Belisario, el último general romano.

Si el último emperador de Roma, Rómulo Augústulo, terminó su reinado en el año 476 puede resultar sorprendente que uno de los mejores generales del Imperio de Roma junto naciese alrededor del año 500. Para entender este hecho tenemos que situarnos en el año 395, cuando a la muerte del emperador Teodosio el Imperio romano quedó definitivamente dividido entre la parte occidental que seguía teniendo su cabeza en Roma, y la parte oriental tenía su sede en Constantinopla (hoy Estambul).

Las invasiones de las tribus procedentes de Germania terminaron con la invasión de Roma por parte de las tropas de Odoacro, que conquistó la ciudad y depuso al último emperador en 476. Sin embargo, el Imperio romano de Oriente perviviría casi mil años más, hasta 1453.

Dos de las figuras más prominentes del Imperio Oriental estaban destinadas a coincidir en el tiempo y a chocar entre ellas: una fue el emperador Justiniano, personaje clave especialmente en la compilación de normas jurídicas del Imperio. La otra, protagonista de esta entrada, fue el conde Belisario, uno de los genios militares más destacados de la Historia, injustamente olvidado.

Belisario se distinguió inicialmente en las luchas que los soldados de Constantinopla mantuvieron contra los persas que trataban de acabar con el Imperio romano de Oriente. Belisario combinó las tácticas y disciplina históricas que habían dado a Roma tantos éxitos con la creación de una fuerza de élite, los bucellarii.

Justiniano designó a Belisario como comandante de sus tropas que derrotaron a los persas en inferioridad de número en la batalla de Daras en 530 y lograron contener al ejército persa hasta que ambos imperios firmaron la paz en el año 532. Ello permitió a Justiniano olvidarse de sus fronteras orientales y centrarse en su gran proyecto: recuperar los territorios perdidos tras la caída del Imperio romano de Occidente. Para ello contaba con su más valioso general, Belisario, aunque los éxitos de este en batalla comenzaron a crear celos en el ambicioso emperador.

Su primer éxito se produjo al reconquistar para el Imperio las posesiones del Norte de África (entre ellas la antigua Cartago) derrotando, en inferioridad numérica, a los vándalos que las habían ocupado. Como resultado de ello, Belisario fue recibido en Constantinopla con la vieja tradición romana del triunfo.

El siguiente objetivo de la reconquista de las posesiones romanas que acometió Belisario fue Italia. Sus fuerzas tomaron Sicilia y desembarcaron en la Península Itálica en 536. En diciembre de ese mismo año el ejército de Belisario consiguió un hito histórico y recuperó la ciudad de Roma, disponiéndose a defenderle frente al contraataque de los ostrogodos, nuevamente en condiciones adversas. Una vez más el genio militar de Belisario fue puesto a prueba con éxito.

Roma soportó meses de asedio de los ostrogodos, pero finalmente la llegada de refuerzos bizantinos permitió a Belisario no solo levantar el asedio sino dirigirse al norte a conquistar la capital ostrogoda, situada en Rávena. Cuando los ostrogodos rindieron la ciudad, Belisario cometió el error de aceptar que sería nombrado rey de Italia, pero solo en el caso de fallecimiento del emperador Justiniano, que sería el nuevo rey. La desconfianza del emperador y la envidia de este por los logros militares del general serían su perdición.

A partir de ese momento, la vida de Belisario y su relación con Justiniano se convirtió en un continuo tira y afloja: el emperador no podía permitirse prescindir de su más valioso general, pero era reacio a otorgarle las tropas necesarias por temor a que Belisario las utilizara para derrocarle. Belisario ganó y perdió diversas batallas en Persia y en Italia, pero nunca traicionó a Justiniano, a pesar de llegar a ser juzgado y condenado por traidor en 563. Incluso se especula que Justiniano llegó a cegar a su más brillante general, pero finalmente lo puso en libertad antes de su fallecimiento en 565.

Si quieres conocer en detalle la fascinante historia de Belisario, te recomiendo el libro del autor de Yo Claudio, Robert Graves, titulado El Conde Belisario.

Imagen| Belisario

Fuente| https://senderosdelahistoria.wordpress.com/2011/11/30/flavio-belisario-500-565-d-c/

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