En las entradas del blog rotuladas genéricamente “de cómo se llegó a la Primera Guerra Mundial”, hemos hablado anteriormente del polvorín serbio (I y II) y del rompecabezas austrohúngaro (I , II y III). Toca ahora analizar lo ocurrido en el imperio otomano.

En julio de 1908 el ejército otomano de Macedonia se sublevó exigiendo la restauración de la constitución del país de 1876 y la recuperación del gobierno parlamentario. El destinatario de estas peticiones era el sultán Abdul Hamid II, que había subido en el poder precisamente en 1876, tras un proceso que se había llevado por delante a sus dos predecesores, Abdulaziz I y Murat V, en menos de un año. Todo había empezado en 1875 con la bancarrota del país otomano, que había sufrido la humillación y las sanciones económicas de los acreedores occidentales. Un año después Turquía estaba de nuevo en el punto de mira de las críticas de las potencias europeas por la brutal represión del movimiento nacionalista búlgaro. Ello hizo que un grupo de oficiales reformistas depusiera a los dos sultanes antes citados y que subiera al poder Abdul Hamid II.

El nuevo sultán, más por obligación que por convencimiento, y para dar cierta apariencia democrática al estilo occidental a Turquía otorgó al país una constitución democrática en 1876 y creó un parlamento electo con representación de musulmanes, cristianos y judíos. Pero en 1877 Rusia declaró la guerra al imperio otomano y a principios de 1878 estaba  a las puertas de Estambul, hasta el punto de que Abdul se vio obligado a firmar un armisticio. Varios parlamentarios se mostraron enormemente críticos con el sultán, que reaccionó disolviendo el parlamento y suspendiendo la constitución.

Pero la derrota ante Rusia fue mucho más costosa para Turquía. El tratado de Berlín de 1878  no solo obligó a los otomanos a ceder a grandes extensiones en Anatolia y los  Balcanes, sino que también fue aprovechado por Gran Bretaña (Chipre se convirtió en colonia y en 1882 la provincia autónoma otomana de Egipto pasó también a integrarse en el imperio británico) y Francia (que ocupó Túnez en 1881). El sultán consiguió evitar nuevas cesiones territoriales desde entonces hasta 1908, pero fue a base de ejercer de manera personalísimo y con mano de hierro el poder y de negar los derechos políticos a los otomanos.

Esto generó un creciente movimiento de oposición al sultán que se conoció colectivamente como Jóvenes Turcos, cuyo principal partido, con representación en todas las regiones del imperio, era el CUP (Comité para la Unión y el Progreso), en el que había miembros civiles y militares. Precisamente fue un grupo de miembros del CUP en el ejército otomano en Macedonia el primero que se rebeló, más por su temor a represalias contra ellos de los servicios secretos del sultán que por una verdadera motivación revolucionaria. Lo que empezó como una pequeña mecha de un grupo de doscientos miembros del CUP prontó prendió y fue sumando adeptos. El comandante del ejército y miembro de los Jóvenes Turcos Ismail Enver (en la imagen que encabeza la entrada) proclamó la constitución de 1876 en varias poblaciones macedonias.

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El sultán Abdul Hamid II

El sultán comprobó que el ejército otomano no tenía intención de reprimir este levantamiento y convocó a una reunión de urgencia a su gobierno, en la que Abdul Hamid  decidió que de momento no le quedaba otro remedio que contemporizar y volver a instaurar la constitución de 1876; era el 23 de julio de 1908 y los Jóvenes Turcos se apuntaron el tanto de haber forzado al sultán a cambiar su política autocrática. Enver fue recibido como un héroe en Salónica y en todo el imperio se vivieron unos meses de esperanza y fraternidad democrática entre las diferentes etnias y religiones que convivían en él (desde turcos hasta kurdos, pasando por árabes y armenios y desde sunitas y chiítas a ortodoxos pasando por judíos y católicos).

Esta sensación duró poco, sin embargo. Entre represalias contra los funcionarios del gobierno del sultán que llevaban años de opresión contra sus súbditos y un agravamiento de la crisis económica como consecuencia de la desconfianza en el futuro que la revolución había planteado, los Jóvenes Turcos y el CUP se dieron cuenta que carecían de la experiencia y la capacidad organizativa necesaria para hacerse cargo del gobierno. La revolución había llegado quizás demasiado pronto para ellos y como consecuencia de una improvisada rebelión de un grupúsculo de sus miembros en Macedonia y no como parte de una estrategia organizada para tomar el poder. No tenían un plan para desplazar del gobierno al sultán (que además en su condición de califa era el líder religioso islámico) ni tampoco al gran visir Said Pachá, que continuó en el cargo como primer ministro.

Los últimos meses del año 1908 pasaron entre huelgas de los trabajadores como consecuencia de la crisis económica, brutalmente represaliadas, y pérdidas territoriales (la reinstauración de la constitución  no se vio en el exterior como una apertura democrática  que valiese el apoyo de Europa, sino como un símbolo de debilidad del régimen) con la declaración de independencia de Bulgaria, la anexión de Bosnia y Herzegovina al imperio austrohúngaro y la incorporación de Creta a Grecia. Cuando se constituyó el nuevo parlamento en diciembre de 1908, el CUP tenía una amplísima mayoría pero también una creciente corriente de disensiones internas.

Las diferencias entre los miembros del CUP eran entre los miembros más laicos y liberales y los más religiosos y tradicionalistas. En el ejército estas corrientes diferenciaban esencialmente a los oficiales de nivel cultural más alto y más partidarios de las reformas y la tropa, más ligada a la tradicional lealtad al sultán. Precisamente Abdul Hamid fomentaba estas disensiones con el ánimo de terminar con las reformas que habían sido impuestas contra su voluntad tras la revolución de 1908.

El 12 de abril de 1909 soldados del ejército leales al sultán iniciaron una contrarrevolución, deteniendo a sus oficiales y marchando hacia el parlamento; pronto se les unieron otros soldados así como estudiantes y profesores islámicos de la universidad. Exigían un nuevo gobierno, la dimisión de numerosos miembros del CUP y la instauración de la ley islámica. Inicialmente este movimiento conseguiría sus objetivos con la huida de varios miembros del parlamento, la dimisión del gabinete y la decisión del sultán de acceder a las peticiones de los contrarrevolucionarios.

Pero es245px-sultanmehmedv1917ta reacción fue de muy corto recorrido y terminó costando la pérdida del poder a Abdul Hamid II. El mismo cuerpo de ejército macedonio que había iniciado la revolución de 1908 se levantó en armas contra lo que consideraba un golpe contra la recién ganada libertad del país y marchó hacia Estambul con lo que llamó “ejército de intervención”. Sin apenas oposición, llegaron a la capital el 24 de abril de 1909, suprimieron la revuelta, declararon la ley marcial y devolvieron el poder al parlamento. En una solemne reunión de las dos cámaras de este, se constituyeron en la Asamblea General de la Nación, destituyeron al sultán Abdul Hamid II y designaron en su lugar a su hermano pequeño, Mehmed V.

El primer paso hacia la democracia y la modernidad en el imperio otomano se había dado, aunque todavía quedaría un largo camino y una guerra que terminaría de desmembrarlo … pero esa es otra historia.

Imagen| Wikimedia commons.

Fuente| Eugene Rogan: La caída de los otomanos