La gestación del asesinato de Trotski

El 20 de agosto de 1940, el español al servicio de la inteligencia soviética Ramón Mercader hirió con un piolet al exlíder de la revolución bolchevique Lev Davidovich Bronstein Trotski, en su exilio en México. Trotski falleció al día siguiente a consecuencias de la herida sufrida. La presente entrada es un relato de la gestación del asesinato según la narración efectuada por el jefe de Operaciones Especiales del NKVD y organizador del operativo del asesinato de Trotski, Pavel Sudoplatov, en su libro Operaciones Especiales. 

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Pavel Sudoplatov

Sudoplatov, nacido en Ucrania en 1907, se incorporó en 1922 a la división de transmisiones del Ejército Rojo en Ucrania y de allí pasó a los servicios de seguridad, el entonces OGPU, en 1927. Posteriormente fue asignado a la división de Operaciones Especiales, para la que realizó diferentes actividades en Europa, como el asesinato del líder opositor ucraniano Yevguen Konovalets, ya narrada en el blog. Tras esta acción, llevada a cabo en Rotterdam en mayo de 1938, Sudoplatov se refugió en Barcelona, en la zona republicana de la Guerra Civil española. Allí conoció a Caridad Mercader y a su hijo de veinte años, Ramón.

En marzo de 1939, y siempre según su relato, Sudoplatov fue requerido para una reunión urgente por el jefe de la inteligencia soviética, Lavrenti Beria. No muy seguro de si iba a ser objeto de una de las muchas purgas que se produjeron en esos años, Sudoplatov se vio sorprendido cuando fue conducido al Kremlin y a la presencia de Stalin. Allí Beria le confirmó su nombramiento como subdirector del Departamento de Extranjero del NKVD, al mando de las operaciones especiales en el cumplimiento de las órdenes del gobierno. La principal misión de su departamento era activar a la red de agentes comunistas en el mundo de cara al inminente conflicto bélico. Sin embargo, muchos de estos agentes, simpatizantes izquierdistas, estaban siendo objeto de infiltración por parte del movimiento en el exilio de Trotski, que competía con la Unión Soviética en el objetivo de ser considerados como la vanguardia del movimiento comunista mundial. Un objetivo prioritario de la red de Sudoplatov tenía que ser teminar con la amenaza del trotskismo en el mundo.

Después de la muerte de Lenin en 1923, se había producido una cruenta lucha por la sucesión en el liderazgo de la Unión Soviética entre Stalin y Trotski. Tras salir derrotado en la misma, Trotski se vio forzado a dejar el país en 1929 y, después de por Turquía, Noruega y Francia, se instaló en México en 1939. Desde allí, siguió combatiendo a Stalin, esta vez en la lucha por liderar el movimiento comunista internacional.

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Stalin

 A continuación tomó la palabra Stalin, a quien cita Sudoplatov: «En el movimiento trotskista no hay figuras políticas importantes aparte del propio Trotski. Eliminado Trotski, la amenaza desaparece. Sin la eliminación de Trotski no podemos confiar en nuestros aliados de la Internacional Comunista». El líder soviético repasó entonces los previos fracasos en los intentos de terminar con Trotski e incidió en que «debe ser eliminado antes de que acabe el año y la guerra estalle irremediablemente».

Sudoplatov indicó a Stalin y Beria que, dado que Trotski se encontraba en México y que él no hablaba español, sería conveniente recurrir a veteranos de las operaciones del NKVD en la Guerra Civil española, a lo que Stalin accedió, requiriéndole que informara del progreso de la operación a Beria y recalcándole que toda la responsabilidad de la misma recaería en el propio Sudoplatov.

Aunque el NKVD tenía desde hacía años agentes inflitrados en el entorno de Trotski, la desconfianza en los mismos después de las recientes purgas instadas por Stalin, llevaron a Sudoplatov y a su colaborador Leonid Eitingon a decidir encargar la misión a agentes de Europa occidental y Latinoamérica que no hubieran intervenido en operaciones anteriores contra el trotskismo. Uno de estos agentes era el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, que había participado en la Guerra Civil y era uno de los dirigentes del partido comunista mexicano.

Además del grupo de Siqueiros, Sudoplatov puso sus ojos en sus conocidos de la época de la Guerra Civil en Barcelona, Caridad Mercader y su hijo Ramón. Nieta de un embajador español en la corte zarista, Caridad se había separado de su esposo a principio de los años 30 y se había instalado en París con sus cuatro hijos. Regresó a Barcelona al estallar la Guerra Civil en la que murió su hijo mayor y Ramón combatió en el lado republicano. A finales de 1938 ambos habían regresado a París donde fueron reclutados por el NKVD y se infliltraron en el movimiento trotskista, aunque Ramón fue instruido de no pasar de demostrar su simpatía por el movimiento y darle apoyo financiero ocasional, pero sin unirse al mismo. Conoció en septiembre de 1938 a Silvia Aguelov, que luego sería secretaria de Trotski.

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Leonid Eitingon

En junio de 1939 Sudoplatov y Eitingon se reunieron por separado en París tanto con Siqueiros y su grupo como con los Mercader, ignorantes unos de la existencia de los otros. Sudoplatov regresó a Moscú y Eitingon dedicó unas semanas a completar la instrucción de los Mercader, que zarparon hacia Nueva York en agosto de 1939. Estaba previsto que Eitingon se les uniera semanas después, pero le sorprendió el inicio de la guerra y no pudo usar el pasaporte polaco con el que se encontraba en París. Hasta octubre no pudo llegar a Nueva York, cuando Ramón ya se encontraba en México, bajo un pasaporte canadiense a nombre de Frank Jackson. Mercader viajaba regularmente a Nueva York para verse con Eitingon.

A partir de entonces los dos grupos de agentes se pusieron a la tarea, ignorantes de la existencia cada uno del otro. Mientras el grupo de Siqueiros se centraba en planear un asalto a la villa que el pintor Diego Rivera había alquilado a Trotski, Mercader retomó la relación, ya íntima, con Sivlia Aguilov mientras mantenía su tapadera de excéntrico adinerado simpazitante del trotskismo al que apoyaba financieramente pero sin implicarse activamente en el movimiento.

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David Alfaro Siqueiros

El primer intento de asesinar a Trotski, fue una escandalosa y chapucera acción que constituyó un estrepitoso fracaso. El 23 de mayo de 1940 el grupo de Siqueiros, compuesto por campesinos y mineros con escasa formación como comandos, asaltó el edificio y lo sometió a un indiscriminado tiroteo, pero no lograron alcanzar a Trotski (que se escondió debajo de su cama) ya que los asaltantes se olvidaron de abrir la puerta de su dormitorio.  Siqueiros fue detenido.

El informe de Eitingon sobre lo ocurrido tardó en llegar a Sudoplatov, de manera que Stalin y Beria se enteraron del fracaso literalmente por la prensa, lo que costó una seria reprimenda a Sudoplatov, pero finalmente se acordó mantener la confianza en Eitingon e instarle a que buscara un plan alternativo para liquidar a Trotski.

Eitingon se reunió con Caridad y Ramón Mercader. Decidieron que sería más factible intentar atacar a Trotski con un cuchillo o algo similar que con un arma de fuego, ya que sería más fácil de ocultar. En la Guerra Civil Ramón ya había matado de esa forma al centinela de un puente que su grupo iba a volar.

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Ramón Mercader

El relato de lo ocurrido a continuación es el que Sudoplatov afirma que le contó el propio Mercader en Moscú en 1969. El 20 de agosto de 1940 Mercader visitó a Trotski en su residencia armado con un piolet y un cuchillo y consiguió quedarse a solas con él en su estudio con el pretexto de pedirle aclaraciones sobre un artículo que había escrito. Mientras Trotski estaba concentrado en la lectura, Mercader sacó el piolet y se dispuso a clavárselo. En el último momento, Trotski giró la cabeza y el golpe del piolet se desvió, lo que hizo que no muriera en el acto. Trotski gritó pidiendo ayuda y Mercader se puso nervioso y no acertó a sacar el cuchillo y terminar la tarea. Entraron los guardaespaldas de Trotski y redujeron a Mercader. El antiguo líder de la revolución bolchevique murió al día siguiente en el hospital al no poder hacer nada los médicos para recuperarle de la herida sufrida en la cabeza.

El plan era que Mercader matara a Trotski de manera silenciosa y pudiera huir por el jardín antes de ser descubierto. Eitingon y Caridad, que le esperaban en un coche fuera, se dieron rápidamente cuenta de que las cosas no marchaban según lo planeado al ver el revuelo que se produjo en el interior de la casa. Ambos huyeron a Cuba.

En la cárcel, Mercader mantuvo su falsa identidad como Frank Jackson, ciudadano canadiense y se atuvo a la versión que había preparado con Eitingon; que había matado a Trotski porque había aconsejado a Silvia Aguilov que no se casara con él, porque había descubierto que sus aportaciones económicas se destinaban a uso personal de Trotski y no para la causa y porque Trotski había intentado convencerle de que se uniera a un grupo que pretendía asesinar a Stalin y otros líderes comunistas. Para entorpecer la investigación, Mercader se puso en huelga de hambre.

La identidad de Mercader no se desveló hasta 1946, cuando un miembro del Partido Comunista español pariente de Caridad, al que esta vio en la Unión Soviética y al que le había contado el secreto, desertó a Occidente y destapó la historia. Mercader reconoció a las autoridades mexicanas su identidad, pero siguió manteniendo que había actuado por motivos personales y no como agente del NKVD. En la prisión, Mercader y una de las mujeres que cuidaban de él se enamoraron y contrajeron matrimonio. Fue puesto en libertad en agosto de 1960 y viajó con su esposa a Moscú, donde fue condecorado, nombrado miembro del Partido y premiado con una dacha y una pensión equivalente a la de un general de división retirado. A mediados de 1970 viajó a Cuba donde actuó como asesor de Fidel Castro y donde murió en 1978.

Curiosamente, mientras Mercader vivía cómodamente en Moscú en la década de los sesenta, Sudoplatov y Eitingon se encontraban en bastantes peores condiciones, como prisioneros del régimen… pero esa es otra historia

Imágenes| Wikimedia Commons

Fuente| Pavel Sudoplatov. Operaciones Especiales.

 

 

 

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