La emperatriz Matilde y la huida del castillo de Oxford (1142)

Entrada extraida del libro Los Plantagenet

Tras el acceso al trono del primer rey normando de Inglaterra Guillermo el Conquistador en el año 1066 le sucedieron sus dos hijos, primero Guillermo II y luego Enrique I. Este tuvo dos vástagos, Guillermo y Matilda. La sucesión parecía asegurada con su hijo varón, pero entonces ocurrió algo que alteró todos los planes del rey y la historia del país. Al ostentar los reyes de Inglaterra soberanía en las tierras francesas de Normandía eran habituales los viajes en barco de la familia real entre ambas orillas del canal de la Mancha. En uno de ellos, a bordo del Barco Blanco naufragó y pereció el heredero Guillermo el 25 de noviembre de 1120.
La muerte de Guillermo ocasionó a Enrique I un enorme problema sucesorio; sólo tenía otro descendiente legítimo (aunque engendró más de veinte hijos) y además de ser una mujer era viuda y sin hijos. Nada había regulado en la reciente monarquía anglo-normanda sobre la posibilidad de que una mujer heredase la corona, pero para la mentalidad de la época, en la que los reyes eran los primeros en la línea de batalla, parecía poco probable que Matilda fuera aceptada como reina. El hecho de que hiciera repetir la ceremonia hasta en tres ocasiones (1128, 1131 y 1133) demuestra que Enrique tampoco tenía nada claro que el juramento fuera a ser respetado.
Como era de esperar, el papel inicial de Matilda fue el de ser ofrecida en esponsales a un monarca con el que a su reino le interesase estrechar relaciones; en este caso con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique. De ahí el título de emperatriz que, a pesar del temprano fallecimiento de su esposo, ella siempre insistió en conservar.
Al morir el emperador, ella retornó a Inglaterra con un papel poco definido hasta la muerte de su hermano Guillermo. En ese momento Enrique I, a pesar del juramento antes comentado, decidió que era necesario volver a casarla. Si no tenía un hijo heredero varón, quizá pudiera tener un nieto antes de morir. Y la elección de marido para su hija fue una obra maestra de estrategia política: Godofredo de Anjou, ducado situado en la frontera sur de los dominios normandos de Enrique, que podía amortiguar la tensión con Francia.
fullsizeoutput_13faLa pareja contrajo matrimonio el 17 de junio de 1128 en Le Mans y desde ese mismo momento Godofredo se convirtió en duque de Anjou, por la renuncia que su padre hizo en su favor. Los Anjou eran conocidos por su procedencia como angevinos y Godofredo, según la leyenda, acostumbraba a llevar como adorno en su sombrero una planta que en latín se conoce como planta genista. Aunque no existe certeza a este respecto, y a pesar de que no fue usado por sus descendientes hasta que lo hizo Ricardo de York en 1460, lo cierto es que, con el tiempo, el nombre Plantagenet se generalizó para denominar a los reyes ingleses descendientes de Godofredo y Matilda. El 5 de marzo de 1133 nació el primer hijo de la pareja, al que bautizaron con el nombre de Enrique, en honor de su abuelo materno.
Como era previsible, al fallecer Enrique I el 1 de diciembre de 1135, los principales nobles del reino renegaron del juramento de lealtad que, hasta en tres ocasiones, prestaron a instancias del rey a su hija Matilda. Alguno alegó que hizo el juramento bajo la condición de que Matilda no contrajese matrimonio con un príncipe extranjero y que, al haberse casado con Godofredo de Anjou, se consideraba liberado de la promesa formulada.
El más importante de los nobles del país fue el primero en no cumplir el juramento prestado; se trataba del sobrino del fallecido rey y primo de la emperatriz, Esteban de Blois (que se libró del naufragio del Barco Blanco al cambiar de navío poco antes de zarpar, alegando sufrir de diarrea, aunque posiblemente lo hiciera al ver el estado de embriaguez en el que se hallaban tanto tripulantes como pasajeros). En cuanto recibió noticia de la muerte de Enrique I, Esteban viajó desde Boulogne-sur-Mer a Londres, se proclamó rey, se apropió del tesoro real y se hizo coronar por el arzobispo de Canterbury en Londres. A continuación consiguió el apoyo de los barones y obispos de Inglaterra y de Normandía, tanto a un lado del Canal como al otro.
Esteban era un candidato más que razonable para un nombramiento por méritos: rico, de modales cortesanos, bien relacionado con la nobleza y el clero (su hermano Enrique era obispo de Winchester), cercano a los cuarenta años, su matrimonio con Matilda de Boulogne era económicamente importante para el comercio de lana inglés. Y, sobre todo, fue muy hábil en su rápida reacción ante el vacío de poder creado por la muerte de Enrique I; supo estar en el lugar preciso en el momento adecuado.
Pero Esteban encontró en Matilda un formidable enemigo. Aunque no pudo reaccionar tan rápidamente como su primo (se encontraba en Anjou y estaba embarazada), no se mostraba dispuesta a dar fácilmente su brazo a torcer. Acostumbrada a ejercer el poder (en varias ocasiones ocupó la regencia del Imperio ante las ausencias de su primer esposo), la emperatriz estaba además apoyada por su belicoso segundo marido, el bajo pero robusto pelirrojo Godofredo de Anjou, procedente de una familia conocida por su tempestuoso carácter, que será también un rasgo distintivo de los reyes Plantagenet.
Matilda inició una lenta pero segura tarea de reconquista de las posesiones de su padre. En Normandía mediante el ataque militar desde Anjou dirigido por Godofredo. Y en Inglaterra aprovechando las dificultades que Esteban encontró en el gobierno del país para aglutinar a su alrededor a los descontentos: Roberto de Gloucester (hijo natural de Enrique I y hermanastro por tanto de Matilda) que era el noble más poderoso y con más ascendente entre los notables del país; Enrique, obispo de Winchester y hermano del rey Esteban, ofendido por haber sido relegado en la elección del arzobispo de Canterbury; y Roger, obispo de Salisbury, que vio como Esteban arrestaba a su hijo y a sus seguidores por mostrar su descontento con la forma de gobernar del rey; por último los nobles perjudicados por la política de favores de Esteban y la red de competentes funcionarios creada por Enrique I para administrar el país, que fue desmantelada por el nuevo rey.
EA190D93-347A-44B6-BD51-092AA96F6EE6En 1139 Matilda empezó a mover ficha: planteó su caso ante el papa en Roma solicitando ser reconocida como heredera de su padre, invadió Inglaterra con el apoyo de Roberto de Gloucester y otros barones ingleses y galeses descontentos e instaló su corte en Bristol. Comenzó un período de cruenta guerra civil de resultado incierto, pues ninguno de los contendientes poseía fuerza suficiente para derrotar de manera definitiva a su rival. Matilda se hizo fuerte en el oeste, mientras que Esteban dominaba el sureste del país. En la parte central y en el norte ninguno logró asentar sus dominios, por lo que quedó en manos de diversos señores feudales. Y en todo el reino la situación fue aprovechada para dirimir disputas privadas entre señores y ciudades, y bandas de maleantes atacaron iglesias, monasterios y granjas para hacerse con sus riquezas y sus alimentos.
En 1141 la balanza parecía inclinarse hacia el bando de Matilda cuando su ejército, dirigido por Roberto de Gloucester, atacó Lincoln y tomó prisionero al rey Esteban. Se preparaba la coronación en Londres, pero entre la resistencia de las fuerzas leales a Esteban (dirigidas por su esposa Matilda de Boulogne) y la rápida pérdida de apoyo entre nobles y clero, Matilda perdió su oportunidad. Los ciudadanos de Londres, partidarios de Esteban, le abrieron con renuencia las puertas de la ciudad, pero cuando la emperatriz exigió altaneramente su apoyo financiero una multitud exaltada se dirigió a Westminster y forzó a Matilda a huir precipitadamente a Oxford. Para colmo de males, la expedición que envió para meter en vereda al obispo de Winchester finalizó desastrosamente cuando Roberto de Gloucester fue hecho prisionero. Matilda no tuvo más remedio que intercambiarlo por el rey Esteban y la situación volvió al punto de partida.
En 1142 el estado del conflicto sufrió un cambio radical y fue Esteban quien tuvo sitiada a Matilda en Oxford. En una posición desesperada, la emperatriz tomó una no menos desesperada medida: en una fría y nevada noche invernal se vistió con una capa blanca y, acompañada solo por tres o cuatro caballeros, se escabulló fuera de Oxford sin ser advertida por el ejército agresor. Tras una caminata de casi quince kilómetros a través de la campiña llegó a Abingdon, donde fue recibida por varios leales a su causa que la pusieron a salvo para continuar la lucha. William de Malmesbury califica esta maniobra de Matilda como “milagro divino”.

Comenzó de nuevo una guerra civil sin un dominador claro, en la que el mayor perdedor era el pueblo inglés, que se vio sacudido por las violentas escaramuzas entre uno y otro ejército, además de estar sometido al pillaje de bandas de criminales que aprovechaban la falta de ley y orden para robar, violar y asesinar impunemente. Para terminar de arreglar el desastroso panorama inglés, el rey David I de Escocia decidió que era el mejor momento para invadir el norte del país.
Muy gráficamente, la crónica anglosajona describió este período de guerra así: When Christ and His Saints Slept («Cuando Cristo y los santos descansaron»), refiriéndose a que el país estaba dejado de la mano de Dios por la violencia que se expandió a lo largo de todo el reino durante el conflicto.
La situación permaneció estancada hasta que en 1148 Matilda decidió dejar Inglaterra e instalarse en Normandía (que sí había sido conquistada para la causa por su esposo Godofredo). Eso no significaba que tirase la toalla en la lucha por la corona de Inglaterra, sino que «cedía los trastos» a su joven e impetuoso hijo Enrique, que estaba cerca de cumplir dieciséis años y en disposición de irrumpir de manera estruendosa en la historia inglesa… pero esa es otra historia, contada en la entrada del blog sobre el nacimiento de la dinastía Plantagenet.

A las recomendaciones habituales sobre las entradas relativas a la Inglaterra medieval (Peter Ackroyd “The History of England. Volume I: Foundation”; Roy Strong “The Story of Britain””A History of Britain” de Simon Schama, con la cuidada factura típica de una producción de la BBC, y “Monarchy” de David Starkey), añado otra serie en DVD de la BBC sobre las reinas inglesas llamada “She Wolves” y en ficción la archifamosa novela “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follet en la que el naufragio del “Barco Blanco” y Matilda tienen un papel protagonista.

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