¿Por quién luchaban los derrotados en la batalla de Stoke Field (1487), epílogo de la guerra de las Rosas? (II)

Segunda entrada de la serie dedicada a la batalla de Stoke Field.

Habíamos dejado la primera entrada de esta serie con la derrota del ejército rebelde contra Enrique VII en la batalla de Stoke Field el 16 de junio de 1487 y con la duda de si la historia podría guardar alguna vinculación con el misterio de los príncipes de la Torre de Londres.

Para ello tenemos que recuperar otro de los temas habituales en este proyecto: el misterio de los príncipes de la Torre de Londres. Por resumir su historia, tratada en alguna de las entradas enlazadas aquí: estos príncipes, Eduardo V y Ricardo de York, eran hijos del rey Eduardo IV y la sucesión del primero a la muerte de su padre en 1483 fue abortada por el hermano del fallecido, Ricardo III. Instaló a los jóvenes en la Torre de Londres (que era por entonces y para los muchachos una residencia real y no una prisión), el Parlamento declaró que el matrimonio de sus padres Eduardo IV e Isabel Woodville era nulo y, por tanto que los hijos del mismo (entre ellos los príncipes de la Torre y su hermana Isabel de York) eran ilegítimos. Ricardo III fue proclamado rey. Con el tiempo, los príncipes de la Torre de Londres desaparecieron y nunca más se supo de ellos. Este es, todavía hoy, uno de los mayores enigmas de la historia de Inglaterra y sigue, más de quinientos años después, siendo objeto de viva polémica en las islas.

Durante siglos, gracias en buena parte a los escritos de Tomás Moro y William Shakespeare, se ha considerado casi unánimemente que Ricardo III asesinó a los príncipes de la Torre de Londres. Pero en los últimos tiempos han surgido movimientos que reivindican la figura de este vilipendiado monarca y que defienden que los muchachos fueron víctimas de un complot orquestado por Enrique Tudor y su madre Margaret Beaufort; otros señalan a Henry Stafford, duque de Buckingham como responsable de su muerte. Mientras, ciertos indicios apuntan a la posibilidad de que los príncipes o al menos uno de ellos no murieron, sino que  sobrevivieron.

Y una de las líneas conecta a los príncipes con la historia de Lambert Simnel, el rey coronado en Dublín. Las fuentes irlandesas que relatan la coronación hablan del rey Eduardo, pero no añaden un ordinal al nombre, por lo que no sabemos (salvo por las fuentes inglesas a las que luego me referiré) si el Eduardo coronado allí se presentó como Eduardo V (el príncipe de la Torre de Londres) o como Eduardo VI (como sería si se tratase del conde de Warwick). Pero algunos indicios  (ojo, digo indicios, no pruebas) podrían apuntar al primero de ellos. Son datos puestos de manifiesto en el libro que ha servido de fuente a esta entrada y ni para su autor Matthew Lewis pretenden ser concluyentes ni yo considero que lo sean, mas sí suficientemente intrigantes para compartirlos y que el lector extraiga sus propias conclusiones.

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Los príncipes de la Torre de Londres

Para empezar hay que referirse a lo ocurrido con la madre de Eduardo V, Isabel Woodville. Esta mujer había sido la reina durante el gobierno de su esposo Eduardo IV y se acogió a sagrado con sus hijas durante los primeros meses del reinado de Ricardo III, aunque después tanto ella como sus hijas dejaron el santuario y se incorporaron a la corte de este, que les proveyó de una generosa dotación económica. Una de sus hijas, Isabel de York, se casó con Enrique VII, por lo que podría esperarse que la suerte de una mujer que podía esgrimir el título de reina viuda y que era la madre de la actual, mejoraría todavía más.

Sin embargo, en febrero de 1487 (poco después de conocerse la historia del pretendiente al trono que osaba desafiar a Enrique VII)  se produjo un sustancial cambio (a peor) en la suerte de la madre de Isabel Woodville. Su yerno la desposeyó de todos sus bienes y la forzó a retirarse a la abadía de Bermonsdey, en la que permaneció hasta su muerte en 1492. También en febrero de 1487 el hijo mayor del primer matrimonio de Isabel Woodville, de nombre Thomas Grey y título marqués de Dorset, era encarcelado en la Torre de Londres. El historiador contemporáneo Polidore Vergil apunta a que Enrique pretendía de esa forma castigar a Woodville por haber puesto en riesgo a sus hijas al dejar el santuario de Westminster. Pero cabe recordar que Enrique VII subió al trono tras su victoria en Bosworth el 22 de agosto de 1485 y que el cambio en la suerte de Woodville no se produjo hasta febrero de 1487. Como dice Matthew Lewis parece demasiado tiempo para estar rumiando un enfado. ¿Podría ser otra la causa, más vinculada con algo ocurrido por las mismas fechas?

Relacionar este golpe de timón en la fortuna de Woodville con la simultánea aparición de un pretendiente al trono no tiene mucho sentido si este era el conde de Warwick. Isabel y Jorge de Clarence no habían sido precisamente amigos, Clarence acabó muriendo por sus repetidas traiciones hacia el esposo de Woodville, Eduardo IV, y sus pretensiones iban en contra de las de ella y sus numerosos familiares. No parece probable que Isabel pusiera en riesgo su posición y la de su hija Isabel de York por apoyar al hijo de su traicionero cuñado. Pero la cosa cambia, y mucho, si el Eduardo que aspiraba a destronar a Enrique VII era el propio hijo de Isabel Woodville. Entonces sí que cobraría sentido que Enrique reaccionara en la forma en que lo hizo contra ella y contra el hermanastro mayor de Eduardo V.

También el apoyo de John de la Pole, conde de Lincoln, debe ser objeto de un mayor escrutinio. Notable miembro de la rama de los York hasta el punto de ser considerado como el principal candidato a heredero de Ricardo III cuando el hijo de este murió, había salido sorprendentemente bien librado de la batalla de Bosworth, conservando sus bienes y sus títulos, pero se sabía objeto de un constante escrutinio que podía cambiar su suerte en cualquier momento. Warwick había estado bajo su custodia y es inconcebible que apoyase al rebelde de Dublín si supiese que era un impostor. Pero tampoco parece muy probable que apoyase al pretendiente aunque este fuese el hijo de Jorge de Clarence, que carecía de apoyo ninguno, cuyo nombre no arrastraba tampoco un entusiástico torrente de seguidores y cuyo derecho al trono no era superior al del propio conde de Lincoln (aunque el de este era por línea femenina). Solo parece comprensible que De la Pole pusiese en riesgo todo lo que tenía (incluso su vida) si la rebelión orquestada por su tía Margarita de Borgoña era en favor del único hombre que claramente ostentaba un derecho al trono superior al suyo: Eduardo V (no está de más recordar que Enrique VII tuvo que volver a reconocer la legitimidad de los hijos de Eduardo IV para así dotar de sentido a su matrimonio con Isabel de York).

Otros indicios que apuntan en el mismo sentido nos los revelan algunas fuentes contemporáneas a los hechos. La primera de ellas nos la ofrece un curioso personaje. Bernard André era un monje y poeta francés ciego que desempeñó el cargo de tutor del hijo mayor de Enrique VII, Arturo Tudor. Bernard escribió entre 1500 y 1502 una narración de lo ocurrido en los turbulentos primeros años del reinado del primer Tudor y, aunque afirma que los príncipes de la Torre de Londres fueron asesinados por Ricardo III, cuando se refiere a los acontecimientos relacionados con Lambert Simnel incurre en alguna curiosa contradicción. Según él, los rebeldes derrotados en Stoke Field seguían a un joven que pretendía ser el mayor de los príncipes de la Torre de Londres (no el conde de Warwick). Posteriormente indica que a la corte llegaron rumores de que el joven coronado en Dublín era el segundo hijo de Eduardo IV (esto es sin duda un error, porque el rey dublinés se identificó en todo momento como Eduardo, no como Ricardo).

André continúa su narración señalando que se envió a Dublín a un heraldo con instrucciones de verificar la identidad del joven (lo que implicaría que ese hombre, al que no nombra, conocía a los príncipes de la Torre). Lo curioso es que André reconoce que el muchacho tenía a todo el mundo convencido (no queda claro si incluso al propio heraldo) de ser el hijo de Eduardo IV, lo que achaca a la maldad de los consejeros que le habían enseñado a desempeñar su papel y a reproducir la historia del príncipe de la Torre. Es muy significativo que un hombre que escribía en pleno reinado de Enrique VII, al servicio de su hijo y en tono panegírico sobre el primer Tudor, reconociese que el muchacho coronado en Dublín en 1487 era generalmente reconocido como uno de los hijos desaparecidos de Eduardo IV.

Otro historiador contemporáneo, Polidore Vergil, se refiere a la rebelión de 1487 y cuando habla de la coronación en Dublín del pretendiente Eduardo utiliza el verbo «restituir». Esta expresión no tiene ningún sentido si el coronado fuese el conde de Warwick, al que se hubiese en todo caso instituido como rey. Solo cobra significado el uso de ese término si el restituido en el trono hubiese sido anteriormente considerado como rey, es decir si se tratase de Eduardo V quien, por cierto, había sido reconocido como monarca a la muerte de su padre en 1483 pero no había llegado a ser coronado, lo que daría sentido a una ceremonia de coronación en 1487.

La carta que el pretendiente al trono escribió a la ciudad de York pidiendo ayuda y provisiones fue registrada en el York House Book como enviada por Eduardo VI, pero en el mismo escrito no se señala nada al respecto de la identidad del firmante más allá de El Rey, por lo que el ordinal que un funcionario desconocedor de la verdadera identidad del pretendiente hiciese constar no constituye un elemento decisivo ni en un sentido ni en otro.

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Retratos de los contendientes en Bosworth, Ricardo III y Enrique VII

La pregunta que surge de manera casi inmediata es: si el joven coronado en Dublín pretendía ser Eduardo V, ¿por qué la historia que ha llegado hasta nosotros se refiere al mismo como un pretendido conde de Warwick identificado como Lambert Simnel? Lo mencionado hasta ahora sobre la historia de los príncipes de la Torre y sobre la del pretendiente coronado en Dublín constituye suficiente prueba de la confusión en las fuentes de una convulsísima época de la historia inglesa. Buena parte de culpa puede achacarse a la propaganda y desinformación que las personas más cercanas al primer rey Tudor estimaron necesarias para tratar de borrar las muchas amenazas provocadas por la falta de legitimidad de Enrique VII para ceñir la corona tras su victoria en Bosworth.

Por ejemplo, el nombre de Lambert Simnel solo aparece en informes oficiales posteriores (a veces en décadas) a la batalla de Stoke Field. Es un nombre poco usual, incluso en la Inglaterra medieval. Según el Herald Memoirs el joven de Dublín se llamaba John, pero el resto de fuentes lo identifica como Lambert (que curiosamente era el apellido de soltera de una de las más conocidas amantes de Eduardo IV, Jane Shore). Otro dado (para mí un poco retorcido) que apunta Matthew Lewis es que Simnel significa en inglés un tipo de grano (hay que recordar que según el relato oficial Tudor, el impostor de Dublín era hijo de un molinero) y un grano utilizado para hacer pasteles de Pascua (la rebelión arrancó en Semana Santa, Simnel fue coronado el día de la Ascensión y desembarcó en Inglaterra el día de Pentecostés). Puede, apunta Lewis, que los funcionarios Tudor inventaran para el joven de Dublín un nombre de rara resonancia, fácil de recordar y poco posible de coincidir con el de otra persona como parte de la pátina de fraude del muchacho que construyeron.

Otro aspecto que llama la atención es el referente a la edad de Lambert Simnel. Según la sentencia contra el conde de Lincoln se trataba de un niño de diez años. En 1487 Eduardo de Warwick tenía doce años, y los príncipes de la Torre tendrían trece (Ricardo de York) y 16 (Eduardo V). El manuscrito en latín de Polidore Vergil contiene una corrección al describir al chico pasando de puer (niño) a adolescens, lo que le situaría en una edad más cercana a la de los príncipes (concretamente Eduardo V). Francis Bacon (que escribió ya en el siglo XVII) le atribuye una edad de 16 años en el momento de su coronación.

Lo que estos y otros detalles ponen de manifiesto, apunta Lewis es que el relato oficial de la invasión de 1487 tardó en cristalizar y que, incluso entre las fuentes en la nómina del primer Tudor, existen variaciones sustanciales sobre el contenido de la historia. No hay ninguna fuente contemporánea que relate que el joven de Dublín pretendía ser Eduardo V, pero lo lógico es que si había alguna que lo apuntara, fuese debidamente silenciada, (Enrique VII ordenó, bajo pena de traición, que los registros del Parlamento de Irlanda de 1487 fuesen destruidos) como cualquier otro indicio de que la principal amenaza para el reinado de Enrique VII seguía viva.

Las contradicciones reseñadas muestran que no es fácil decir quién era el chico coronado en Dublín, quién pretendía ser, o incluso qué edad tenía. Lo que está claro es que si los príncipes de la Torre sobrevivieron a 1485, Eduardo V era el candidato natural a ser coronado y a liderar una invasión con fuerte apoyo yorkista. Solo así se entendería el apoyo de su madre y la renuncia del conde de Lincoln a sus propios derechos y propiedades e, incluso, la pérdida de su vida.

En todo caso, Enrique VII había lidiado con éxito la amenaza del joven coronado en Dublín. Pero si pensaba que había terminado definitivamente con los fantasmas de los príncipes de la Torre de Londres estaba muy equivocado… pero esa es otra historia.

Fuente| Matthew Lewis. The Survival of the Princes in the Tower. Murder, Mystery and Myth. 

 

 

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