Cuando Juan sin Tierra tomó un castillo con una piara de cerdos

Castillo de Rochester, octubre de 1215. La situación en Inglaterra es de guerra civil entre el impopular rey Juan sin Tierra y los principales señores del reino (tanto nobles como prelados). Las muchas decepciones que quince años de reinado del hermano de Ricardo Corazón de León han provocado (pérdida de las posesiones de los Plantagenet en Francia, problemas con el papado, brutales e injustas recaudaciones de impuestos, excesos en la justicia real, crueles asesinatos de sus adversarios políticos como Arturo de Bretaña o la familia de Braose…) estallan tras la dura derrota contra Felipe de Francia en la batalla de Bouvines, el 27 de julio de 1214.

Juan sin Tierra ni siquiera se hallaba presente en esta decisiva confrontación, pues se hallaba retenido en La Rochelle por las fuerzas del delfín Luis. El ejército inglés en Bouvines estaba dirigido por el hermano bastardo del rey, William Longsword, conde de Salisbury. A pesar de estar aliado con el conde de Flandes y el emperador Otto del Sacro Imperio, finalmente es Felipe de Francia quien se impone en un durísimo enfrentamiento en el campo de batalla. Los ingleses, ahora sí con Juan sin Tierra a la cabeza, retornan a la isla con el rabo entre las piernas.

En Inglaterra los principales barones del país esperan a su rey para hacerle pagar de una vez por todas las humillaciones y desmanes sufridos. De los aproximadamente doscientos grandes señores del reino, unos cuarenta eran abiertamente hostiles al rey y un número similar le eran fieles; el resto estaba en la tradicional posición de «no sabe/ no contesta». La cuestión para los rebeldes era como establecer los límites del hasta entonces absoluto poder real. Juan y los nobles desafectos se reunieron por primera vez en Londres en enero de 1215. Allí el rey se limitó a manifestar que pondría el asunto en manos de su nuevo señor feudal, el papa, y escribió a Roma.

La narración de los dimes y diretes de la negociación sería demasiado prolija y excede el contenido de esta entrada. Baste decir que finalmente las partes llegaron a un acuerdo. A mediados de junio los rebeldes remitieron al rey un documento conocido como «Los Artículos de los Barones» conteniendo sus reclamaciones plasmadas en cuarenta y nueve puntos relativos a la administración de justicia, las tasas sobre herencias y matrimonios, los tutelajes reales (en el caso de nobles que se quedaban huérfanos siendo menores), las condiciones del comercio en el país, el servicio de armas fuera del reino, la independencia de la Iglesia y la extensión de los bosques reales.Las discusiones parecían ir para largo cuando, el 15 de junio, el rey apareció en el escenario de la negociación y puso su sello en el documento. Así las cosas, los rebeldes tomaron la decisión de dar por bueno el mismo y el 19 de junio de 1215 tuvo lugar una ceremonia en Runnymede en la que los barones desafectos volvieron a jurar obediencia a Juan Sin Tierra. El rey, los rebeldes y otros notables del reino juraron respetar las disposiciones contenidas en el acuerdo, al que se denominó Magna Carta Libertatum, traducida al inglés medieval como Magna Carta que, al contrario que otras cartas magnas posteriores, no tenía carácter de constitución. No obstante, a lo largo de los siglos fue la referencia constante para las principales normas inglesas y terminó llegando a sus colonias americanas y siendo una de las fuentes inspiradoras de la Constitución de los Estados Unidos.

170px-magna_charta_cum_statutis_angliae_p1Pero desde el mismo momento en que puso su sello en Magna Carta, Juan sin Tierra hizo todo lo posible para anular sus efectos y contó para ello con el apoyo del papa Inocencio III que denunció el documento como nulo y excomulgó a sus impulsores. Los nobles reanudaron su rebelión, pidieron ayuda al rey Felipe de Francia y mientras la esperaban se refugiaron en el poderoso castillo de Rochester, donde fueron sitiados por las fuerzas reales.

Rochester era uno de los más formidables castillos de Inglaterra. Su torre de 125 pies era la más alta del país y se encontraba estratégicamente situado en la ruta entre Londres y Dover en el estuario del río Medway. Como su nombre indica, el río divide las partes norte y sur de Kent y quien poseyera el castillo controlaba las rutas de y hacia Londres.

El 13 de octubre de 1215, Juan sin Tierra se hizo cargo personalmente del sitio de Rochester. La ciudad cayó rápidamente en sus manos, pero la fortaleza era cuestión muy distinta y mucho más complicada, por sus fuertes defensas. La maquinaria de ataque del ejército real consiguió minar parte de las defensas del castillo y los defensores se retiraron a la gran torre, donde continuaron resistiendo durante más de un mes.

El 25 de noviembre la paciencia de Juan sin Tierra se agotó y decidió cortar por lo sano y tratar de destruir por el fuego la parte más vulnerable de la impregnable torre del castillo de Rochester: su estructura de madera. La pólvora era desconocida por entonces en Inglaterra, por lo que se necesitaba otro tipo de combustible. El Plantagenet tuvo entonces una idea: ordenó a sus hombres que le trajeran cuarenta cerdos, «los más gordos y menos útiles para servir como alimento», los colocó bajo la estructura de madera de la torre y mandó prenderles fuego.

La grasa de los desdichados animales ardió con fuerza y prolongadamente, por lo que finalmente una sección en la parte sudeste de la torre se derrumbó. Aunque los defensores del castillo lucharon bravamente, se encontraban debilitados por la falta de alimentos tras un mes de asedio y terminaron cediendo y rindiéndose el 30 de noviembre. Juan sin Tierra quiso vengarse de las vidas, el tiempo y el esfuerzo que le había costado tomar el castillo y colgar a toda su guarnición, pero sus consejeros le persuadieron del efecto contagio que tendría este acto para la rebelión y finalmente solo uno de los defensores de Rochester fue colgado, mientras el resto era enviado como prisionero a diversos castillos.

La toma del castillo de Rochester no puso ni mucho menos fin a la rebelión y la primavera siguiente un ejército francés al mando del delfín luis desembarcó en Inglaterra… pero esa es otra historia, parte de ella contada en las entradas dedicadas a Nicholaa de la Haye y Blanca de Castilla.

Fuente| Marc Morris. King John: Treachery, Tiranny and the road to Magna Carta

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