Los complicados inicios del reinado de Enrique III de Inglaterra

El rey de Inglaterra Juan sin Tierra, de infausto recuerdo, falleció en Newark-on-Trent el 19 de octubre de 1216. A su muerte, Juan dejaba un reino dividido, con un ejército invasor francés (liderado por el delfín Luis, al que habían llamado los nobles rebeldes contra el fallecido rey) campando a sus anchas por el país y la persona menos indicada para hacerse cargo de todos los problemas que se le vinieron encima al heredar la corona: su hijo de apenas nueve años de edad, Enrique III. Tenía un reinado complicado e incierto por delante. Complicado lo fue, pero no efímero como podía parecer. De hecho fue el rey inglés que más años ocupó el trono hasta la reina Victoria. A pesar de ello, su nombre ha pasado casi desapercibido para la historia, emparedado entre dos figuras tan carismáticas (para bien y para mal) como su padre Juan sin Tierra y su hijo Eduardo I Longshanks.

Si la muerte de un rey siempre supone un hito importante en la historia del reino en cuyo trono se sienta, por la huella que su personalidad ha dejado en el mismo y por la incertidumbre por el futuro que deparará el nuevo monarca, en el caso de Inglaterra y de Juan sin Tierra este se vio reforzado por las circunstancias de guerra civil en que se encontraba el país. Buena parte de las causas de la rebelión se debían a la relación entre el rey y sus nobles desafectos, y a la muerte de Juan algunos de estos barones consideraban que no tenían nada en contra de su nuevo soberano, que no dejaba de ser un niño de nueve años. Además, el joven rey llegó bajo la sombra protectora de un hombre de enorme ascendente para toda la nobleza del país, del que ya hemos hablado en otras ocasiones: William Marshal. Su biografía, redactada en cierto tono hagiográfico, cita a Marshal en tan solemne momento: «Si todo el mundo abandona al chico menos yo, ¿sabéis qué haré? Lo cargaré sobre mis hombros e iré con él de isla en isla y de condado en condado, aunque tenga que rebuscar para conseguir mi ración diaria de pan».

La ceremonia de coronación de Enrique III se llevó a cabo en la abadía de Gloucester, pues el lugar habitual (Westminster) se encontraba en manos rebeldes y era urgente dar la apariencia de continuidad dinástica que el reino requería. En aquel lugar austero y poco concurrido, Enrique estaba arropado por el ya citado Marshal, por el justicia del reino Hubert de Burgh (fiel servidor del rey fallecido), por el obispo de Winchester Peter des Roches y por el legado papal Bicchieri, que recordó a todo el mundo que Inglaterra era un reino feudal de Roma y que se encontraba bajo la protección de la Iglesia, pues así lo había acordado Juan sin Tierra.

A pesar de sus casi setenta años, Marshal desplegó una tremenda energía para liberar a Inglaterra del yugo del príncipe galo y de los barones que le habían llamado. El 20 de mayo de 1217 lideró personalmente una carga de la caballería inglesa contra el ejército francés que asediaba Lincoln junto con sus aliados rebeldes. La victoria de Marshal fue total y el enemigo huyó en desbandada, mientras que los barones desafectos fueron capturados. En la entrada del blog dedicada a Nicholaa de la Haye hablé en detalle de esta batalla.

Posteriormente, en agosto, Hubert de Burgh consiguió otra resonante victoria contra los franceses, esta vez en el mar, en Sandwich, contra una flota de ochenta barcos que zarpó desde Calais y que había sido reunida por la esposa del príncipe, Blanca de Castilla. El príncipe Luis se dio cuenta de que sus opciones de ceñir la corona inglesa podían darse por perdidas y regresó humillado a Francia, reconociendo después a Enrique como rey de Inglaterra en el tratado de Kingston. William Marshal, cuyo padre le entregó de niño como rehén al rey Esteban y que había servido a todos los reyes Plantagenet (a Enrique II y a sus hijos Enrique el Joven, Ricardo I y Juan I), hizo un último favor a la familia al asegurar el trono del nieto del primer rey de la dinastía antes de morir en 1219.

En su lecho de muerte, Marshal aconsejó a Enrique III que se pusiera bajo la tutela del nuevo legado papal, Pandulph. Enrique hizo caso solo en parte a la recomendación y, si bien situó a Pandulph como uno de sus más próximos consejeros, compartió esta posición con los ya antes mencionados Peter des Roches y Hubert de Burgh. El 17 de mayo de 1220 se produjo la segunda coronación de Enrique, esta vez sí en Westminster y con toda la parafernalia, y a partir de ahí el joven rey se decantó por De Burgh, hasta el punto de que Des Roches acabó uniéndose a las cruzadas.

Coronado ya en Westminster y asentado en el trono, Enrique III podía dedicarse a la tarea de gobernar el país. No le iba a resultar fácil… pero esa es otra historia.

Imagen| Wikimedia Commons

Fuentes|

Dan Jones. Plantagenets, The Kings Who Made England.
Peter Ackroyd. A History of England Volume I (Foundations).
Roy Strong. The Story of Britain.
Simon Schama. A History of Britain.
Derek Wilson. The Plantagenets, The Kings That Made Britain.
Marc Morris. King John: Treachery, Tyranny and the Road to Magna Carta.

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