Eudoxia Commena, princesa bizantina rechazada por Alfonso II de Aragón y abuela de Jaime “el Conquistador”.

Alfonso II el Casto, hijo de la reina Petronila de Aragón y del conde de Barcelona y príncipe de Aragón Ramón Berenguer IV subió al trono aragonés en 1164. Como todos los monarcas de la época, una de las principales preocupaciones era la elección de una esposa que sirviera al juego de alianzas dinásticas y tratados de amistad entre los reinos cristianos medievales.

En el caso de Alfonso, ya en vida de su padre este había seleccionado para él como esposa a una princesa del reino más habitual en las alianzas matrimoniales de Aragón: Sancha de Castilla. Sancha era hija del rey Alfonso VII y hermana del también monarca castellano Alfonso VIII.

Pero en esa época tan habituales eran los compromisos matrimoniales entre Castilla y Aragón como los conflictos entre ambos reinos; en 1170 Alfonso II de Aragón puso sitio a la ciudad de Calahorra, en posesión de Castilla, y fue a su vez atacado y vencido por el conde Pedro de Portugal, tutor del joven rey Alfonso VIII de Castilla, que tomó las banderas de Aragón. Tras diversas reconciliaciones y nuevos enfrentamientos en 1172, el rey aragonés decidió dejar sin efecto el compromiso matrimonial con Sancha de Castilla pactado por su padre y puso sus ojos en una hija del emperador bizantino Manuel Commeno, de nombre Eudoxia.

En 1174 el emperador de Bizancio envió a su hija de viaje hacia Aragón, pero cuando en el mes de febrero la comitiva de Eudoxia llegó a Montpellier se encontró con la desagradable noticia de que las relaciones entre Aragón y Castilla habían vuelto a reconducirse y que el matrimonio entre Alfonso II de Aragón y Sancha de Castilla se había celebrado en Zaragoza el 18 de enero de ese mismo año.

Parecía que a Eudoxia no le quedaba otra alternativa que volver a Bizancio y que, de esta forma, se frustraba el entronque familiar entre la familia imperial y la monarquía aragonesa. Sin embargo, por un extraño cúmulo de circunstancias Eudoxia Commena estaba destinada no sólo a terminar emparentando con Aragón, sino a convertirse en la abuela de uno de sus reyes más carismáticos: Jaime I el Conquistador. 

Cuando Eudoxia y su séquito recibieron la noticia de la anulación del compromiso con Alfonso II de Aragón su anfitrión era el conde Guillermo de Montpellier. Este decidió que la presencia en su territorio de una desairada princesa bizantina era una oportunidad demasiado importante como para no aprovecharla. Aunque los asesores de Eudoxia manifestaron su protesta, finalmente la princesa bizantina contrajo matrimonio con Guillermo VIII de Montpellier.

Antes de que el señor de Montpellier decidiera divorciarse de ella al no darle un heredero masculino, Eudoxia tuvo una hija con él: María de Montpellier. Lo que nadie podía suponer en aquel momento es que con el tiempo María se convertiría en un apetitoso partido matrimonial, al poder aportar como dote el señorío de Montpellier,  del que había sido declarada titular tras una rebelión acaecida en 1204 contra el anterior señor de Montpellier, Guillermo IX.

No está claro si el rey Pedro II de Aragón (hijo de Alfonso II el Casto) tuvo algo que ver con esa rebelión, pero lo cierto es que Montpellier era una posesión muy interesante para los intereses estratégicos y territoriales del monarca aragonés en el sur de Francia; además, Pedro no había manifestado el más mínimo interés por la hija de Eudoxia antes de dicha rebelión, sino que había mantenido conversaciones con el reino de Navarra y el de Jerusalén para casar con alguna de sus princesas,

Sea como fuere, el 15 de junio de 1204 (menos de dos meses después de la proclamación de María como señora de Montpellier el 25 de abril) la pareja contrajo matrimonio, entre cuyas capitulaciones figuraba el compromiso del marido de no repudiar nunca a su esposa. Pocos días después Pedro II de Aragón se proclamaba señor de Montpellier y, tras el nacimiento en 1205 de una hija de la pareja de nombre Constanza, hizo que María renunciara al señorío donándolo en dote a su hija. El intento de Pedro en 1206 de divorciarse de su esposa tropezó con la amenaza de la ciudad de Montpellier de nombrar señora a María en detrimento del aragonés.

Pedro de Aragón siguió intentando divorciarse de su mujer y cortejando a otras damas, hasta el punto de que, según la leyenda, ella tuvo que recurrir al engaño de fingirse la amante del rey en una habitación oscura para quedar embarazada. Más allá de esta historia, digna de las leyendas artúricas, el caso es que finalmente María de Montpellier quedó embarazada y el 2 de febrero de 1208 nació el fruto de su unión: el futuro rey Jaime I de Aragón, llamado el Conquistador por haber incorporado a la corona aragonesa plazas tan importantes como Valencia o las Islas Baleares… Pero esa es otra historia.

En cuanto a la protagonista de esta entrada, la princesa bizantina Eudoxia Commena, después de que su esposo Guillermo VIII de Montpellier se divorciara de ella en 1187 fue enviada al Monasterio de Aniane, en el Languedoc. Allí falleció en 1203 sin saber que, aunque ella no llegase a lucir la corona de Aragón para la que parecía destinada, un nieto suyo no solo se sentaría en el trono de Aragón, sino que llevaría al reino a unas cotas antes nunca alcanzadas.

Fuente| Adela Rubio Calatayud: Breve historia de los reyes de Aragón.

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