea de meta al gran favorito Arzhanov, que caía al tartán al lanzarse hacia adelante para tratar de mantener la primera plaza. Tanto Wottle como Arzhanov pararon el crono en 1 minuto 45 segundos y 9 décimas, pero el estadounidense se impuso, como dijo el soviético, “por una nariz”.

En la ceremonia de entrega de medallas de la prueba se produjo una curiosa anécdota. Wottle estaba en tal estado de éxtasis y emoción por su triunfo que olvidó quitarse su característica gorra en señal de respeto cuando sonaron en su honor los acordes del himno de Estados Unidos. En la rueda de prensa posterior, un periodista preguntó a Wottle si esto obedecía algún tipo de reivindicación (estaban todavía frescas las imágenes de los atletas negros con la mano levantada luciendo guantes negros en los Juegos de México 1968). Wottle, que además era miembro de la fuerza aérea estadounidense cayó entonces en la cuenta de lo sucedido y, a punto de echarse a llorar, pidió disculpas por este hecho.

Aunque nadie le reprochó nada en su país, Wottle se sintió obligado al regresar a casa después de los Juegos a pedir una disculpa formal al “pueblo americano”.

En el siguiente vídeo se puede seguir completa la interesante final de los 800 metros de los Juegos de Múnich 1972 y la espectacular remontada de David Wottle.

Fuente| David Wallechinsky: The Complete Book of the Olympics.