Ricardo Corazón de León:la leyenda frente a la historia (II)

 

Habíamos concluido la primera entrada dedicada a Ricardo Corazón de León en septiembre de 1192, con la firma de una tregua de tres años con Saladino y la decisión del monarca inglés de retornar a Europa.

El viaje de vuelta no estaba exento de peligros; si por mar comenzaba la peor época del año para acometer el largo viaje desde Tierra Santa hasta Inglaterra, por tierra el recorrido no era menos peligroso, porque obligaba a Ricardo a pasar por territorios pertenecientes a viejos y nuevos enemigos, todos ellos deseosos de evitar que Corazón de León retornase a su país.

Dos de los principales interesados en capturar a Ricardo eran el rey Felipe de Francia y su aliado, el hermano menor de Ricardo, Juan sin Tierra. Felipe había aprovechado su regreso a Europa después de la toma de Acre mientras Ricardo continuaba en Tierra Santa para lanzarse a la conquista de los territorios que los Plantagenet poseían en territorio francés. Además, Felipe se sentía humillado por la decisión de Ricardo de desdecirse de su compromiso matrimonial con Alicia, hermana del rey de Francia, y su matrimonio con Berenguela de Navarra.

En cuanto a Juan sin Tierra, había incumplido su compromiso de no poner pie en territorio inglés en el plazo de tres años y además había aprovechado un incidente entre el canciller del reino William Longchamp y su hermanastro Godofredo, arzobispo de York para acelerar sus planes de hacerse con Inglaterra. Godofredo había desembarcado en Dover (aunque también había prometido no volver a Inglaterra) y fue detenido y apresado por las fuerzas de Longchamp, a pesar de haberse acogido a sagrado en una iglesia. Un consejo de nobles y miembros del clero destituyó de sus cargos a Longchamp y nombró a Juan regente del reino. Estaba claro el motivo por el que Juan no deseaba que Ricardo regresase a Inglaterra.

Pero nuestro protagonista se había ganado más enemigos en su paso por Tierra Santa; como comentamos en la primera entrada, tras tomar Acre Ricardo había arrancado de las murallas de la ciudad el emblema del duque Leopoldo de Austria, quien se consideró deshonrado y desde entonces había declarado su odio hacia el rey inglés.

Un último acontecimiento había contribuido a mermar la fama que sus conquistas guerreras le habían hecho ganar. En un gesto característico de las dificultades no solo militares sino políticas que la cruzada encerraba, se habían mantenido arduas negociaciones entre los líderes cristianos para decidir quién sería designado rey de Jerusalén si la ciudad era tomada. Felipe de Francia apoyaba a Conrado de Montferrat, mientras que Ricardo optaba por Guy de Lusignan. Pues bien, Conrado falleció tras ser atacado por dos miembros de la secta de los asesinos en Tiro en abril de 1192, pero pronto se corrió la voz de que Ricardo era quien se encontraba detrás de la muerte del rival de su candidato al trono de Jerusalén.

La suma de todas estas circunstancias hacía que, como hemos dicho, el viaje de retorno de Ricardo a Europa estuviese plagado de dificultades. Ricardo zarpó en octubre de 1192, pero las difíciles condiciones de la mar le obligaron a tomar tierra en Istria y tener que seguir su viaje por tierra. En noviembre de 1192, mientras cruzaba los territorios del duque Leopoldo de Austria fue reconocido y hecho preso. Leopoldo a su vez procedió a entregar a Ricardo a su soberano, el emperador del Sacro Imperio Enrique VI, quien encerró al rey inglés en el castillo de Hagenau y solicitó un cuantioso rescate para liberar a su prisionero.

Tanto Felipe de Francia como sobre todo Juan sin Tierra reaccionaron con gran alegría ante la noticia y trataron de conseguir que Enrique mantuviera cautivo a Ricardo. Además Juan rindió homenaje a Felipe como señor soberano de las posesiones de los Plantagenet en Francia y accedió a casarse con Alicia, la hermana del rey rechazada por Ricardo.

Sin embargo, a pesar de encontrarse preso, Ricardo consiguió maniobrar para enderezar las cosas en su país y consiguió que se designara como arzobispo de Canterbury y canciller a Hubert Walter, compañero suyo en la aventura en Tierra Santa. Walter fue capaz de contrarrestar las maniobras de Juan sin Tierra para apoderarse de la corona y con la inestimable ayuda de Leonor de Aquitania consiguió exprimir a nobles, comerciantes, clero y en general al pueblo inglés hasta conseguir la cifra del rescate requerida por Enrique VI para devolver la libertad a Ricardo.

Lo acontecido una vez que Corazón de León consiguió regresar a Inglaterra dista mucho de las leyendas que hemos visto y leído en las películas y novelas de Ivanhoe y Robin Hood. Ricardo no volvió de incógnito a Inglaterra ni estuvo un mes recorriendo el país buscando aliados para recuperar su corona e informándose de primera mano del estado en que se encontraban sus súbditos sajones para remediar las injusticias que estos padecían.

Ricardo puso pie en Sandwich el 20 de marzo de 1194 y se dirigió de inmediato a Londres, ciudad a la que llegó tres días después y por la que se paseó en todo su esplendor para dejar claro que estaba de vuelta  que iba a retomar las riendas del país. Desde allí viajó a Winchester donde retomó una vieja costumbre normanda consistente en una ceremonia semejante a una segunda coronación y luciendo su corona y su espada desfiló por la ciudad.

La oposición a Ricardo en Inglaterra se limitaba a un grupo de nobles leales a Juan sin Tierra que se encontraban en los castillos de Tickhill y Nottingham, a los que no les fue muy difícil derrotar. Retomado el orden en Inglaterra, Ricardo se dispuso a ajustar cuentas con Felipe de Francia y Juan sin Tierra. Dejando a Hubert Walter a cargo del país y de la recaudación de los fondos necesarios para su nueva campaña, zarpó hacia Francia el 12 de mayo de 1194. Nunca más pisó suelo inglés.

En primer lugar llamó al orden a su hermano Juan, que acudió a pedirle perdón en Normandía. A pesar de los problemas que su hermano le había causado, Ricardo se limitó a dar un breve tirón de orejas a su hermano, a achacar su actuación al hecho de encontrarse rodeado de malos consejeros y a perdonar a Juan. Parece que tras esta generosa actitud de Ricardo se encontraba el sabio consejo de su madre Leonor de Aquitania. Ricardo no tenía descendencia ni se esperaba que la tuviera porque no convivía con su esposa Berenguela; Juan sin Tierra era, junto con Arturo de Bretaña (hijo del hermano de ambos, Godofredo, fallecido en 1186) el único heredero al trono de Inglaterra y resto de posesiones de los Plantagenet. La relación entre Juan sin Tierra y Arturo de Bretaña estaba destinada a terminar trágicamente … pero esa es otra historia.

A partir de ese momento Ricardo dedicó todos sus esfuerzos a reconquistar las posesiones que le habían sido arrebatadas por Felipe de Francia. Aquí volvió a surgir la figura del guerrero Corazón de León, que había recuperado buena parte de dichos territorios cuando el 26 de marzo de 1199 fue herido por una flecha mientras examinaba las defensas del castillo de Chalus-Chabrol. La herida no fue bien curada y se fue agravando; diez días después Ricardo Corazón de León fallecía como consecuencia de la gangrena. Terminaba así la historia de uno de los reyes más famosos de la Historia.

A modo de conclusión, dando respuesta y explicando el título de esta serie de entradas, podemos decir que Ricardo fue el paradigma del rey guerrero medieval que se ganó su fama luchando en primera línea de combate tanto en Francia como en Tierra Santa, enfrentándose a Saladino y sosteniendo durante un tiempo más los dominios cristianos de Ultramar.

Sin embargo, desde el punto de vista de la historia de Inglaterra, Ricardo no fue ni mucho menos uno de los monarcas que más huella han dejado: solo pasó seis meses de sus diez años de reinado en el país, buena parte de los cuales dedicó a exprimir a sus súbditos para financiar sus campañas en Francia y Tierra Santa y dejó una compleja situación sucesoria a su muerte. Se sentía más ligado a sus posesiones en territorio francés, que era además el idioma en el que se expresaba (aunque es posible que tuviese algunas nociones de inglés) y a su muerte pidió que su corazón fuese enterrado en Ruán y su cuerpo en Fontevrault.

Fuentes: Dan Jones, “The Plantagenets”; Peter Ackroyd, “History of England. Vol I: Foundations”; Roy Strong, “The Story of Britain”.

 

 

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