El sello de correos que dio un canal a Panamá

En los últimos tiempos Panamá es un país que está muy de actualidad por motivos de sobra conocidos en España. Pero ese no es el objetivo de esta entrada. Mucho antes de salir a la luz pública los llamados “papeles de Panamá”, el país era conocido especialmente por su canal, el que facilita el paso entre los océanos Atlántico y Pacífico sin necesidad de navegar por miles de millas y atravesar el peligroso Cabo de Hornos.

La construcción del canal enfrentó en su día a Francia y a los Estados Unidos. Ambos países sabían que quien dominara el comercio entre los dos grandes océanos dominaría el mundo. El francés Ferdinand de Lesseps se había ganado fama mundial por su construcción del Canal de Suez en Egipto y pensaba que podía llevar a cabo un trabajo semejante en Panamá. Pero no contaba con las muy diferentes condiciones orográficas y climatológicas que se encontraría en Panamá y que no tenían nada que ver con las de Egipto. En América no se enfrentaba a un desierto de arena a nivel del mar, sino a pura roca que ascendía hasta a cien metros de altitud, a caudalosos ríos que atravesaban la ruta y que se desbordaban en la época de lluvias y a millones de mosquitos que transmitían la fiebre amarilla a todos los que osaban tratar de trabajar en la zona.

Inicialmente Lesseps consiguió engañar a la opinión pública y a los encargados de tomar la decisión sobre la ruta que debía seguir el canal y se impuso a la propuesta estadounidense, más estudiada y conocedora de las circunstancias en Panamá, que proponía una ruta para el canal a través de Nicaragua.

Tras lograr que le fuera adjudicado el proyecto, Lesseps tuvo que convencer a miles de ciudadanos franceses para que invirtieran en acciones de la compañía porque el gobierno de Francia se negó a financiar las obras. Lesseps incluso sobornó a los principales periódicos franceses para que publicaran artículos destacando la viabilidad de su proyecto. Pero la muerte de miles de obreros a causa de la fiebre amarilla, los terremotos y las inundaciones que paralizaron las obras acabaron por sacar la verdad a la luz. El proyecto de Lesseps era irrealizable y sus inversores estaban en la ruina. El asunto acabó en un sonado juicio por estafa que terminó con el hijo de Lesseps en la cárcel y con este librándose solo por su avanzada edad. Fue un desgraciado final para el gran artífice del Canal de Suez.

Pero entre los inversores afectados por la estafa se encontraba un hombre que no estaba dispuesto a rendirse. El ingeniero Philipe-Jean Bunau Varilla no tenía intención de que su dinero y su esfuerzo como encargado de las obras del canal se quedaran sin recompensa. Y pensó en una forma de recuperar su inversión: convencer al gobierno estadounidense y a su presidente Teddy Roosevelt de retomar el proyecto de construir la gran obra y adjudicarse el papel de gran potencia mundial que todavía no tenían.

Bunau Varilla contaba para ello con el apoyo entusiasta del presidente Roosevelt, a quien la inversión necesaria le parecía irrisoria en comparación con las ganancias en territorio, infraestructuras e influencia que ello conllevaría. Pero la decisión no dependía de Roosevelt, sino del Congreso de Estados Unidos, que no veía con buenos ojos la cantidad de muertes e incidentes ocurridos en Panamá y que era más partidario de retomar su vieja idea de acometer las obras del canal a través de Nicaragua. Ello supondría que Estados Unidos no compraría las acciones de la compañía del ingeniero francés.

Bunau Varilla veía peligrar su inversión a medida que en 1902 se acercaba la fecha de la votación del Congreso norteamericano sobre si el canal se construía en Panamá o en Nicaragua. De repente una noticia saltó a los medios mundiales: el volcán nicaragüense de Momotombo había entrado en erupción causando graves daños. El astuto ingeniero francés cayó en la cuenta de que el sello de correos oficial de Nicaragua representaba a un volcán en erupción y envió una reproducción del mismo a todos los congresistas y medios de comunicación estadounidenses con una nota en la que se preguntaba si Estados Unidos estaba dispuesto a asumir el riesgo de construir su canal en un lugar amenazado por las erupciones volcánicas como Nicaragua.

La táctica de Bunau Varilla surtió efecto y el Congreso aprobó que la construcción del canal se realizara en Panamá. El francés recuperó su inversión, pero el proyecto tuvo que afrontar todavía numerosas dificultades, incluida una revolución, hasta que el Canal de Panamá fue inaugurado el 7 de enero de 1914 … pero esa es otra historia.

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