El fútbol americano es un deporte que poco a poco va ganando adeptos en España aunque para la gran mayoría de los espectadores en nuestro país sigue siendo un gran desconocido del que solo oyen hablar cuando algún jugador protagoniza un escándalo o una vez al año cuando se celebra la Superbowl, y en este caso más por el espectáculo que se celebra al descanso del partido que por el encuentro en sí (sobre todo si durante su actuación una cantante enseña un pecho).

Es cierto que la dificultad de la comprensión de las reglas para el aficionado español, unido a que se trata de un deporte donde las jugadas son normalmente muy cortas y las paradas en el juego constantes son factores que no ayudan a la popularización de un deporte que en realidad une a su espectacularidad física un fundamental y complejísimo componente de estrategia que es difícil de apreciar. En definitiva para muchos de los que se acercan por primera vez a un partido de fútbol americano, se trata de un deporte incomprensible y aburrido. Curiosamente, los estadounidenses tienen el mismo concepto del soccer o fútbol europeo; para ellos es incomprensible un deporte donde un partido puede acabar sin anotaciones o sin que suceda nada emocionante durante muchos minutos.

Pero dejando al lado esas disquisiciones, el motivo de esta entrada es hablar de un momento concreto y de una única jugada que cambió la historia de este deporte para siempre. Uno de los puestos fundamentales del football es del de quarterback. Se conoce con este nombre al jugador que recibe el balón al inicio de la jugada y que o bien lo lanza a uno de los receptores (jugada de pase) o bien se lo entrega a un corredor (jugada de carrera). Es la extensión del entrenador en el campo y el que decide la estrategia del equipo y, por tanto, una de las figuras principales del equipo.

En el año 2001 el quarterback estrella de los New England Patriots era Drew Bledsoe, que además acababa de firmar una extensión de su contrato con una subida millonaria de sus emolumentos. Era el hombre elegido por el entrenador Bill Bellichick para llevar adelante el proyecto de los Patriots. Sin embargo, en el mes de septiembre de 2001 y mientras se disputaba el segundo partido de la temporada contra los New York Jets, Bledsoe realizó una jugada en la que él mismo corría con la pelota para salirse hacia la banda y ganar unas cuantas yardas para su equipo. Se trata de una jugada muy habitual de las que se ven cientos de veces en cada temporada en la NFL.

Pero en este caso Bledsoe sufrió un duro placaje del jugador de los Jets Mo Lewis. Este hecho en sí tampoco es nada que no se vea en todos los partidos, pero Bledsoe tuvo la mala suerte de que el golpe de Lewis le produjo una grave lesión en la rodilla que hizo que tuviera que retirarse del partido y ser trasladado al hospital. Bellichick se vio obligado a echar mano del quarterback suplente del equipo. Se trataba de un jugador que se encontraba en su segundo año de profesional después de su por el football universitario en Michigan. En la ceremonia anual donde los equipos de la NFL eligen a los mejores jugadores universitarios para incorporarlos a sus equipos (draft) nuestro protagonista tuvo que esperar hasta la sexta ronda (es decir, cuando todos los equipos habían ya seleccionados a sus mejores cinco jugadores universitarios) para que los Patriots se hicieran con sus derechos; su nombre: Tom Brady.

El futuro de Brady en la NFL no parecía muy prometedor; su papel hubiera sido ser suplente de Bledsoe en los Patriots unos cuantos años e ir cogiendo minutos poco a poco para ver si los Patriots confiaban en él cuando Bledsoe se retirara o incorporaban a otro quarterback estrella; también es posible que hubiese sido siendo moneda de cambio en un traspaso de jugadores a otro equipo (muy habitual en la NFL).

En teoría Brady iba a dirigir a los Patriots mientras Bledsoe se recuperaba de su lesión. Pero su desempeño al frente del equipo en la temporada 2001 fue excepcional. Consiguió un récord de 11 victorias y 4 derrotas, llevó a su equipo a los playoffs y de allí a la Superbowl donde les esperaban los entonces todopoderosos Sant Louis Rams. Los Patriots dieron la sorpresa levantando el trofeo Vince Lombardi y Brady fue declarado jugador más valioso del partido.

Desde entonces Brady ha sido una de las estrellas más rutilantes de la NFL. Bledsoe tuvo que marcharse a los Buffalo Bills y nuestro protagonista ha conseguido igualar los números del mítico Joe Montana al ganar cuatro veces la Superbowl y se encuentra en posición de superar esas cifras ya que su equipo se juega esta fin de semana el derecho a acceder a la Superbowl nuevamente en la final de la conferencia americana que enfrenta a los Patriots contra los Denver Broncos del archirrival de Brady en los últimos años, Peyton Manning.

Además, en estos años Brady ha batido otros grandes récords como el de ser tres veces designado como mejor jugador de la Superbowl, el llevar a su equipo a conseguir todas las victorias en la temporada regular (aunque acabarían perdiendo la Superbowl de ese año contra los New York Giants) o el de ayudar al sensacional y espectacular receptor Randy Moss a batir el récord de TD. en una temporada que ostentaba el mítico e insuperable Jerry Rice. De lo sucedido en su vida personal (su matrimonio con la supermodelo Gisele Bundchen) no vamos a hablar aquí.

Y todos estos logros conseguidos por Brady, y los que todavía puede conseguir porque sigue en activo, no hubieran sido posibles si Mo Lewis no hubiese realizado un placaje en la banda en septiembre del año 2001 que acabó con Drew Bledsoe en el hospital.