El origen de la dinastía Tudor: Margaret Beaufort y un cúmulo de imprevistas circunstancias (III)

Tercera y última entrada que cierra la serie dedicada al origen de la dinastía Tudory a Margaret Beaufort. Lo retomamos donde dejamos la segunda, tras la muerte de Eduardo IV y la subida al trono de Ricardo III.

6.- El corto pero convulso reinado de Ricardo III y la presentación de la candidatura de Enrique Tudor al trono

Los apenas dos años en los que Ricardo III ciñó la corona constituyen uno de los períodos más convulsos y controvertidos, todavía hoy, de la historia de Inglaterra. Ricardo no estaba destinado a subir al trono a la muerte de su hermano Eduardo IV, honor que correspondía al primogénito del fallecido, Eduardo V. Pero el nuevo rey era menor de edad y su padre había conferido a su hermano Ricardo el papel de Protector del Reino para que ayudase y tutelase a su joven sobrino.

IMG_0978
Estatua de Ricardo III en Leicester

Ricardo, probablemente sospechando de un complot de la madre del rey, Isabel Woodville, para privarle del gobierno y dirigir junto con su amplia familia los destinos del país, actuó rápidamente. Interceptó en Stony Stratford el cortejo que acompañaba a Eduardo V para ser coronado en Londres y que estaba dirigido por lord Rivers, hermano de Isabel Woodville. Se hizo cargo del niño y detuvo e hizo ejecutar a Rivers, además de a otros partidarios de la reina viuda (entre ellos Richard Grey, hijo del primer matrimonio de Woodville) y algún fiel partidario de Eduardo IV, como William Hastings.

Al enterarse de la situación, la reina viuda se acogió a sagrado en Westminster junto con el resto de sus hijos. Ricardo llegó a Londres e hizo instalar a su sobrino en la Torre de Londres (por entonces más residencia real que prisión) a la espera de su coronación. Convenció a Woodville para que permitiera al hermano de Eduardo V, Ricardo, unirse a este en la Torre.

Antes de que la ceremonia de coronación tuviese lugar, un sacerdote se presentó contando que cuando Eduardo IV había contraido matrimonio con Isabel Woodville ya estaba casado (en una ceremonia secreta con una mujer llamada Eleanor Butler), por lo que la unión con Woodville sería nula y, por tanto, sus descendientes ilegítimos. Ricardo llevó la historia al Parlamento y este aprobó una resolución llamada Titulus Regius por la que declaraba nula la unión entre Eduardo y Woodville y apartaba del derecho al trono a sus hijos, incluido Eduardo V. El Parlamento concedió la corona al hermano del fallecido rey, es decir a Ricardo III.

princes
Los príncipes De la Torre de Londres

Lo ocurrido con los conocidos como príncipes de la Torre de Londres después de que fueran declarados ilegítimos sigue constituyendo hoy, más de quinientos años después, objeto de encendidos debates en Inglaterra. Durante siglos, sobre todo a partir de las obras de Tomás Moro y de Shakespeare, se consideró a Ricardo III como responsable de su asesinato. Pero en los últimos años, diversos movimientos han tratado de reivindicar la vilipendiada figura de este monarca y apuntan a otros posibles responsables de la muerte de los muchachos (como el duque de Buckingham o la propia Margaret Beaufort) e incluso se señala la posibilidad de que los príncipes no murieran en la Torre y retornaran años después en las figuras de los pretendientes al trono Lambert Simnel y Perkin Warbeck. La cuestión de los príncipes daría para un libro y en ningún caso sería concluyente sobre su destino y el responsable del mismo.

Los rumores sobre la suerte de los príncipes, unidos a las maniobras de Ricardo para subir al trono y la ejecución de hombres populares como lord Rivers o William Hastings hicieron que el nuevo monarca se ganase la enemistad de parte de los magnates del reino.

Entre los hombres inicialmente detenidos por el nuevo monarca se encontraba Thomas Stanley, pero tras protestas de lealtad a Ricardo fue puesto en libertad. A pesar de la obvia amenaza que su hijo suponía como banderín de enganche para los descontentos con la situación, Margaret Beaufort fue distinguida con los mayores honores, por ejemplo durante la ceremonia de coronación de Ricardo y su esposa Anne Neville.

Pero Margaret ya se encontraba urdiendo un complot contra el rey y en favor de su hijo con el fin de que este ciñera la corona. Contó para ello con el apoyo del sobrino de su anterior marido, Henry Stafford, duque de Buckingham. Este podía esgrimir un derecho al trono al menos tan bueno, si no mejor, que el de Enrique Tudor y, en teoría, era un fiel aliado y partidario de Ricardo III, de quien se había convertido en mano derecha.

Los autores especulan sobre los motivos que le llevaron a aliarse con la facción Tudor, desde que se le negó el título de conde de Hertford hasta que Ricardo desestimó su propuesta de prometer a la hija de Stafford con el hijo y heredero del rey, pasando por un ataque de celos por no haber sido él el elegido para subir al trono tras la muerte de Eduardo IV. También hay quien apunta que fue convencido por un furibundo enemigo de Ricardo III que se encontraba bajo su custodia, John Morton, obispo de Ely. Sea como fuere, Buckingham era parte esencial del complot para deponer a Ricardo III y coronar a Enrique Tudor.

Margaret, muy consciente de la necesidad de contar con apoyos internos, había contactado con la reina viuda Isabel Woodville. Ambas mujeres fueron capaces de apartar sus diferencias y buscar el mutuo interés. Woodville podía ejercer cierta influencia sobre los leales a Eduardo IV para que renegaran de Ricardo III y se pusieran del lado del hijo de Margaret Beaufort.

Dan Jones explica con mucha claridad lo extraordinaria que tenía que ser la si-tuación para que su pretensión contara con apoyos:

Era una señal de la aflicción que había recaído sobre la corona inglesa el hecho de que alguien se plantease siquiera a Enrique Tudor como posible candi-dato al trono. Su padre Edmund fue un medio hermano de Enrique VI y su madre Margaret Beaufort tenía una pequeña parte de sangre Plantagenet. En circuns-tancias ordinarias estos hechos difícilmente hubieran podido cimentar una pre-tensión dinástica lo suficientemente consistente para reclamar la corona. En 1483 Enrique era esencialmente el heredero de una pequeña y desacreditada familia galesa lancasteriana, había pasado su vida en los castillos del sur de Gales y de Bretaña desconocido para la mayoría del pueblo inglés. Pero la usurpación de la corona por parte de Ricardo III había roto todas las reglas de la corrección política y había abierto nuevas y previamente implanteables posibilidades.

220px-king_henry_vii
Enrique Tudor

Se acordó que, si Enrique Tudor conseguía llegar al trono, contraería matrimonio con la hija mayor de Eduardo IV y Woodville, Isabel de York. Este enlace uniría a las dos ramas de los York y los Lancaster y simbolizaría el final de la guerra de las Rosas. Además, no hay que olvidar que Enrique llevaba casi media vida exiliado en el continente y que era un desconocido en Inglaterra. Unir a su causa a la heredera de Eduardo IV (si, como parecía, los príncipes de la Torre habían sido asesinados), dotaba al pretendiente de una pátina de legitimidad y aseguraba la simpatía de un importante número de notables indecisos.

Los conjurados ofrecieron al duque de Bretaña más dinero por liberar e Enrique que el que Ricardo le ofreció por que continuara preso, lo que dejaba al Tudor con libertad de movimientos para realizar su asalto al trono.

El intento de invasión de Inglaterra se produjo en octubre de 1483 y fue un rotundo fracaso. La flota que transportaba a Enrique y sus hombres sufrió las inclemencias del tiempo y se vio desperdigada. Entretanto, el principal apoyo interior de la invasión, el duque de Buckingham, veía como entre el mal tiempo y las deserciones su fuerza se diluía como un azucarillo. Stafford fue detenido y ejecutado.

Habría que esperar a una ocasión mejor y, sobre todo, preparada más concienzudamente.

7.- La batalla de Bosworth: el «factor Stanley» y la subida al trono de Enrique Tudor

La desastrosa aventura de octubre de 1483 no persuadió al partido de los Tudor de sus intenciones de conseguir la corona. Ricardo había reaccionado a la invasión haciendo que el Parlamento condenara a todos los implicados en la rebelión como traidores. Esto incluía a Margaret Beaufort, pero no a Stanley, que había permanecido al margen de las maniobras de Buckingham.

El deseo de no perder a tan poderoso aliado (y a su nada despreciable contingente militar) hizo que el rey no fuera más contundente en sus acciones contra Margaret Beaufort. En vez de ser condenada a muerte y sus bienes confiscados por la corona, Ricardo decidió someterla a una especie de arresto domiciliario perpetuo bajo la tutela de su esposo, a quien se adjudicaban todos los bienes de Margaret.

Entretanto el rey se lanzó a una ofensiva diplomática para conseguir que el duque de Bretaña le entregara a Enrique Tudor. Avisada Margaret a través de su esposo, tuvo el tiempo justo de advertir a su hijo para que huyera a Francia horas antes de ser detenido por los bretones.

El rey consiguió también un acercamiento con su cuñada Isabel Woodville a quien convenció de que abandonara la insostenible situación en la que ella y sus hijas se encontraban en su acogimiento a sagrado en Westminster y se incorporaran a la corte. De hecho, Woodville llegó a escribir a uno de sus hijos de su primer matrimonio para que abandonase el exilio en el que se encontraba junto a Enrique Tudor y regresase a Inglaterra con Ricardo.

A pesar de estos esfuerzos por ganar apoyos, la situación del monarca en Inglaterra no era fácil. La forma en que subió al trono, las ejecuciones que había llevado a cabo, los rumores sobre la suerte de los príncipes de la Torre y las habladurías sobre su intención de casarse con su propia sobrina Isabel de York (su esposa, Anne Neville, había fallecido en marzo de 1485 y hubo quien afirmó que el rey la hizo envenenar) creaban una imagen impopular de Ricardo, que el partido Tudor aprovechó como propaganda para lograr apoyos de cara a un nuevo asalto al trono.

Y falta les hacía. En su exilio francés, Enrique Tudor se encontró con el político Philippe de Commynes, quien describió al pretendiente como un hombre sin un penique, desgastado por años de destierro y con un discurso más propio de un hombre resignado a su triste destino que de un rey en el exilio dispuesto a recuperar su derecho al trono.

En esas condiciones, cuando Enrique volvió a invadir Inglaterra a través de Gales el 7 de agosto de 1485 al mando de un heterogéneo grupo de mercenarios, las fuerzas de un bando y otro se encontraban muy equilibradas. Y aquí fue donde, trece años después, se demostró el acierto (o la suerte) de Margaret Beaufort al elegir como marido a Thomas Stanley.

Ricardo, ansioso por poner fin a los rumores que le acusaban de querer casarse con su sobrina, había enviado a Isabel de York a la casa londinense de Thomas Stanley. Fue un error. Aunque Margaret Beaufort no se encontraba allí, rápidamente se iniciaron conversaciones para implicar en la causa Tudor al poderoso partido de los Stanley (se estima que podían aportar un contingente armado de entre tres mil y cinco mil hombres). Cuando Ricardo reaccionó y envió a Isabel a un castillo en Yorkshire ya era tarde para evitar el daño.

Al saber del desembarco de Enrique Tudor en Milford Haven, Ricardo exigió que el hijo mayor de Thomas Stanley le fuera entregado como rehén para tratar de asegurar el apoyo de su padre. Enrique fue sumando aliados (especialmente en Gales, debido a la presencia de Jasper Tudor) a la fuerza de mercenarios franceses con la que arribó.

Ricardo convocó a todos los magnates del país en Nottingham. Thomas Stanley rehusó alegando encontrarse enfermo, pero tampoco se decidió a apoyar abiertamente al Tudor, preocupado por la suerte de su hijo. El hermano de Stanley, William, a cargo del importante contingente militar que la familia controlaba, tampoco acudió a la llamada deI rey, sino que fue directamente al lugar donde iba a tener lugar el enfrentamiento.

Finalmente los ejércitos de Ricardo III y Enrique Tudor se encontraron en Bosworth el 22 de agosto de 1485. En los primeros momentos de la batalla las fuerzas de William Stanley permanecieron al margen del choque, sin unirse ni al ejército de Ricardo ni al de Enrique.

Cuando finalmente se movieron, lo hicieron para sumarse al bando del hijastro de Thomas Stanley. Viéndose perdidos, los servidores de Ricardo le ofrecieron un caballo para huir, pero el monarca respondió que ese día viviría o moriría como rey. Y efectivamente ese día Ricardo III, el último Plantagenet, se dejó la corona y la vida en el campo de batalla de Bosworth. La dinastía que había gobernado Inglaterra desde 1154 y que había dado reyes tan importantes como Enrique II, Ricardo Corazón de León, Juan sin Tierra o Eduardo I dejaba paso a una nueva familia real.

El 30 de octubre de 1485 Enrique VII fue coronado en Westminster. Allí se reencontró con la madre a la que llevaba catorce años sin ver. Margaret Beaufort no pudo contener las lágrimas ante la culminación feliz del improbable proyecto de convertir a su hijo en rey de Inglaterra.

Conclusión

Al narrar la historia de la subida al trono de la dinastía Tudor uno pierde la cuenta del número de condicionales que hubieran podido evitar que Enrique VII ciñera la corona. Si Catalina de Valois no hubiera iniciado una historia de amor con Owain Tudur, si Enrique VI no hubiese heredado la enfermedad mental de su abuelo materno, si Margaret Beaufort se hubiese casado con el hijo de William de la Pole, si el parto de una débil niña de trece años hubiera salido mal, si la guerra de las Rosas no hubiera descabezado tan radicalmente a los Lancaster y a los York, si los hombres enviados por Ricardo III a detener a Enrique Tudor en Bretaña hubieran llegado unas horas antes, si Ricardo no hubiera perdonado la vida de Margaret Beaufort tras la fallida invasión de 1483, si los Stanley hubiesen optado por mantenerse fieles a Ricardo III… todo pudo haber sido diferente. Pero no lo fue, y como consecuencia de ello se inició el reinado de la famosa dinastía Tudor.

Imagen | Archivo del autor. Wikimedia

Fuentes|

Daniel Fernández de Lis. Lo que Shakespeare no te contó de la guerra de las Rosas. Madrid, Libros.com, 2020

Daniel Fernández de Lis. Los Plantagenet. Madrid, Libros.com, 2018.

Dan Jones. The Hollow Crown. The Wars of the Roses and the rise of the Tudors. Londres, Faber & Faber Limited, 2015.

           Plantagenets, The Kings Who Made England. Londres, Ed. William Collins,               2012.

Peter Ackroyd. A History of England. Volume I (Foundations). Londres, Ed. McMillan, 2011.

Roy Strong. The Story of Britain. Londres, Ed. Pimlico, 1998.

Simon Schama. A History of Britain. Londres, BBC Worldwide Limited, 2000.

Derek Wilson. The Plantagenets, The Kings That Made Britain. Edición ebook, Londres, Quercus Edition Ltd., 2014

Nathen Amin. The House of Beaufort. The Bastard Line that Captured the Crown. Stroud, Amberley Publishing, 2017.

Elizabeth Norton. Margaret Beaufort, Mother of the Tudor Dynasty. Stroud, Amberley Publishing, 2011.

Thomas Penn. Winter King, The Dawn of Tudor England. Londres, Penguin Books, 2012.

Alicia Carter. The women of the Wars of the Roses. Edición Ebook, Editor Alicia Carter, 2013.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.