Imagen de Francia durante el período conocido como “Phoney War”

No creo que sea necesario trastear en internet buscando estadísticas sobre el número de muertos y heridos en la Segunda Guerra Mundial. Es más, me parece que reducir el horror bien conocido de esta guerra a una estadística no es la mejor manera de explicar lo que todos conocemos: la peor guerra de la Historia.

 Es bien conocido que la Segunda Guerra Mundial empezó con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi el 1 de septiembre de 1939, seguida de la declaración de guerra a los nazis por parte de Gran Bretaña y Francia. La Unión Soviética, por su parte, en virtud del pacto Von Ribentropp-Molotov engulló su parte de Polonia. El destino de Polonia, una vez más, quedaba decidido por su desgraciada situación geográfica entre las dos grandes potencias. Es como encontrarte en medio de un Cassius Clay-Frazier. Siempre me viene al recuerdo la frase de la memorable película de Ernst Lubitch “to be or not to be”: “Desdichada Polonia”.

 Me he ido un poco por las ramas. El objeto de este post es explicar cómo mientras alemanes y rusos devastaban Polonia, los aliados occidentales, Francia y Gran Bretaña se preparaban para una cruenta guerra, destinando cientos de miles de soldados en los meses de septiembre y octubre de 1.939 a lo largo de la línea Maginot, ideada por los franceses para evitar que los alemanes repitieran su invasión de la Primera Guerra Mundial.

 Sin embargo, ni en septiembre, ni en octubre, ni en noviembre, ni en diciembre de 1.939 los alemanes realizaron ataque alguno en el frente occidental. Tampoco lo hicieron ni en enero, ni en febrero, ni en marzo, ni en abril de 1940.

 Esto hizo que los soldados de ambos bandos reclutados para la batalla empezaran a bautizar a la misma, tras meses de inactividad, como “The Phoney War” (La Guerra Falsa) o “La Drôle de Guerre” (la Guerra de Broma). Los alemanes, en oposición a la “Blitzkrieg” (Guerra Relámpago), la bautizaron como “Sitzkrieg” (algo así como “Guerra Sentada”, aunque el alemán no es lo mío). Por su parte, con su típico sentido del humor, los pilotos británicos que lanzaban panfletos de propaganda sobre Alemania, la llamaron “The Confetti War”.

 La sensación general entre unos y otros fue durante mucho tiempo que finalmente las hostilidades entre ellos no se iban a llegar a romper y que se acabaría firmando un tratado de paz en la que la principal perjudicada sería la “desdichada Polonia”.

 Desgraciadamente esta sensación no se cumplió y el 10 de mayo los nazis iniciaron su ofensiva sobre Bélgica, haciendo inútil así todo el esfuerzo francés de la línea Maginot (aunque esa es otra historia), y dando origen al horror que todos conocemos.

 Mi conocimiento sobre este período de la “Guerra de Broma” proviene de dos libros ya citados tanto en este blog como en el de lectura: “Winds of War” de Herman Wouk y “Young Philby” de Robert Litell.

Imagen| The Phoney War