Matilde de Flandes, la reina del conquistador normando de Inglaterra (I)

La historia de la conquista normanda de Inglaterra es muy conocida para los habituales del blog, con las entradas dedicadas al año en que se produjo (1066), al supuesto juramento de lealtad de Harold Godwinson a Guillermo de Normandía, a la accidentada coronación de este y a los intentos sajones de oponerse a la dominación normanda, personalizados en Edgar Aetheling y en Hereward the Wake. Pero como desgraciadamente sucede en muchas ocasiones, las mujeres que también fueron protagonistas de la historia suelen quedar en un olvidado segundo plano. Saben también los seguidores del blog que en el mismo hay numerosas entradas dedicadas a importantes mujeres, especialmente de la nobleza y la realeza, pero lo cierto es que hasta ahora no había hablado de Matilda de Flandes, esposa de Guillermo el Conquistador y, por tanto, duquesa de Normandía y reina de Inglaterra. Es momento de poner remedio a esta omisión.

El padre de Matilde era el conde Balduino V de Flandes, uno de los dirigentes más destacados y poderosos de la Europa de su época, un hombre con fama de sabiduría e integridad moral y que contaba con el respeto y la estima de los monarcas y magnates civiles y religiosos del momento, hasta el punto de que su cuñado Enrique I de Francia lo designó como regente de su hijo Felipe. Entre sus ancestros se contaban entre otros figuras de la talla de Carlomagno o del rey de Wessex Alfredo el Grande.

La madre de Matilde, de no menos noble origen y ancestros que su esposo, era la condesa Adela, hija y hermana de reyes de Francia y calificada en su tiempo con adjetivos como sabia y pía. Como es habitual en la época no hay registro fehaciente de la fecha de nacimiento de Matilde, que podemos situar en torno al año 1032. Tenía dos hermanos, de nombre Balduino y Roberto. El cronista Orderic Vitalis dice de Matilde que «brotó del tronco de los reyes de la Galia y los emperadores de Alemania y obtuvo renombre tanto por su nobleza de sangre como por su carácter».

Matilde creció entre los castillos flamencos de Brujas y Lille rodeada de un clima de violencia y asesinatos que, no obstante, no impedía el florecimiento del comercio del condado con el resto de Europa. Muy posiblemente conoció a la exiliada reina inglesa Emma de Normandía, notoria mujer que fue esposa de un rey sajón y uno danés de Inglaterra y madre también de dos reyes ingleses, uno danés y uno sajón. La experiencia personal y política de Emma y su dominio de su Normandía natal y de su Inglaterra adoptiva debieron suponer una enorme fuente de conocimientos para la joven Matilde y le serían al menos tan de utilidad como la ciudada educación que por su posición recibió, cuando siguiera los pasos de Emma como reina de Inglaterra y esposa de un normando.

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Abadía de Tewkesbury

Aunque era muy consciente del papel que se le reservaba como esposa de quien sus padres eligieran por motivos políticos, Matilde iba muy pronto a demostrar su carácter. Se enamoró de un noble inglés enviado como embajador a Flandes llamado Brithric Meaw, a pesar de que él era bastante mayor que ella. Según relata la Crónica de la Abadía de Tekewsbury (localidad que pertenecía al magnate inglés) la joven osó enviar un mensajero convocado a Brithric, al que declaró su amor y propuso matrimonio. El noble, bastante más consciente que ella de las implicaciones de una acción así, declinó la oferta.

Pero había un candidato bastante obvio a la mano de Matilde teniendo en cuenta las motivaciones que llevaban a los gobiernos de la época a concertar matrimonios de la nobleza. En Normandía regía como duque Guillermo, conocido por su origen como el Bastardo, que estaba soltero y a quien sus nobles urgían a casarse para conseguir una alianza política y asegurar la sucesión en el ducado. Flandes y Normandía eran vecinos, con problemas similares en sus fronteras y además Matilde era sobrina del rey de Francia, a quien Guillermo debía obediencia como señor soberano y con quien también compartía fronteras Normandía.

Para Balduino, reforzar la relación con un vecino y vasallo del rey de Francia podía favorecer la presentación de un frente común en caso de que se repitiesen los conflictos que años antes tuvo con el emperador del Sacro Imperio, así que recibió con gran satisfacción a los emisarios normandos que, sobre el año 1049, solicitaron la mano de Matilde para su duque.

Pero Matilde, como ya hemos visto, tenía una gran personalidad. La unión con un duque normando de origen bastardo no fue de su agrado y así lo hizo saber. Según diversas crónicas Matilde proclamó a los cuatro vientos que no se casaría con un bastardo. Los ruegos de su padre fueron inútiles y Balduino se vio obligado a trasladar a Guillermo la respuesta de su hija a su proposión matrimonial.

Pero, según estas misma crónicas, si Matilda pensaba que se había salido con la suya estaba muy equivocada. Un día, cuando salía de misa con sus damas de compañía, fue abordada por un individuo. Este hombre, que no era sino un agraviado y enfurecido Guillermo de Normandía, cogió a Matilda del pelo, la arrastró sobre el barro y le propinó una soberana paliza. Sin que nadie pudiera detenerlo, volvió a subir a su caballo y se marchó, dejando a la joven en un estado lamentable.

Sobre lo ocurrido a continuación hay que mostrar la debida cautela. Balduino, convencido de que después de lo ocurrido Matilda no querría saber nada más de Guillermo, comenzó a buscarle otro esposo. Pero, para sorpresa de todos y siempre según estas crónicas, Matilda declaró desde el lecho donde se recuperaba de sus heridas que quería casarse con el duque de Normandía. A preguntas de su asombrado padre, respondió que ahora conocía mejor a Guillermo y que un hombre tan valiente y atrevido como para presentarse en el palacio de su padre y golpearla era sin duda alguien digno de su mano.

Otras fuentes apuntan a que estos hechos coincidieron con el rechazo del inglés Brithric y que fue por despecho por lo que Matilda aceptó la propuesta de Guillermo que, en todo caso, era mucho mejor partido que el sajón.

Hay muchas dudas sobre la veracidad de esta historia, aunque la autora del libro que sirve de base a esta entrada apunta que el hecho de que se recoja en crónicas tanto flamencas como francesas y normandas parece señalar a algún fondo de verdad en la misma.

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Guillermo de Normandía

Pero si algo está claro en esta historia es que si Matilde y Guillermo llegaban a casarse no sería porque las circunstancias lo pusieran fácil. Cuando el compromiso se hizo público, la oposición al mismo llegó nada más y nada menos que de la máxima autoridad espiritual en Europa; el papa León IX prohibió la unión. No nos han llegado los motivos de esta decisión, salvo que esa unión sería contraria a la ley canónica. Hay varias teorías sobre el grado de consanguinidad de los prometidos, pero probablemente hubiera una razón política relacionada con la vinculación entre el papa y el emperador, a cuyos intereses ya hemos visto que esta unión podía perjudicar. En todo caso, una negativa papal no era algo que pudiera tomarse a broma.

Lo que ocurrió a continuación no está muy claro. Algunas fuentes hablan de una embajada enviada por Guillermo al papa liderada por el respetado obispo Lanfranc (tras la conquista de Inglaterra sería arzobispo de Canterbury) que convenció a León IX para levantar la prohibición. Otras hablan de que el papa fue hecho prisionero por un grupo de normandos que habían establecido un reino en Sicilia, lo que aprovechó Guillermo para casarse con Matilde.

Ni siquiera sobre la fecha en la que finalmente Guillermo y Matilde contrajeron matrimonio existe consenso, oscilando las fechas sugeridas entre los años 1050 y 1056; lo más probable es que la unión tuviera lugar entre 1050 y 1051. Lo que sí parecía seguro, vistos los antecedentes, es que, una vez casada con Guillermo, la vida de Matilde no iba a resultar aburrida. Y así fue… pero esa es otra historia, a la que dedicaremos la segunda entrada de esta serie.

Fuente| Alison Weir. Queens of the Conquest: England’s medieval Queens. 

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