10 de noviembre de 1620. Una embajada española encabezada por el conde de Gondomar se encuentra en el palacio de Whitehall para entrevistarse con el rey inglés Jacobo I. El panorama político europeo no puede ser más complicado. Dos años antes se había iniciado el conflicto que sería conocido como Guerra de los Treinta Años, con un profundo trasfondo religioso. Las diferencias entre España y Gran Bretaña en los últimos años han sido muy abundantes: el divorcio del rey inglés Enrique VIII de Catalina de Aragón; el fracaso de la invasión inglesa por parte de la Armada Invencible; la general, aunque errónea, creencia entre los ingleses de que España estuvo involucrada en el intento de un grupo de católicos ingleses de atentar contra el rey y el parlamento inglés en el llamado Complot de la Pólvora de 1605 que hizo que la residencia del embajador español fuese atacada por una enfurecida turba.

Aún así, el conde de Gondomar llega a Londres tratando de poner fin a las diferencias entre ambos países y de lograr una alianza matrimonial por la que el heredero del trono inglés, el futuro Carlos I, contrajera matrimonio con la hija del rey español Felipe III, Ana María.

Mientras Gondomar despacha con Jacobo I en su despacho de Whitehall, un grupo de diplomáticos españoles espera en una sala anexa, repleta de cuadros dedicados a resaltar la grandeza de la Gran Bretaña. Uno de los cuadros es un retrato de Enrique VIII, el hombre que ofendió el orgullo español divorciándose de Catalina de Aragón y apartándose de Roma; el cuadro representaba la llegada de rey Tudor a una famosa reunión que mantuvo con el monarca Francisco I de Francia en el llamado “Campo del Paño de Oro” . Otra pintura representa la rendición de una guarnición española ante las tropas inglesas en Kinsale, Irlanda.

A partir de ese momento las versiones difieren. La versión oficial inglesa sostiene que los españoles, a la vista de lo que consideraban una humillación de su orgullo, dañaron ambos cuadros. Destrozaron el de la batalla de Kinsale y cercenaron la cabeza de Enrique en el que le representaba. El conde de Gondomar, en una carta que escribió a Felipe III y que se conserva en el Archivo de Simancas, declara que no fueron los españoles sino una facción protestante escocesa contraria al pacto entre España e Inglaterra la responsable de los daños en las pinturas.

En todo caso, el cuadro sobre Enrique VIII fue restaurado y se exhibe actualmente en Hampton Court.