¿Sabías por qué el primer país que publicó «Doctor Zhivago» fue Italia?

A mediados de los años 50 del siglo XX, Boris Pasternak era un veterano y prestigioso poeta ruso que había sobrevivido a los más duros años del estalinismo y que veía como se abrían algunas grietas en el hasta entonces monolítico régimen soviético. Stalin había muerto en 1953 y le había sustituido Nikita Krushchev, un hombre que proyectaba al mundo una imagen mucho más amable y que incluso había pronunciado un revolucionario discurso el 20 de febrero de 1956 durante el XX Congreso del PCUS en el que denunciaba los crímenes de su antecesor. Un discurso que tuvo un recorrido curioso y que con el tiempo se llegó a conocer como El discurso secreto… pero esa es otra historia.

En esas circunstancias parecía lógico que la primera novela de un gran poeta ruso como Pasternak viera la luz en su país. Si esa novela era ni más ni menos que Doctor Zhivago, la obra que valió a su autor la concesión del Premio Nobel, que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo y que dio origen a una celebérrima película de David Lean, para un lector de hoy esta conclusión parecería obvia.

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Giangiacomo Feltrinelli

Sin embargo no fue así. El primer país en el que el libro de Pasternak se publicó no fue Rusia, sino Italia. Concretamente la pequeña editorial milanesa propiedad de Giangiacomo Feltrinelli fue la que pasó a la historia de la literatura por ser la primera que dio a conocer al mundo la historia del doctor Yuri Zhivago y Lara. Pero, ¿cómo llegó a manos del editor italiano el manuscrito original de Pasternak y, sobre todo, por qué la novela no se publicó en la URSS si aparentemente habían pasado los peores años de la represión estalinista?

Para dar respuesta a esta pregunta tenemos que situarnos en la dacha que Boris Pasternak tenía en Peredelkino y en la que recibió a dos visitantes el 20 de mayo de 1956. Peredelkino era la localidad que el régimen había concebido como residencia de los principales escritores y poetas del país a fin de que pudieran enfocar sus creaciones para mayor gloria de la URSS. Stalin no concebía la literatura sino como un medio de propaganda para contribuir al esfuerzo del régimen comunista.

Pasternak, que en 1956 tenía sesenta y seis años, llevaba alrededor de treinta residiendo en Peredelkino. Había dedicado los diez últimos años a la que sería su obra cumbre: Doctor Zhivago. El argumento del libro es bien conocido y no me detendré en exceso en el mismo. Baste decir que los primeros años de la revolución soviética y del régimen comunista no salían excesivamente bien parados.

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Un joven Boris Pasternak

Pasternak había enviado a finales de 1955 el manuscrito de su novela a la editorial literaria estatal, Goslitizdat, y no había recibido ninguna respuesta por parte de la misma. Tampoco revistas literarias como Znamia Novi Mir habían publicado extractos de la novela. Esa era la situación cuando, como hemos dicho, Pasternak recibió a dos visitantes en su dacha el 20 de mayo de 1956. Uno de ellos era un funcionario soviético que trabajaba en Radio Moscú, de nombre Vladlen Vladimirski. El otro era un extranjero, un italiano de nombre Sergio D’Angelo.

D’Angelo era un miembro del partido comunista italiano que dominaba el ruso y llevaba unos meses trabajando en Radio Moscú. Había leído alguna noticia sobre la próxima publicación de la novela de Pasternak. Cuando iba a salir hacia Rusia, D’Angelo había recibido el encargo de tantear el mercado ruso para una editorial italiana recién fundada en Milán por otro miembro del partido,  Giangiacomo Feltrinelli. Pasternak y su novela parecían un objetivo perfecto para esta tarea y pidió a Vladimirski que le concertara una entrevista con el famoso escritor.

D’Angelo explicó a Pasternak que estaba en Moscú por iniciativa del partido comunista italiano y que emitía desde Radio Moscú un programa de radio internacional en italiano que vendía al mundo las bondades del régimen soviético. También le comentó su otra actividad: la de agente literario de un joven editor milanés,  Giangiacomo Feltrinelli. Le contó que el editor, aunque de familia rica y de gran arraigo empresarial, era miembro destacado del partido comunista y había creado recientemente una editorial que estaba interesada en publicar y dar a conocer obras de la nueva literatura soviética. Publicar la primera novela de Pasternak sería un honor para ellos.

El escritor ruso contestó que su libro no iba a ser publicado en la URSS porque se salía de las directrices oficiales del partido. D’Angelo argumentó que las cosas estaban cambiando en la Unión Soviética desde la muerte de Stalin. Le propuso llevar una copia del manuscrito a Feltrinelli para que fuera traducido al italiano con el compromiso de que Doctor Zhivago solo se publicaría en Italia después de que lo hiciera en Rusia. Le recordó sus vínculos y los de su editor con el partido comunista italiano.

Pasternak era plenamente consciente del riesgo que suponía para un autor soviético que una obra suya viera la luz en el extranjero sin haber sido antes publicada en su país y sin el visto bueno de las autoridades. En 1929, su vecino en Peredelkino Boris Pilniak había sido acusado de organizar la publicación fuera de la URSS de su obra Caoba, cuyo peor pecado era pintar una imagen positiva del gran enemigo de Stalin, Leon Trotski. Aunque la acusación era falsa, durante los años siguientes Pilniak se vio sometido a una brutal campaña de desprestigio e insultos que culminaron una noche de octubre de 1937. Mientras celebraba en Peredelkino el cumpleaños de su hijo junto con, entre otros, el matrimonio Pasternak, Pilniak fue detenido y poco después ejecutado. Todas sus obras fueron retiradas de las bibliotecas y destruidas. Su esposa pasó diecinueve años en un gulag y a su hijo lo crió su abuela en Georgia.

En 1956 Pasternak llevaba algunos años cada vez más alejado de la ortodoxia del régimen. Se había negado a firmar peticiones de ejecución de supuestos enemigos del Estado, había suscrito peticiones de clemencia para acusados de delitos políticos y discrepaba de la línea oficial en reuniones de escritores rusos («no me gritéis. Pero si no tenéis más remedio que gritarme, al menos no lo hagáis al unísono», pronunció en una asamblea de escritores). Al veterano autor no le quedaba ninguna duda del impacto que causaría la publicación de una obra como la suya en Occidente.

Pasternak tomó una decisión. Contestó a D’Angelo que su condición para entregar el manuscrito a Feltrinelli no era que esperase a su publicación en la URSS, sino que se comprometiese a hacer llegar la obra a editores en otras lenguas, especialmente ingleses, franceses y alemanes. D’Angelo contestó que Feltrinelli desearía con toda seguridad vender los derechos del libro para el resto del mundo. Según la obra El expediente Zhivago, que ha servido de fuente a esta entrada, cuando Pasternak entregó el manuscrito de la novela a D’Angelo, le dijo:«queda usted invitado a mi ejecución».

220px-drzhivago_asheetEl resto es historia. Il dottor Zhivago se publicó en Italia en la editorial Feltrinelli en 1957, a pesar de las presiones de la URSS y del partido comunista italiano para que la  obra no viera la luz. Fue un éxito inmediato y fue rápidamente traducida y publicada en todo el mundo, salvo en su país. Fue la causa última de que a Boris Pasternak, que ya había estado nominado en varias ocasiones, se le concediera el Premio Nobel en 1958 y logró fama mundial en 1965 cuando David Lean adaptó el libro a la gran pantalla con Omar Shariff en el papel de Yuri Zhivago, con Julie Christie como Lara y con una inolvidable banda sonora de Maurice Jarre.

 

La reacción en la Unión Soviética fue bien diferente. No solo no se publicó la novela en el país (no lo haría hasta 1988), sino que se produjo una furibunda campaña en contra de la obra y de su autor y se le prohibió asistir a la ceremonia de entrega del Premio Nobel, galardón que se calificó de provocación antosoviética. Fue en 1989 cuando su hijo recibió el premio en nombre de su padre, fallecido en 1960.

Como comentaba, Doctor Zhivago no vio la luz en Rusia y en ruso hasta 1988. Sin embargo, en la Feria Mundial de Bruselas en septiembre de 1958 empezó a circular una lujosa edición en ruso de la novela que se entregó a los visitantes soviéticos en el pabellón del Vaticano. El origen de esta edición ha sido durante muchos años un misterio y siempre se ha ligado a la CIA… pero, nuevamente, esa es otra historia.

Fuente| Peter Finn y Petra Couvier. El expediente Zhivago.

Imagen| Wikimedia Commons.

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