Se suele utilizar la expresión “jugador nº12” para referirse al apoyo del público de un campo de fútbol a su equipo. Sin embargo, existe un equipo y un hombre que personalizan la leyenda del “jugador nº12”, si bien no se trata de un equipo ni de un jugador del conocido como “fútbol FIFA”, sino de lo que en España conocemos como “fútbol americano”.

En nuestro país, la afición al fútbol americano, aunque minoritaria, va creciendo poco a poco. Sin embargo en los grandes medios sólo es noticia por los espectáculos en el descanso de la Superbowl (sobre todo si alguna cantante enseña un pecho) y por los escándalos de jugadores que se ven sometidos a juicios morbosos (O.J. Simpson, Michael Vick) o envueltos en casos de droga o tiroteos.

La imagen del fútbol americano en nuestro país es la del espectáculo mediático y televisivo de la NFL, a la que se ve como una máquina de fabricar dinero a base de anuncios publicitarios y que, como he comentado, sólo tiene reflejo en nuestros medios cuando salta algún tipo de escándalo o una vez al año, en la Superbowl (por cierto, el término “la final de la Superbowl” que oigo muchas veces, es incorrecto; es simplemente “Superbowl”)

Sin embargo, existe otro fútbol americano, completamente diferente al espectáculo comercial y televisivo de la NFL. Me refiero al fútbol americano universitario. Se trata de un deporte con más de un siglo de antigüedad, que atrae a auténticas multitudes cada sábado y cuyos valores son: tradición, rivalidad, ritos, pasión en las gradas y memoria histórica.

Cada Universidad tiene establecidos desde hace muchos años sus propios ritos, ya sean de animación, de himnos, de aplausos, tienen sus mitos, sus rivalidades históricas desde hace más de cien años con otras universidades, su historia de glorias y desgracias a lo largo de tantos años. Un partido de football universitario es un espectáculo no sólo en el campo, sino también en las gradas, cuyo aspecto sería la envidia de muchos campos de fútbol europeo.

Hoy me quiero referir a una Universidad y a una leyenda muy concreta. En las gradas del estadio de la Universidad de “Texas A&M” (que jugó su primer partido de fútbol americano en 1.894) una enorme pancarta reza “The House of the 12th Man” (“la Casa del Jugador Nº12”).

El origen de esta historia hay que buscarlo en un partido que la Universidad de Texas A&M jugó el 2 de enero de 1922 en Dallas, frente a uno de los por entonces considerados mejores equipos universitarios de Estados Unidos, Centre College. Los Aggies, como se conoce a los jugadores de Texas A&M, sufrieron una aguerrida, por decirlo suavemente, defensa por parte de sus rivales. Hasta el punto de que en un momento dado se encontraron en la tesitura de tener tantos jugadores lesionados que no quedó ni un sólo reserva en el banquillo por si era necesario realizar otro cambio.

En ese momento, el entrenador de los Aggies dirigió su mirada a la tribuna de prensa y se encontró con un esstudiante de Texas A&M vestido de calle que al principio de temporada había entrenado con el equipo de football de los Aggies, pero que no había llegado a formar parte de los mismos al decantarse por el baloncesto. Su nombre: E. King Gill.

El entrenador le pidió que bajara al campo para ocupar el puesto de reserva el resto del partido y suplir a algún compañero lesionado. Pese a que no era miembro del equipo y que no había entrenado desde hacía meses, King no lo dudó: cogió la sudada (y posiblemente ensangrentada) ropa de uno de sus compañeros lesionados para poder lucir el uniforme, se sentó en el banquillo siendo el único ocupante del mismo (el jugador nº12). No llegó a jugar un solo segundo.

Sin embargo, desde entonces su gesto se conoce como la expresión del genuino apoyo de la grada (el jugador nº12) a su equipo y fue objeto de atención en los periódicos de la época. Pasados casi cien años, la leyenda del jugador nº12 sigue formando parte de las tradiciones del football universitario, y específicamente de las de los Aggies, que cada sábado lucen con orgullo la pancarta de “la casa del jugador nº12”. Es más, es tradición que algún estudiante que no es miembro del equipo forme en el banquillo con el nº12 en la camiseta e incluso que participe en alguna jugada de equipos especiales.

A quien quiera conocer más al respecto de estos y otros ritos y tradiciones, así como sobre la historia del football universitario le recomiendo la colección de DVD “Rites of Autumn”. También en la mastodóntica “College Footbal Encyclopedia” de ESPN se menciona la historia como uno de los diez días más importantes en la historia del fútbol universitario según uno de sus autores, por lo que ha significado posteriormente la tradición creada a partir de ese día. Esta enciclopedia, de más de 1.600 páginas contiene un exhaustivo estudio de la historia de los equipos de fútbol de incontables universidades estadounidenses (nacimiento, resultados, jugadores, estadísticas, tradiciones, mascotas, jugadores y partidos más importantes). Para fanáticos del “football” de college.

Algunas películas sobre el football son también muy recomendables (“Friday Night Lights”, “El Expreso de Elmira”. “The Blind Side”), otras no tanto, al menos para mí (“Un domingo cualquiera”).

Además, para comprender mejor lo que en USA significa el football recomiendo el curioso, y apartado de su habitual línea de dramas jurídicos, libro de John Grisham “El último partido”.