La historia de Enrique VIII, el de las seis esposas, es bien conocida; las tribulaciones para designar un heredero que le sucediera en el trono quizás no lo sean tanto. De su primer matrimonio con Catalina de Aragón nació María Tudor; su segunda esposa, Ana Bolena, le dio también una hija (la futura Isabel I) antes de caer en desgracia; tuvo que esperar a su tercer matrimonio con Jane Seymour para tener por fin un heredero varón, Eduardo.

Hasta el nacimiento de su hijo la cuestión sucesoria había constituido un auténtico quebradero de cabeza para Enrique VIII; su separación de Catalina y la conocida lealtad a Roma y al catolicismo de María Tudor habían hecho a su padre apartarla de la linea sucesoria para luego volverla a incluir como su heredera; en el caso de Isabel, la decisión de cortar la cabeza de su madre por una supuesta infidelidad tampoco contribuía a consolidar su derecho al trono inglés.

Como decíamos, estas cuestiones parecían por fin haber sido superadas cuando nació Eduardo. Sin embargo la muerte de su padre en 1547 cuando solamente tenía diez años y su precario estado de salud volvieron a situar el problema sucesorio como la principal preocupación para el joven Eduardo VI y su círculo de gobierno que en ese momento estaba liderado por el duque de Northumberland. Este noble era uno de los principales defensores de la nueva religión anglicana y de los mayores enemigos del catolicismo (y por tanto de María Tudor) y no podía permitir que una reina católica echase por la borda todo el trabajo de los últimos veinte años.

 Por ello, el duque convenció al joven y enfermo rey para alterar su testamento apartando de la línea sucesoria a sus dos hermanastras María e Isabel y designando herederos a los descendientes de la hermana de Enrique VIII, María; más concretamente a su nieta y protagonista de esta entrada Lady Jane Grey que no sólo era fiel seguidora de la iglesia anglicana, sino que estaba casada con el hijo de Northumberland que de esta forma de aseguraba la llegada al trono de su familia.

Así, cuando Eduardo VI fallece el 6 de julio de 1553 Lady Jane Grey es proclamada reina cuatro días después. Sin embargo el nombramiento era claramente ilegítimo y chocaba contra el respeto que el nombre Tudor inspiraba en el pueblo y el cariño de éste por María (heredado del que ya sentía por su madre Catalina). Por ello, cuando María se dirigió a Londres después de la muerte de su hermano una multitud se unió a ella, multitud que se fue nutriendo con las tropas que Northumberland envió para detenerla; el propio duque acabó dando su brazo a torcer y uniéndose a María, aunque ello no evitó su detención y posterior ejecución.

Mientras tanto en Londres, los miembros del Consejo real se rebelaron contra una decisión que nunca apoyaron y declararon reina a María; habían pasado sólo nueve días desde que lo fuera Lady Jane Grey cuyo reinado duró esos nueve días. Jane fue encarcelada y en una de las revueltas populares contra el intento de María de devolver a Inglaterra al seno de la iglesia de Roma en la que se vio envuelto su padre, fue ejecutada. Su marido, su padre y sus tíos corrieron su misma suerte.

Desgraciadamente, a pesar del fervor popular que despertó el acceso al trono María su reinado no cumplió las expectativas levantadas y ella pasó a la Historia con el sobrenombre de Bloody Mary …. pero esa es otra historia.

Quien quiera conocer más a fondo la historia de Jane Grey, puede leer el libro Jane Grey, a Tudor Mistery de Eric Ives; sobre la historia de los reinados de los reyes Tudor y las circunstancias que acompañaron la coronación y muerte de Lady Jane Grey recomiendo el libro ya comentado en este blog The History of England. Volume II, The Tudors de Peter Ackroyd.

Imagen| Lady Jane Grey