El ermitaño que gobernó Flandes fingiendo ser el emperador de Constantinopla

Flandes 1224. La situación política en el condado era compleja. En 1214 había tenido lugar la batalla de Bouvines, en la que resultó derrotada una coalición contra el rey Felipe Augusto de Francia de la que formaban parte como elementos más destacados el emperador Otón de Brunswick, el conde de Salisbury Guillermo Longsword (hermanastro y representante de Juan sin Tierra)el conde Renaud de Boulogne y el conde Ferrand de Flandes. Este fue hecho prisionero tras la batalla y permaneció más de diez años cautivo de los reyes de Francia, primero el propio Felipe Augusto y luego su hijo Luis VIII.

En ausencia del conde cautivo, gobernaba Flandes su mujer Juana. De hecho, era ella la titular del condado, que había heredado de su padre Balduino. Este había sido un personaje muy significado en el juego de alianzas tanto en Europa como en ultramar  en los últimos años del siglo XII y primeros del siglo XIII. Había apoyado al rey inglés  Ricardo Corazón de León en sus luchas con Felipe Augusto de Francia y posteriormene había formado parte de la Cuarta Cruzada, lanzada por el papa Inocencio III en 1198.

Los dirigentes de esta cruzada se habían implicado de manera muy directa en la lucha por el trono del imperio romano oriental de Constantinopla. Inicialmente apoyaron a Alejo IV Ángelo, que subió al trono bizantino en 1203. Cuando este fue depuesto en 1204, los cruzados, con el apoyo de Venecia, decidieron intervenir directamente y fundaron el llamado Imperio Latino de Constantinopla, designando a Balduino de Flandes como primer emperador, con el nombre de Balduino I.

Si la duración de este imperio fue efímera (hasta 1261), más todavía lo fue el período en el trono de Balduino I. En 1205 se dirigía a repeler una rebelión en Bulgaria cuando su tropa fue objeto de una emboscada y Balduino, según las noticias que llegaron a Occidente, fue ejecutado. Le sucedió en el trono latino su hermano Enrique.

Volviendo a Flandes y al año 1224, como decía, la situación en el condado era complicada. Existía un importante descontento entre diversos nobles con el gobierno de Juana. En ese momento se propagó por todo el condado la noticia de que en el bosque de Glançon vivía un ermitaño de asombroso parecido con el desaparecido emperador Balduino I. Este ermitaño afirmaba ser el emperador que había sido hecho prisionero tras la emboscada de 1205 y que había conseguido huir.

Las historias de cruzados que regresaban a casa años después de que se les diera por muertos no eran desconocidas en la Europa de la época. Algunos de los que le habían conocido dijeron reconocer a Balduino en él, aunque otros como su secretario Gualterio de Courtrai manifestaron lo contrario. Es posible que entre los que señalaron que era el viejo conde hubiese quien lo hiciese de buena fe. Pero otros simplemente trataron de sacar partido de una situación que les era favorable para solucionar sus cuitas con Juana. Así, los nobles descontentos le recibieron como si fuera el viejo conde, se pusieron a sus órdenes y le llevaron en procesión de ciudad en ciudad donde él representaba el papel a la perfección, incluso enseñando las cicatrices adquiridas en la cruzada. Fue coronado como conde el día de Pentecostés; Juana fue expulsada del condado y los conspiradores se hicieron con el dominio de Flandes, con el supuesto Balduino ejerciendo como conde.

Pero Juana tenía muy claro que el ermitaño no era su padre, y pidió la ayuda y protección del rey Luis VIII de Francia. Luis decidió ser prudente; no en vano el verdadero Balduino era su tío. En primer lugar envió a Flandes a su otra tía y hermana del conde, Sibila de Beaujeu, que tuvo claro que sin lugar a dudas se trataba de un impostor.

Sibila aconsejó al supuesto Balduino que se presentara ante el rey de Francia indicándole que, si de verdad era el emperador, Luis le recibiría con los honores debidos a su cargo. Cuando el rey de Francia le convocó, el ya ejerciente conde de Flandes se presentó; se comportaba con gran seguridad y de manera desafiante. Sin embargo acompañaban a Luis hombres que habían conocido bien al verdadero conde y que le plantearon preguntas como dónde se había casado con su esposa o dónde había sido armado caballero por Felipe Augusto. El supuesto Balduino no contestó, pidió que le sirvieran la cena y que le dejaran descansar y afirmó que contestaría a las preguntas al día siguiente.

Para entonces Luis VIII tenía muy claro que se encontraba ante un charlatán cuya locura y orgullo le irritaron sobremanera. A pesar de ello se comportó con generosidad con él: le concedió un plazo de tres días para que abandonase Francia e incluso le dio un salvoconducto. El ermitaño, viéndose descubierto, hizo caso del consejo y huyó. Descubierta la farsa, Juana pudo volver a recuperar el dominio del condado de Flandes. En cuanto al falso Balduino, fue descubierto cuando se encontraba en Borgoña y entregado a Juana en 1225; ella ordenó que fuera ahorcado en Lille sin siquiera someterlo a juicio.

Este episodio tuvo como efecto el que las deterioradas relaciones entre Francia y Flandes mejoraran por un tiempo y que se plantease incluso la liberación del conde Ferrand de su largo cautiverio francés … pero esa es otra historia.

Fuentes| Régine Peroud. La reina Blanca de Castilla.

                 Georges Duby. El domingo de Bouvines.

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