Terminamos la entrada dedicada a la revolución turca de 1908 con la deposición del sultán Abdul Hamid II el 24 de abril de 1909 y la coronación para sustituirle de su hermano Mohamed V. Pero la revolución no solucionó los problemas internos del imperio. Y uno de ellos estaba a punto de estallar con una inusitada violencia que daría lugar a un episodio que aun hoy sigue levantando ampollas entre Turquía y el resto del mundo: la cuestión armenia.

Los armenios formaban una comunidad diferenciada por su etnia y por su religión cristiana, frente a la mayoría musulmana del imperio. Pero a diferencia de otros movimientos nacionalistas de finales del siglo xix y principios del xx, no estaban localizados en una ubicación física concreta y vinculada a su identidad nacional, sino que se encontraban dispersos por los imperios turco y ruso, siendo Estambul el principal lugar de concentración de armenios.

Esto hacía imposible que plantearan sus reivindicaciones de creación de un estado propio vinculadas a una localización del mismo. Era preciso el apoyo de una o más de las grandes potencias internacionales para el reconocimiento de su causa como paso previo a la discusión sobre la posible ubicación de un estado armenio. Ya en el Tratado de Berlín de 1878, además de obligar al imperio otomano a ceder a Rusia tres provincias en las que habitaba un elevado número de armenios, se acordó exigir a Turquía que pusiera en marcha las «mejoras y reformas que exigiera la satisfacción de de las aspiraciones locales de las provincias de población armenia». Esta mención no respondía totalmente a las pretensiones de la delegación armenia (que reivindicaba tres provincias del imperio otomano), pero sí era suficiente para generar resquemor y desconfianza en la mayoría turca del imperio.

Por ese motivo, desde 1880 el gobierno turco puso todo su empeño en cortar los vínculos del nacionalismo armenio con Rusia y Gran Bretaña y en combatir a los principales activistas armenios con todos los medios represores a su alcance. Fuera del imperio surgieron dos movimientos que aglutinaron el activismo armenio, uno de ellos en Ginebra («Hentchak») y otro en Rusia(«Dashnack»). Las actividades de ambas incluían acciones en las regiones del imperio otomano con presencia armenia; la represión de estas (que los turcos calificaban como terrorismo) era presentada por la propaganda de las organizaciones nacionalistas ante las potencias europeas con la esperanza de que provocase una intervención en defensa de la población armenia.

La consecuencia que esta línea de acción produjo, inevitablemente, fue un aumento de la tensión entre la población cristiana armenia y la musulmana de las provincias afectadas, especialmente en la Anatolia oriental. El primer choque, en 1894, se produjo en el sureste de Anatolia, entre los nómadas kurdos y los campesinos armenios de la región. Los armenios pagaban sus correspondientes impuestos a los funcionarios del imperio y no estaban dispuestos a pagar un tributo adicional a los kurdos por su «protección». Los activistas armenios hicieron suya la causa de los campesinos, que iniciaron una revuelta para hacer públicas sus protestas; el imperio otomano envió una fuerza militar, de la que formaba parte un contingente kurdo, que reprimió la revuelta con el asesinato de miles de campesinos armenios. Las noticias de esta matanza llegaron a los medios de las potencias europeas, por lo que puede decirse que el objetivo pretendido por el movimiento nacionalista armenio se consiguió, aunque a un precio terrible.

La siguiente acción de la «Hentchak» iba dirigida directamente al corazón del imperio. Convocaron una marcha en septiembre de 1895 en la misma capital, Estambul, exigiendo reformas en la Anatolia oriental (a la que denominaban Armenia turca), que incluían el nombramiento de un gobernador general cristiano de la región y el reconocimiento del derecho de los campesinos armenios a portar armas para defenderse de los kurdos. Avisaron previamente de dicha marcha tanto a las autoridades imperiales como a las embajadas europeas. En la marcha se produjeron enfrentamientos entre los manifestantes armenios y el ejército, así como con la población musulmana. Más de sesenta armenios resultaron muertos y la protesta europea hizo que el sultán se viese obligado a promulgar un decreto anunciando reformas en las seis provincias del imperio con población armenia.

Con ello solo consiguió enfurecer a la población musulmana de dichas provincias que se veía amenazada al entender que era un paso previo a la independencia de las mismas, lo que implicaría que tendrían que emigrar o someterse a un poder cristiano. Reaccionaron con una brutal e indiscriminada matanza de los armenios de la región; según las fuentes el número de víctimas armenias en 1895 puede calcularse entre las 40.000 y las 300.000.

Y cuando un año después un intento fallido de atentado de la Dashnack en Estambul se saldó con un pogromo de los musulmanes contra los armenios de la capital (se estima que murieron 8.000 personas) y con la condena del atentado por las potencias europeas, los activistas armenios se vieron obligado a cambiar de estrategia. Decidieron canalizar sus aspiraciones a través de los movimientos reformistas internos del imperio de los que hablamos en la entrada anterior: el CUP (Comité para la Unión y el Progreso) y los Jóvenes Turcos. Así, la Dashnack llegó a obtener catorce representantes en el parlamento turco de 1908.

Pero las esperanzas de obtener por la vía política sus fines se vieron frustrados en la ya también comentada contrarrevolución de 1909. Aprovechando el desconcierto provocado por la situación política, más de veinte mil armenios fueron brutalmente asesinados en la ciudad de Adana. Tras la destitución del sultán Abdul Hamid II y la vuelta al poder de los Jóvenes Turcos, estos consiguieron tranquilizar a los activistas armenios de la Dashnack y mantener a esta formación dentro del CUP. Para ello mandaron a un alto representante a Adana con instrucciones de restablecer el orden en la ciudad, devolver sus propiedades a los armenios supervivientes y castigar a los responsables de la matanza (según ese alto representante, Cemal Pachá, más de treinta musulmanes fueron ejecutados por su participación en la matanza).

Aún así, la cuestión armenia estaba muy lejos de haber sido solucionada, desgraciadamente. No sería el único problema que tuvo que afrontar el nuevo gobierno democrático del país instaurado en 1909 … pero esa es otra historia.

Fuente| Eugene Rogan: La caída de los otomanos.

Imagen| Adana massacre. Vía Wikimedia commons