Jorge de Clarence, hermano de dos reyes de Inglaterra y ejecutado por traición en la Torre de Londres (II)

Terminaba la primera entrada de esta serie dedicada a Jorge de Clarence señalando que la reconciliación entre él y el conde de Warwick por un lado y Eduardo IV por otro que tuvo lugar en 1469 no iba a durar mucho.

En marzo de 1470 lo que había comenzado como una disputa local entre terratenientes de Lincolnshire se convirtió en otro intento de rebelión cuando, por un lado, el rey se dirigió personalmente a poner orden y, por otro, Warwick y Clarence tomaron partido por el bando contrario al realista. Pero antes de que pudieran unirse a las tropas rebeldes estas fueron rodeadas por el ejército real y huyeron sin presentar batalla. Esta vez no podía haber clemencia para Warwick y Clarence que, conscientes de ello, cruzaron el Canal y, al serle denegada la entrada en Calais, solicitaron refugio en Francia.

Para añadir más leña al fuego del conflicto, en el barco en el que los huidos cruzaron el Canal viajaba también la esposa de Clarence e hija de Warwick, Isabel. La joven, embarazada, se puso de parto. Si hubiesen podido desembarcar en Calais, podía haber tenido ayuda para traer a su hija sana y salva al mundo. Pero la negativa a dejarles entrar en la ciudad hizo que Isabel diera a luz en precarias condiciones en el barco y la niña murió. Clarence y Warwick culparon de la pérdida de su primera hija y nieta, respectivamente, al responsable de la orden de no dejarles desembarcar en Calais: Eduardo IV.

El problema para Eduardo es que en su exilio ambos se iban a encontrar con alguien hacia quien no sentían ningún aprecio, pero con quien pronto se iba a hacer realidad aquello de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos».

Margarita de Anjou, esposa de Enrique VI, y su hijo Eduardo llevaban diez años exiliados en Francia.  Durante los años de exilio Margarita había buscado incansablemente aliados que la apoyasen en su intento de retornar a Inglaterra y hacer valer los derechos de su hijo. Si había mendigado ayuda en Francia, Escocia o Portugal, no se iba a echar atrás si la oportunidad se la otorgaba un antiguo rival y enemigo como el conde de Warwick.

El 22 de junio ambos se reunieron en Angers en un encuentro auspiciado por el rey de Francia. No sin dificultades y entre mutuos recelos se pusieron de acuerdo en las líneas de actuación a seguir. Se pactó la unión matrimonial entre los hijos de ambos, Eduardo y Anne Neville, y se acordó que Warwick regresaría a Inglaterra y se enfrentaría a Eduardo IV con el objetivo de derrotar a los yorkistas y reponer en el trono a Enrique VI.

Clarence representaba un problema para este acuerdo. Su caprichoso y veleidoso carácter no facilitaba el trato con él. Además, si todos sus actos habían estado motivados por su ambición de poder, su situación ahora era peor que antes, pues tenía dos nuevos rivales en su aspiración al trono: los dos Eduardos (el hijo de Enrique VI y el recién nacido hijo de su hermano Eduardo IV). Como solución de compromiso, Margarita de Anjou aceptó reconocer a Clarence como heredero de su hijo el príncipe de Gales, en el supuesto de que este muriese sin descendencia. Era un evento poco probable y que, en todo caso, lo normal es que tardara mucho tiempo en llegar a producirse debido a la juventud del príncipe. En definitiva, la posición de Clarence en la línea de sucesión estaba más lejana que nunca del trono y eso no era algo que fuera a aceptar fácilmente.

Pronto alguien iba a solucionar de un plumazo todos estos problemas. Lo que ocurre es que la persona encargada de hacerlo y la forma en que lo hizo no iba a ser del agrado de ninguno de los antes mencionados. Solo Clarence vería el lado positivo, al menos durante un tiempo.

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Batalla de Tewkesbury

Aunque inicialmente la alianza Lancaster-Warwick tuvo éxito y consiguió instalar a Enrique VI en el trono y forzar la huida de Eduardo IV al destierro, finalmente este retornó a Inglaterra en el año 1471 y derrotó en dos batallas decisivas a sus enemigos: en Barnet murió el conde de Warwick y en Tewkesbury el hijo y heredero de Enrique VI, Eduardo. El propio Enrique murió pocos días después en la Torre de Londres, ejecutado por orden de Eduardo IV.

Jorge de Clarence consiguió sobrevivir a estas matanzas. Y lo hizo porque antes de la batalla de Barnet, cambiando de chaqueta una vez más, se unió a las tropas de su hermano quien le perdonó su traición entre ostensibles (aunque dudosamente genui-nas) muestras de amor fraternal.

Si las acciones protagonizadas por Jorge de Clarence durante los últimos años de la rebelión de Warwick las hubiese llevado a cabo cualquier otro hombre, no hubiese sobrevivido al año 1471. Pero Clarence era el hermano del rey y del más fiel servidor de este, Ricardo de Gloucester. Había sido perdonado y podía haber mantenido su posición si hubiese pasado de puntillas por el resto del reinado de Eduardo. Pero eso no cuadraba con su personalidad.

El vendaval de nobles muertos en el año 1471 había dejado un enorme vacío en títulos y propiedades en Inglaterra, que el rey distribuyó entre sus leales. Aun así, la mayor parte del pastel era, evidentemente, el correspondiente a la familia Neville y especialmente al conde de Warwick. Jorge de Clarence, recordemos, estaba casado con la hija mayor de Warwick, Isabel. Pero, aunque Eduardo concedió a su hermano parte de las propiedades de su fallecido suegro, dotándole de cierta autonomía y poder, tomó dos medidas que demuestran que las protestas de fidelidad con la que ambos celebraron su reconciliación en 1471 no le habían cegado totalmente y que no se fiaba de Clarence.

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Benedict Cumberbacht como Ricardo de Gloucester en The Hollow Crown

En primer lugar, situó por encima de su hermano en autoridad en las Midlands en las que sus propiedades se encontraban, a su fiel William Hastings, con lo que se aseguraba mantener el control de una zona tan estratégica. Y en segundo lugar, concedió las propiedades de los Neville en el norte del país a su otro hermano, Ricardo de Gloucester.

Esta era una medida lógica, ya que se trataba de una región altamente conflictiva, además de fronteriza con la siempre beligerante Escocia, en la que Eduardo necesitaba a un servidor de la mayor confianza, con habilidades tanto militares como administrativas. Y si alguien había demostrado esas cualidades, muy especialmente la fidelidad, no era precisamente Clarence, sino Gloucester.

Para afianzar más esta posición, se celebró en 1472 la boda entre Ricardo y Anne Neville, la hija menor de Warwick que, recordemos, había estado casada con Eduardo, el hijo de Enrique VI. Para Eduardo IV era la mejor solución al espinoso asunto de la formidable herencia del conde. Necesitaba un marido para Anne que hiciese de contrapeso del poco fiable Clarence, ya casado con la hija mayor de Warwick. Y necesitaba que ese hombre fuese de su absoluta confianza y que pudiese competir en igualdad de condiciones con el que sería su cuñado. Solo Ricardo de Gloucester respondía al perfil requerido por Eduardo IV y fue el elegido.

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Jorge de Clarence

Todo esto, evidentemente, no gustó a Jorge de Clarence. Y ya hemos visto que no era hombre que se adaptara fácilmente a las situaciones que no le agradaban. Una historia que circuló en la época narra cómo se negó a conceder permiso para el matrimonio entre Gloucester y su cuñada. Alegaba que como esposo de la hermana mayor de Anne, él era ahora el cabeza de familia y que era necesario su consentimiento para el enlace, y que incluso llegó a apoderarse de Anne manteniéndola oculta como sirvienta en una de sus propiedades, de modo que Gloucester tuvo que rescatarla por la fuerza para poder casarse con ella.

Después de que en 1474 Eduardo IV tuviera que mediar en la querella privada entre sus dos hermanos sobre las posesiones heredadas de los Neville que amenazaba en transformarse en guerra abierta, Jorge se fue recluyendo más y más en sus tierras. No le quedó más remedio que someterse al arbitraje del rey, pero no hizo nada por ocultar que no estaba satisfecho con el resultado. Permanecía en un huraño silencio en las reuniones del consejo y se negaba a comer o beber con su hermano.

En diciembre de 1476 falleció su esposa Isabel y Clarence decidió que la responsable era una antigua sirvienta que había causado su muerte. Secuestró a la mujer, le hizo recorrer medio país hasta Warwick donde la juzgó personalmente y la encontró culpable de envenenar a Isabel, a pesar de la absoluta falta de pruebas. Fue ejecutada y enseguida se alzaron voces contra Clarence por lo injusto de la condena (alguno de los ciudadanos que se vieron obligados a tomar parte en el juicio llegaron a pedir disculpas a la mujer). Ni Clarence tenía potestad para juzgar un crimen ni mucho menos para condenar a muerte sin garantías a una ciudadana inglesa.

Para complicar más aún su situación, en mayo de 1477 tres hombres fueron juzgados por brujería acusados de practicar ritos para predecir la fecha de la muerte del rey. Dos de ellos fueron hallados culpables y ejecutados, mientras que el tercero fue absuelto. Pero de los dos condenados uno era un antiguo sirviente de Clarence. Dos días después de la ejecución, Clarence irrumpió intempestuosamente en una reunión del consejo real, leyó una declaración en la que proclamaba la inocencia de su sirviente y se retiró de la misma forma.

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Torre de Londres

Por otro lado, Jorge había intentado volver a contraer matrimonio presentando dos candidatas: la hija del duque de Borgoña y la hermana del rey de Escocia. Eduardo negó su permiso para ambos enlaces, en la primera prueba palpable de que se le había agotado la tolerancia hacia su hermano. Los desplantes y discusiones públicas entre ambos llegaron a tal punto que en junio de 1477 Eduardo ordenó que Clarence fuera arrestado y confinado en la Torre de Londres.

En enero de 1478 el Parlamento sometió a juicio a Jorge de Clarence. Se presentaron contra él cargos no solo por los hechos cometidos después de la muerte de su esposa, sino por todos los actos realizados desde el inicio del conflicto y, muy especialmente, junto a Warwick. Llamó la atención de los cronistas presentes el hecho de que todos las acusaciones contra Clarence fueron realizadas directa y personalmente por el rey. Nadie más habló en contra del reo, que también asumió personalmente su defensa.

No hay que dejar de lado un aspecto que tuvo que influir en el ataque de Eduardo contra su hermano. Existía un documento que Clarence había tratado de mantener oculto pero que en algún momento llegó a Eduardo IV, en el que se reflejaba un pacto del que ya hemos hablado. Aquel en el que Enrique VI reconocía a Jorge como heredero de la casa de Lancaster si él y su hijo Eduardo morían sin descendencia.

En su momento era un evento que parecía poco probable, pero en 1478 esa posibilidad se había convertido en realidad. Jorge de Clarence era, según ese documento, el cabeza de la casa de Lancaster y por tanto para algunos el legítimo rey inglés, una amenaza que Eduardo no podía permitir.

A nadie le cabía ninguna duda de cuál sería el resultado del juicio. Clarence fue condenado por «conspirar contra el rey, la reina, su hijo y heredero y una buena parte de la nobleza del reino». Se recordaba en la sentencia que Eduardo «siempre había amado y recompensado generosamente» a su hermano, a pesar de lo cual este «ofendió gravemente al rey en el pasado, intentando que fuera expulsado del reino y trabajado en el Parlamento para excluirle a él y sus hijos del derecho al trono. Todo eso lo perdonó el rey, pero el duque siguió conspirando contra él buscando su destrucción asociándose con poderes tanto internos como externos». Continuaba la sentencia con una detallada e individualizada lista de ofensas y delitos cometidos por Clarence y concluía condenándole por alta traición. Firmaba la condena el rey de su puño y letra.

El 18 de febrero de 1478 Jorge de Clarence fue ejecutado en la Torre de Londres. El método concreto se desconoce, aunque pronto circuló el rumor de que fue ahogado en un tonel de vino. Tampoco parece probable que Ricardo de Gloucester fuera el responsable de la ejecución de su hermano mayor, con quien antes de enemistarse por la herencia de los Neville debió estar unido por lazos más íntimos que con Eduardo, pues compartieron muchos más momentos durante la época dura que siguió a la muerte de su padre en Wakefield. Es uno más de los asesinatos atribuidos por Shakespeare a un Ricardo de Gloucester, que subiría al trono como Ricardo III a la muerte de Eduardo IV  que han dibujado una imagen de este monarca como el malvado oficial de la monarquía inglesa… pero esa es otra historia, parte de la cual contamos en la entrada dedicada a Shakespeare y Ricardo III. 

Imagen| Wikimedia Commons, archivo del autor.

Fuentes|

ACKROYD, Peter. A History of England.Volume I (Foundations). Londres, Ed. McMillan, 2011.

CARTER, Alicia. The women of the Wars of the Roses. Edición Ebook, Editor Alicia Carter, 2013.

FERNÁNDEZ DE LIS, Daniel. Los Plantagenet. Madrid, Libros.com, 2018.

Lo que Shakespeare no te contó de la guerra de las Rosas. De próxima publicación.

JOHNSON, Lauren. Shadow King: the Life and Death of Henry VI (English Edition). Edición Ebook, Apollo, 2019.

JONES, Dan. The Hollow Crown.The Wars of the Roses and the rise of the Tudors. Londres, Faber & Faber Limited, 2015.

Plantagenets,The Kings Who Made England. Londres, Ed.William Collins, 2012.

LEWIS, Matthew. Richard, Duke of York: King by Right. Stroud, Amberley Publishing, Stroud, 2016.

The Wars of the Roses:The Key Players in the Struggle for Supremacy. Stroud, Amberley Publishing, 2015.

Richard III. Loyalty Binds Me. Stroud, Amberley Publishing, 2018.

LICENCE, Amy. Cecily Neville, Mother of Kings. Stroud, Amberley Publishing, 2015.

SCHAMA, Simon. A History of Britain. Londres, BBC Worldwide Limited, 2000.

STRONG,Roy.The Story of Britain.Londres,Ed.Pimlico,1998.

WILSON, Derek. The Plantagenets,The Kings That Made Britain. Edición ebook, Londres, Quercus Edition Ltd., 2014.

 

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