Crónica de un «histórico» fin de semana en Úbeda

Como seguramente habéis tenido ocasión de comprobar en las publicaciones de los últimos días en mis redes, el pasado fin de semana estuve presente en el VIII Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Sirva esta entrada como crónica de mi experiencia allí, más desde el punto de vista personal que como análisis literario de autores y novedades (no en vano este blog es de historia y no de literatura, aunque siempre os podéis pasar por la sección de lectura del blog).

Vaya por delante mi agradecimiento y reconocimiento a la organización del evento, y muy especialmente a Pablo Lozano. Conocí a Pablo hace dos años, en la primera edición de la Marcha de los Tres Reyes, organizada por el Museo de la batalla de las Navas de Tolosa para recrear el camino de los tres ejércitos cristianos hacia esa batalla. Yo tenía intención de acudir a Úbeda como mero espectador, pero cuando Pablo supo que iba a asistir al certamen, rápidamente me integró en el grupo de periodistas y blogueros asistentes, de manera que pude disfrutar de todas las actividades desde dentro.

3C0B39EB-104A-4902-A8E4-6B72332FD41DDesgraciadamente no pude asistir a las presentaciones de los primeros días, por lo que me perdí los dos actos protagonizados por Francisco Narla (la presentación de su libro Fierro y una charla en el Museo de las Navas de Tolosa). Lástima que Francisco no pudiera quedarse más días, porque después de disfrutar de Laín el Bastardo y de estar enfrascado en la lectura de su nueva novela me hubiese encantado poder estar presente en sus intervenciones.

 

Tampoco pude asistir a las presentaciones de los libros Sitiados de Mercedes Santos y Las islas de poniente de Julio Alejandre, pero sí tuve ocasión de charlar con ambos a lo largo del fin de semana, lo que permite dar un apunte de sus obras.

2FFBA905-09E8-4696-B2D8-CBA2E14EA38CSitiados está ambientada en el sitio de Cádiz del año 1810 y de lo que me comentó Mercedes hubo dos aspectos que me llamaron la atención. El primero es cómo en pocos años los que en Trafalgar habían sido enemigos (los británicos) se habían convertido en aliados, mientras que en el caso de los franceses había sucedido lo contrario. El segundo es que una de las fuentes utilizadas para recrear la situación en el Cádiz de la época fueron las memorias del político y escritor gaditano Antonio Alcalá Galiano.

280F359E-839F-4A0E-9EB7-1407B7F60BB5Las Islas de Poniente, de Julio Alejandre, narra la historia de una expedición que parte de Perú en el año 1595 rumbo a las Islas Salomón al mando de Álvaro de Mendaña. De mis conversaciones con Julio me llamó la atención (además de una fascinante historia familiar que daría para una novela) un comentario relativo a las dificultades de los navegantes de la época para ubicarse; no tenían problemas para saber hacia dónde avanzaban, sino para saber la distancia recorrida. Los pilotos de los diferentes barcos que componían una expedición comparaban los datos sobre el avance realizado al final del día y los cálculos de unos y otros diferían notablemente. Tengo muchas ganas de adentrarme en esta expedición hacia Australia.

Ya el viernes sí pude asistir a las dos presentaciones de la tarde, que se llevaron a cabo en la librería Libros prohibidos. Claudia Casanova presentaba Historia de una flor y José Zoilo Hernández su trilogía Las cenizas de Hispania. 

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A1D7C397-8B27-41AF-A535-9EAF00F8805BLa presentación de Claudia estuvo muy bien llevada por Pedro P.Uceda. Su libro recupera la desconocida historia de una pionera de la botánica española del siglo XIX. De lo que Claudia dijo me quedo con varios detalles: cómo la historia de Blanca Catalán de Ocón (personaje real en el que está basado la protagonista del libro, Alba), se cruzó en su camino cuando estaba documentándose para otro proyecto, que aparcó para meterse de lleno en la historia de Blanca; cómo su editora (la omnipresente, aunque ausente en el evento, Lucía Luengo) le ayudó a cuidar la edición y la presentación gráfica de esta obra hasta convertirla en la preciosidad que es; cómo tuvo que modificar el tono y el lenguaje de sus anteriores novelas de época medieval para adoptar el ritmo delicado que este libro requería; y cómo separa su condición de escritora y la de editora en Ático de los Libros.

DBEC8B70-9C2C-4186-9C34-E93193ADB9D7La intervención de José Zoilo Hernández era una de las más esperadas para mí antes del certamen. Habíamos contactado por las redes comentando su trilogía sobre las andanzas del alano Attax en una Hispania partida en mil pedazos por la descomposición del Imperio romano, que me tiene enganchado. No solo comentamos sus libros, sino que descubrimos algunas pasiones históricas comunes y nos habíamos desvirtualizado por fin (al igual que a su mujer, Ester) unas horas antes. La presentación corrió a cargo de Eva Martín, de Lahistoriaenmislibros, a quien José se lo puso fácil, porque desborda tal pasión hablando de su obra que le bastaba una pregunta para amenizar a los asistentes con una disertación sobre el mundo en que se desarrolla su trilogía. El público quedó encantado con su respuesta a la pregunta de Eva sobre cómo surgió su primera novela: su mujer le regaló un portátil a cambio de que escribiera un libro. Tardó en ponerse pero finalmente lo hizo; primero su familia, luego su ćírculo de amigos, todo el que lo leía le decía que tenía que publicarlo. Lo hizo en versión digital hasta que nuevamente Lucía Luengo intervino para que la trilogía (en digital solo se publicaron las dos primeras novelas) viera la luz a un ritmo mucho más rápido del habitual.

Uno de los momentos más importantes para mí del fin de semana se produjo en la cena del viernes, cuando tuve la oportunidad de hacer de introductor entre dos de mis escritores de novela histórica favoritos: el ya citado José Zoilo y Sebastián Roa, ganador de este mismo certamen en 2017 por Las cadenas del destino, a quien conocí hace unos años en un acto organizado, cómo no, por Lucía Luengo.

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El resto de actos del sábado y domingo se celebraron en el hotel Palacio de Úbeda. La mañana del sábado comenzó con la entrega del premio Cerros de Úbeda a Alan Pitronello por su primera novela, La segunda expedición, y la presentación del libro, que corrió a cargo de David Yagüe, autor del blog de novela histórica XX Siglos, en 20 Minutos. De las manifestaciones de Alan me quedó con su opinión sobre el proceso de conquista española de América, sobre todo por el vínculo que el idioma ha supuesto para todos los hispanohablantes (muy de valorar viniendo de un autor de origen chileno) y su confesión de que después de dedicar cuatro años a escribir el manuscrito, decidió que el tono del mismo no le convencía y se puso a reescribirlo, proceso que le llevó otros tres años y medio.

A continuación, Pedro Santamaría presentó su último libro, El Ateniense, acompañado de Carlos Alonso, de la editorial Pàmies. El acto derrochó humor y complicidad, pues no en vano Pedro lleva muchos años publicando y colaborando con Pàmies. En un tono desenfadado, el autor reflexionó sobre la democracia en tiempos de Atenas y en los actuales y compartió algunas divertidas anécdotas sobre el personaje de Alcibíades. De mis conversaciones con Pedro me quedo con la tarea pendiente de hacerme con su libro Godos, dedicado a la batalla de Adrianópolis, sobre la que tengo escrita una entrada en el blog.

Cerró los actos de la mañana en el hotel otro de los momentos álgidos del certamen: la entrega del premio Ivanhoe, en reconocimiento por su trayectoria, a Simon Scarrow. Es autor de la serie sobre los centuriones Cato y Macro y de la dedicada a las figuras de Napoleón y Wellington, entre otras obras. Con la presencia de Pablo Lozano y de los representantes de la editorial española de Scarrow, Edhasa, el papel de maestro de ceremonias lo desempeñó el escritor Emilio Lara. Además de la foto con otro de mis autores favoritos, de la intervención de Scarrow me quedo con un comentario sobre el final de la serie de Cato y Macro. Simon comentó que en un acto en Inglaterra había dicho que tenía pensado enfrentar a ambos en bandos rivales de la guerra civil romana. Esto había provocado un gran revuelo entre sus seguidores, así que ha decidido que Cato y Macro sigan su camino y que sea este el que determine si su final será enfrentarse o no, pero que no buscará este choque premeditadamente.

Del hotel hubo que trasladarse entonces al centro de Úbeda, donde tuvo lugar la recreación histórica de la batalla de Isandlwana, en el marco de las guerras de los zulúes con el Imperio británico. Las recreaciones se han convertido en uno de los mayores atractivos para el público del certamen y a ello contribuye el grupo de recreacionistas que lo lleva a cabo, reforzado con alguno de los periodistas y blogueros que se animan a ponerse en las botas, en este caso, de los soldados británicos. El papel del ejército zulú (que machacó a los casacas rojas en esta batalla) corrió a cargo del público asistente, dirigido con mano de hierro y mucho gracejo por Pablo Lozano. Reforzaban al ejército zulú algunos de los escritores invitados al certamen, quién sabe si deseosos de saldar viejas cuentas literarias con la pérfida Albión.

La tarde del sábado tuvo un claro color internacional. En primer lugar Ben Kane presentó, acompañado de Yolanda Rocha, del blog Que el sueño me alcance leyendo,  su libro Águilas en guerra con la que comienza su trilogía dedicada a las legiones romanas en Germania. De su intervención no puedo evitar destacar que comentó que su editor opina que conviene cambiar de época de vez en cuando para no correr el riego de aburrirse escribiendo y que su nueva novela da un salto en el tiempo y en el espacio. Solo ver la portada de su nuevo libro explica para el que me conozca por qué estoy encantado con esta decisión. 

 

Cerró los actos del sábado Baptiste Touverey, que presentó su novela Constantinopla, acompañado de Javier Velasco, de Todoliteratura. Ambientada en el imperio bizantino del siglo VII, destaco de la intervención de Baptiste su reflexión acerca de la ambientación histórica de su libro, que definió como un marco para dotar a su novela de un entorno histórico creíble y coherente con la época en que la obra discurre, pero que queda en un segundo plano en relación con la trama del libro, que es lo realmente fundamental para él, más que la exhaustividad en la descripción histórica.

La mañana del domingo comenzó con la entrega de otro premio, el de la mejor novela histórica publicada en el año 2018, que fue concedido a Iñaki Biggi por Valquirias, con la presencia de Emilio Lara, Javier Velasco y Elena Rodríguez, concejala de Cultura del ayuntamiento de Úbeda. Tuve ocasión de charlar largo y tendido con Iñaki y con su mujer en la cena del sábado, por lo que me permití acercarme a él para que me firmara el libro antes de que empezara el jaleo. Iñaki tuvo un acompañante de lujo en la presentación en Emilio Lara. Su intervención estuvo salpicada de momentos divertidos, como cuando comentó que su libro (que trata de una expedición de mujeres vikingas para rescatar a sus maridos, cautivos en al-Ándalus) está protagonizado por mujeres porque si fueran hombres «todavía estarían discutiendo si las llantas del barco están bien». También se inició un debate con José Zoilo y conmigo (que hemos prolongado en las redes estos días y que está por resolver) sobre si los vikingos que llegaron a Pamplona en el año 859 y secuestraron a su rey, llegaron navegando por el Ebro o por el Bidasoa.

Este acto me permitió repetir la foto con Sebastián Roa y José Zoilo a la que incorporamos a Iñaki.

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El último acto del certamen consistió en la presentación del libro Tiempos de esperanza, de Emilio Lara, a quien acompañaban Jesús Úbeda, de Zenda Libros, y Sebastián Roa. La novela narra la llamada Cruzada de los Niños y comparte época histórica y algún personaje con Las cadenas del destino. Roa y Lara disertaron sobre el concepto de novela histórica y sobre la situación actual del sector, además de señalar sus personajes favoritos de la novela, entre otras muchos temas.

Finalizado oficialmente el certamen, todavía tuve ocasión de compartir mesa y mantel con las mujeres de Emilio Lara, Sebastián Roa e Iñaki Biggi. La conversación fue muy interesante y si a ella sumamos lo que hablé a lo largo del fin de semana con las parejas de José Zoilo, Mercedes Santos y Julio Alejandre, no puedo sino suscribir lo que escuché decir a alguien: que el año que viene sería muy interesante organizar una charla con parejas de escritores de novela histórica.

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