Decio, Emperador de Roma.

Sabido es que en el año 476 se produjo la caída del Imperio romano de Occidente, con la toma de Roma por parte del ejército de Odoacro. Sin embargo, la relación de guerras y alianzas entre romanos y godos venía de bastante atrás.

El primer enfrentamiento significativo en el campo de batalla entre unos y otros se produjo en 250. Los godos, (procedentes inicialmente de Gotheland en Suecia) llevaban siglos instalándose en diferentes lugares, inicialmente fuera de los limes del Imperio y luego poco a poco penetrando dentro de las fronteras de las provincias romanas. Además, numerosos godos se fueron incorporando al ejército imperial, lo que no impidió que las relaciones entre unos y otros pasaran por muchas vicisitudes y por buenos y malos tiempos.

En el año 250 un ejército godo liderado por Cniva y compuesto por setenta mil hombres cruzó el Danubio, penetró en la provincia romana de Tracia y sitió la ciudad de Filipópolis (en la actual Bulgaria). El ejército romano acudió a hacer frente a la amenaza, bajo el mando del mismísimo emperador Decio.

Los godos, a pesar de perder cerca de treinta mil combatientes en la batalla, se impusieron al ejército romano, tomaron la ciudad y ejecutaron a cerca de cien mil personas. El hecho de que las pérdidas del ejército de Decio fuesen superiores a las suyas hizo que pensaran que era imposible que los romanos tuviesen posibilidades de reunir otro ejército para enfrentarse a ellos y no tomaron mayores medidas defensivas, dedicándose al saqueo de la ciudad.

Sin embargo eso fue precisamente lo que ocurrió. Decio acudió nuevamente a Filipópolis junto a su mejor general, Gallo, que se situó en la retaguardia del ejército imperial. Ahora eran los godos los que se encontraban sitiados. Trataron de alcanzar el compromiso de abandonar la ciudad sin ofrecer resistencia, pero Decio se negó.

Aquí se produjo otra vuelta de tuerca, que cuenta el historiador Zósimo. Gallo se rebeló contra el emperador, que se vio atrapado en un terreno pantanoso entre la retaguardia liderada por Gallo y las murallas de Filipópolis. Como resultado de la batalla, Decio, su hijo y sus principales colaboradores perecieron y Gallo se proclamó emperador.

Una vez caído Decio, el nuevo emperador aceptó la retirada de Cniva y sus godos a cambio del pago de una cifra en concepto de tributo. Con ello Cniva consiguió dos cosas: un abundante botín y la demostración de que el mito del invencible ejército imperial romano era cosa del pasado.

En los años siguientes las escaramuzas entre unos y otros se sucedieron de manera incesante con algunos episodios, no todos ellos bélicos, destinados a marcar la historia de países como Italia y España hasta varios siglos después…pero esa es otra historia.

Fuente: Historia de la Edad Media Indro Montanelli y Roberto Gervaso.

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