Alfredo, rey de Wessex, y Alfonso III, rey de Asturias: paralelismos históricos (I)

Artículo publicado originalmente en el número 23 de la revista Descubrir la Historia.

Aunque uno y otro gobernaron sobre territorios de extensión muy inferior a la de las actuales Inglaterra y España y que no se denominaban así, Alfredo de Wessex y Alfonso III de Asturias son dos monarcas de capital importancia en la historia medieval inglesa y española respectivamente. De hecho, este es el motivo del primer paralelismo histórico entre ambos reyes: Alfredo es conocido con el sobrenombre de el Grande, mientras que a Alfonso III se le denomina el Magno. Pero las coincidencias entre uno y otro no se limitan a este simbólica cuestión, sino que alcanzan otros aspectos muy significativos.

1.- Época histórica. Alfonso III reinó durante más años y hasta más tarde (866-910) que Alfredo (871-899), pero ambos monarcas fueron coetáneos y protagonizaron sus hechos históricos más significativos en el mismo momento histórico, las décadas de 870 y 880. Eso sí, no hay evidencias de que llegaran a conocerse o a mantener correspondencia, aunque posiblemente debían tener constancia uno de la existencia del otro, pues se mantenían informados de lo que ocurría más allá de las fronteras de su reino.

2.- Dificultades para acceder al trono. 

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Estatua de Alfonso III (Madrid). Foto: archivo del autor

– Cuando el rey de Asturias Ordoño I falleció, su primogénito, Alfonso, tenía dieciocho años y contaba con experiencia de gobierno, pues había colaborado con su padre, posiblemente mediante la fórmula de la asociación al trono para hacerse cargo de Galicia, desde los catorce. Eso no impidió que un noble, de nombre Fruela Bermúdez, conde de Lugo y de origen gallego, tratara de destronarlo y ceñir la corona. Alfonso se vio obligado a refugiarse en Castilla, dominada por el conde Rodrigo, firme partidario suyo. Según algunas fuentes, Rodrigo acompañó al rey a Asturias para enfrentarse a la rebelión, mientras que otras apuntan a que los propios nobles asturianos se ocuparon de desbaratar la maniobra de Fruela y Alfonso pudo regresar y sentarse en el trono. El traidor fue ejecutado.

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Estatua de Alfredo de Wessex (Winchester). Foto: archivo del autor

– En el caso de Alfredo la situación era algo más compleja, pues en las monarquías sajonas la corona no se heredaba automáticamente de padres a hijos, sino que era un consejo de notables, el witanegamot, el que elegía al sucesor del rey fallecido. Aunque en ocasiones sí era el hijo del monarca desaparecido el que resultaba elegido, no siempre era así . Esta circunstancia jugó en favor de Alfredo, porque cuando su hermano el rey Aethelred murió en el año 871 la corona pudo haber pasado al hijo del fallecido, Aethelwold. Sin embargo, Wessex estaba pasando por una situación delicadísima, con furibundos ataques vikingos que ponían en peligro su propia existencia. Por eso el consejo decidió poner la corona en manos de Alfredo, que ya había combatido con los invasores y tenía amplia experiencia y formación en tareas de gobierno, en vez de entregar el poder al adolescente e inexperto Aethelwold.

3.- Enfrentamientos contra un enemigo no cristiano.

– Cuando Alfonso III subió al trono en el año 866 la Península Ibérica llevaba más de siglo y medio bajo el dominio musulmán tras la invasión del año 711 y la derrota del último monarca visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete. Desde poco después surgieron focos de resistencia cristianos en diferentes puntos del norte de la antigua Hispania, que en las décadas siguientes fueron conquistando cada vez más territorio a los árabes, seguidores de la recién nacida y pujante religión mahometana. En el siguiente mapa se puede observar la situación en el año 850, poco antes de la subida al trono de Alfonso III comparada con la existente en el año 930, algo después de su muerte.

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Mapa elaborador por Divulgaciones Ventura para el libro De Covadonga a Tamarón
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Mapa elaborador por Divulgaciones Ventura para el libro De Covadonga a Tamarón

– Por lo que se refiere a Inglaterra, desde el año 790 se había visto sometida a los ataques de los vikingos procedentes de Escandinavia, mayoritariamente de Dinamarca. Los vikingos eran paganos y adoraban a unos dioses no muy diferentes de los que los sajones habían reverenciado cuando invadieron a su vez Inglaterra en el siglo V, antes de convertirse al cristianismo. Estas expediciones, que inicialmente tenían por objetivo el saqueo y el robo, fueron paulatinamente transformándose en una invasión en toda regla con el afán de conquistar y asentarse en la isla británica. En el año 866 York había caído en manos danesas y en poco tiempo tres de los cuatro reinos sajones que existían en la segunda mitad del siglo IX (Northumbria, Mercia y Anglia Oriental) habían sido derrotados y solo Wessex resistía. La zona dominada por los invasores era conocida como Danelaw y amenazaba con destruir al último reino sajón y extender su dominio al resto de la isla.

4.- Victorias militares. Los reinados tanto de Alfonso III como de Alfredo de Wessex estuvieron marcados por significativos triunfos en batallas de gran importancia y consecuencias, en parte magnificadas por la propaganda en la que ambos eran expertos, como se verá más adelante.

– Alfonso III amplió significativamente la extensión del reino de Asturias y conquistó plazas importantes como Oporto, Coyanza (Valencia de Don Juan), Sahagún, Braga, Coimbra, Cea y Guimaraes.  En el año 878, el emir Mohamed I envió dos grandes ejércitos contra el territorio de Alfonso en la tradicional maniobra de pinza consistente en avanzar uno por el este y otro por el oeste. El ejército oriental se dedicó esencialmente al saqueo y al pillaje en los dominios de los Banu Qasi en Zaragoza y Tudela, llegando según algunas fuentes hasta Pamplona.

Pero el principal objetivo del emir era el reino asturiano y para ello, en una maniobra que tampoco era la primera vez que usaban los musulmanes, dividió el ejército occidental en dos fuerzas. Una de ellas se dirigió a León y la segunda avanzó hacia Coimbra. Alfonso decidió centrarse en el ala musulmana que avanzaba hacia León.

Ambos ejércitos se encontraron cerca de Benavente, en un lugar conocido como La Polvoraria o Polvorosa. Allí, los asturianos consiguieron una resonante victoria sobre los cordobeses. Alguna fuente cifra en trece mil las bajas árabes. No contento con esto, Alfonso III se dispuso a hacer frente al otro contingente musulmán, al que también derrotó en Valdemora, a unos quince kilómetros de la actual localidad de Valencia de Don Juan (entonces Castillo de Coyanza).

Posteriormente, en el año 901, una llamada a la guerra santa por parte de un caudillo musulmán, Abu Alí al-Sarray, hizo que un ejército de unos sesenta mil hombres, al mando de un príncipe omeya de nombre Ahmad ibn Muawiya, se lanzara contra Zamora. Alfonso III se puso al frente de las fuerzas cristianas para enfrentar la amenaza y, tras varios días de combate que parecían favorables a los árabes, el rey decidió rodear de noche el campamento musulmán y logró la victoria en la conocida como Jornada del Foso de Zamora.

– Por su parte, Alfredo, tras un difícil inicio de reinado en el que se vio forzado a refugiarse en las marismas de Somerset, comenzó a recuperar terreno y no solo volvió a conquistar Wessex, sino que se hizo con parte del territorio que había correspondido a Mercia, incluida la ciudad de Londres, conquistada a sangre y fuego. Ya había participado en una victoria sajona en Ashdown (871) cuando todavía reinaba su hermano y consiguió imponerse en la decisiva batalla de Edington al ejército danés liderado por Guthrum, curiosamente en 878, el mismo año en que Alfonso lograba las dos primeras victorias que hemos reseñado.

Posteriormente, en el año 896 una fuerza de unos 4000 guerreros procedentes de Dinamarca invadió Kent por su parte oriental, liderados por un caudillo llamado Haesten. Con ellos viajaban sus familias, lo que dejaba claro que su intención era establecerse en la zona. Aunque Alfredo consiguió hacerles retroceder, de repente se encontró con una cadena de coordinados ataques de los escandinavos del Danelaw sobre la zona occidental de sus dominios que tenían como objetivo hacer que los sajones se concentrasen en repeler esta amenaza en el oeste de Wessex, de manera que los recién llegados pudieran asentarse en el este del reino.

            Pero los daneses subestimaron a Alfredo y la preparación militar de su ejército. En los meses siguientes el de Wessex no solo fue capaz de derrotar a los invasores que habían penetrado por el oeste, sino que también se las ingenió para enviar refuerzos a la zona oriental del reino, de manera que finalmente los escandinavos procedentes del Danelaw desistieron de sus ataques en la zona occidental, mientras que la nueva oleada procedente de Dinamarca abandonaba Kent y terminaba instalándose en los dominios de sus compatriotas en Anglia Oriental y Northumbria.

5.- Pactos con el enemigo. Tanto Alfredo como Alfonso fueron maestros en la política del palo y la zanahoria, alternando las campañas militares arriba reseñadas con negociaciones de paz que les permitieron asentarse en su gobierno y consolidar las defensas del mismo.

– Tras sus victorias en el año 878, Alfonso III consiguió del emir de Córdoba la firma de una tregua de tres años, que no desaprovechó, como se verá más adelante. Según se acercaba el final del período de tres años de tregua pactados con Alfonso III, la situación en el emirato cordobés no parecía muy prometedora para los musulmanes, con diversas rebeliones internas en Mérida  Ronda y Toledo. Para terminar de arreglar la situación, un ataque marítimo organizado por Córdoba sobre Galicia terminaba en rotundo fracaso al ser destruida la flota por un temporal.

Todas estas circunstancias hacían que cada vez más mozárabes miraran con esperanza al reino de Asturias y se decidieran a emigrar a territorio cristiano, fundando o devolviendo a la vida a diversos monasterios (Samos, Sahagún, San Miguel de la Escalada). El emirato tenía que actuar contra la amenaza asturiana y a ello se dispuso en los años 882 y 883.

En el año 882,  las tropas del emirato penetraron en el Reino de Asturias por Castilla y saquearon la zona mientras se dirigían a León. Alfonso III contaba con un ejército numeroso para enfrentar a los musulmanes, pero prefirió evitar una lucha en campo abierto. Los musulmanes continuaron un tiempo con su aceifa, pero finalmente pactaron la paz en Castro Alcoba, donde se acordó también el intercambio de rehenes y la entrega de diversos regalos al rey asturiano (reliquias de santos y biblias).

La situación se repitió casi calcada al año siguiente: aceifa musulmana con saqueo y destrucción de algunas plazas, Alfonso III evitando el choque directo y paz finalmente, aunque esta vez sin intercambio de rehenes ni regalos.
Con esto terminaron durante un tiempo las campañas cordobesas contra Asturias, no solo por el convencimiento de su inutilidad, sino por la multiplicación de los problemas internos en el emirato.

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El personaje de Alfredo de Wessex en la serie The Last Kingdom en la que se narran sus relaciones con los vikingos

– En la batalla de Edington las fuerzas de Alfredo habían sorprendido a los daneses, pero eran claramente insuficientes para una larga campaña para recuperar todo el terreno conquistado por los invasores. Era momento de firmar la paz con Guthrum, que se convirtió al cristianismo adoptando el nombre de Athelstan; Alfredo fue su padrino.

 Los daneses abandonaron Wessex y se instalaron en Anglia Oriental, donde Guthrum fue proclamado rey. Posteriormente se acordó fijar la frontera entre el reino danés de Guthrum y el anglosajón de Alfredo, que no sólo recuperó el territorio de Wessex sino que incorporó a su reino zonas que antes no pertenecían al mismo sino a Mercia.

Con toda probabilidad, Alfredo tuvo también que entregar a Guthrum una más que generosa cantidad de dinero para que este accediese al acuerdo. No obstante, desde el punto de vista sajón, la aceptación de este regalo, unida a la elección del simbólico nombre Athelstan y al apadrinamiento por parte de Alfredo del bautismo de Guthrum, convertía a este y a su reino en súbditos del rey de Wessex, que ostentaría una posición de supremacía como señor soberano del reino de Anglia Oriental.

Que Guthrum y los daneses lo entendieran también así es otra cuestión. Para el escandinavo, probablemente, la decisión fue más práctica que otra cosa: si iba a gobernar un reino poblado mayoritariamente por sajones cristianos, era conveniente que formalmente al menos pareciese que era ambas cosas y para ello ayudaba ser bautizado y adoptar un nombre sajón.

En todo caso, el acuerdo entre Alfredo y Guthrum/Athelstan funcionó durante un tiempo. En el año 879 una flota procedente de Dinamarca remontó el Támesis hasta Londres, donde permaneció unos meses. Los sajones temieron que el ejército de Guthrum se uniera a ellos, pero no sucedió así. Finalmente, la flota invasora abandonó Gran Bretaña y partió hacia Francia y los Países Bajos.

Nos quedan todavía unos cuantos paralelismos históricos entre estos dos monarcas contemporáneos, pero los dejaremos para la segunda y última entrada de esta serie.

Fuentes|

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