Thomas Dewey, cazador de mafiosos y protagonista de un titular histórico.

La película Los intocables de Eliot Ness narra la historia del hombre que contra todo pronóstico consiguió que el gangster más famoso de Estados Unidos, Al Capone, acabara sus días en la prisión de Alcatraz. Pero hubo otro hombre que en Nueva York dedicó años a perseguir al crimen organizado, que también consiguió sentar en el banquillo y encerrar en prisión a varios de los mafiosos más importantes de la ciudad y que llegó a presentarse en dos ocasiones como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. En la segunda se hizo si cabe más famoso por una noticia de portada del Chicago Daily Tribune que se convirtió en parte de la historia del periodismo.

Thomas Dewey era un joven ayudante del fiscal de Nueva York a principios de la década de 1930 cuando empezó a destacar por ser de los pocos funcionarios públicos que no aceptó la generosa contribución económica con que la mafia de la ciudad sobornaba a políticos, policías y miembros de la administración de justicia para que no se metieran en sus negocios. Poco a poco fue emergiendo de entre los jefes de las bandas mafiosas neoyorquinas la figura de Charles Lucky Luciano. Aprovechó la lucha de poder entre la vieja guardia de la mafia italiana de Nueva York dirigida por Joe Masseria y la nueva hornada que llegó de Italia huyendo de la persecución del régimen de Mussolini a la que lideraba Salvatore Maranzano.

Después de sobrevivir milagrosamente a una paliza de los esbirros de este último (lo que le valió el apodo de Lucky) Luciano se alió con su agresor para librarse de Masseria y organizó su asesinato. Pero Luciano entendió que Maranzano no había cumplidos los términos del acuerdo sobre el reparto del negocio de Masseria y comprendió que era cuestión de tiempo que Maranzano pusiese precio a su cabeza, así que decidíó adelantarse y ser el el que terminara con la vida de su rival. De esa forma, Luciano se convirtió en el nuevo jefe de la mafia de Nueva York y buscó la paz con el resto de familias para que todas ellas se dedicasen a sacar el máximo provecho de sus actividades ilegales sin luchas internas. Se formó una comisión de las cinco principales familias de la ciudad que debía aprobar el asesinato de cualquiera que supusiese una amenaza para la mafia y se organizó un grupo de expertos matones (conocidos como Murder Inc.) para ejecutar las órdenes de la comisión.

thomasdewey
Thomas Dewey
El ayudante del fiscal Thomas Dewey puso todo su empeño en terminar con el crimen organizado en la ciudad, lo que significaba llegar hasta Luciano. Pero este se encontraba en una situación muy encumbrada y con sus negocios protegidos por una tela de araña organizada por sus compañeros Meyer Lanski, Bugsy Siegel, Frank Costello y Vito Genovese. Así que Dewey decidió empezar sus pesquisas por una figura menos importante, tratando así de ir avanzando poco a poco en la pirámide de la organización mafiosa hasta llegar a Luciano.

Para ello puso sus ojos en un obstinadamente independiente mafioso llamado Dutch Schultz. Tras perseguir a Schultz infructuosamente durante un tiempo, Dewey consiguió que fuera detenido y llevado a juicio por delito fiscal; pero los abogados de la mafia lograron que el juicio tuviera lugar en la pequeña localidad de Malone en el estado de Nueva York, donde Schultz fue absuelto de los cargos. De vuelta a Nueva York intentó convencer a la comisión de que ordenara el asesinato de Dewey, pero Luciano y el resto de miembros de la comisión se negaron a hacerlo. No solo eso, sino que al enterarse de que Schultz estaba organizando por su cuenta el asesinato de Dewey fue a Dutch a quien la comisión decidió eliminar.

La muerte de Schultz no arredró a Dewey quien siguió llevando a miembros de la mafia a juicio, consiguiendo 72 condenas en 73 procesos, aunque el premio gordo seguía siendo esquivo a sus pesquisas. Hasta que de repente a Dewey se le presentó la oportunidad que llevaba años esperando. Ignorando los consejos de Meyer Lansky, Luciano decidió entrar en el negocio de la prostitución en Nueva York y Dewey consiguió a través de una grabación (sistema pionero en la época) ir tirando del hilo de la organización de Luciano en el negocio de los burdeles neoyorquinos, hasta lograr que más de cincuenta prostitutas aceptaran declarar contra él.

Pero una cosa era tener pruebas contra Luciano y otra muy diferente conseguir llevarlo a juicio y, sobre todo, hacerlo en Nueva York lo que era fundamental para Dewey. Luciano fue detenido en la localidad de Hot Springs(Arkansas), que era un refugio de mafiosos y a cuyas autoridades locales y estatales la organización criminal “tenia en nómina”.  A partir de ahí se inició una dura batalla legal entre sus abogados y Dewey para decidir si Luciano era o no trasladado a Nueva York. Viendo que el asunto se empantanaba en complicadas discusiones jurídicas, Dewey decidió presionar a las autoridades de Arkansas con una agresiva campaña de prensa. Esta estrategia dio resultado y finalmente el juicio de Lucky Luciano tuvo lugar en Nueva York; la desesperada maniobra del mafioso de defenderse a sí mismo no consiguió evitar que fuera declarado culpable y condenado a cincuenta años de cárcel.

El sustituto de Luciano al frente de la familia, Vito Genovese, tuvo que huir a Italia para evitar ser detenido y juzgado por Dewey, quien tuvo un golpe de suerte cuando uno de los miembros de Murder Inc. llamado Abe Reles fue detenido por un crimen pasional y decidió colaborar con Dewey delatando al resto de miembros de la organización. Reles fue finalmente asesinado por la mafia, pero sus testimonios habían causado ya un enorme daño. Luciano, que seguía organizando los asuntos de su familia desde la cárcel donde tenía sobornados a buena parte de los guardias y del resto de reclusos y donde vivía a cuerpo de rey, no se conformaba sin embargo con la situación … pero esa es otra historia.

Aunque la muerte de Reles supuso un inconveniente en las pesquisas de Dewey este ya había conseguido una notoriedad que se convirtió en un trampolín para su entrada en la vida política. Elegido fiscal de Nueva York en 1937, logró tras dos intentos fallidos convertirse en gobernador del estado en 1942. Dewey era una estrella emergente en el partido republicano y consiguió la nominación del mismo para la presidencia de Estados Unidos en 1944. Sin embargo, con el país en guerra y enfrentándose a un candidato tan formidable como Francis D. Roosevelt, Dewey no tenía ninguna posibilidad y fue derrotado.

Pero las circunstancias eran muy diferentes en las elecciones presidenciales de 1948. La guerra había terminado, Roosevelt había fallecido y a su muerte le sustituyó el vicepresidente Truman, que tras tres años de presidencia afrontaba por primera vez el reto de ser designado presidente en las urnas. El partido republicano designó nuevamente a Dewey como candidato para enfrentarse a Truman.

El recuento de votos de las elecciones del 3 de noviembre de 1948 arrojaba un resultado igualado e incierto. Fue entonces cuando la portada del Chicago Tribune (que se enfrentaba a una amenaza de huelga de sus impresores) se adelantó a los acontecimientos y publicó un titular que ha pasado a la historia:”Dewey derrota a Truman”. El recuento de votos no había finalizado, pero el Tribune (de clara tendencia republicana) se dejó llevar por las previsiones de su corresponsal político en Washington Arthur Sears Henning, que había acertado en cuatro de las últimas cinco elecciones presidenciales. Más de 150.000 ejemplares del periodico fueron impresas y puestas a la venta.

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Harry Truman sostiene sonriente un ejemplar del Chicago Tribune anunciando su derrota ante Thomas Dewey.
Sin embargo, cuando finalmente terminó el recuento de votos, Truman había resultado vencedor por un estrecho margen, por lo que la portada equivocada del Tribune se convirtió en una de las más recordadas de la historia del periodismo en Estados Unidos.

El papel de Dewey en el partido republicano pasó a un segundo plano después de su nueva derrota en las urnas y de la anécdota que la acompañó, pero aún tuvo tiempo de ser una figura importante a la hora de convencer al héroe de la Segunda Guerra Mundial, el general Dwight Eisenhower para que encabezara la candidatura presidencial republicana en 1952 y ganar así la Casa Blanca para su partido.

Después de estas elecciones Dewey decidió abrir un despacho de abogados y dedicó el resto de sus días a una lucrativa práctica profesional hasta su muerte en 1971.

 

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