Jan Karski

Jan Kozielwski (Jan Karski) era un joven polaco que disfrutaba de las fiestas diplomáticas de Varsovia cuando fue movilizado ante la invasión alemana del 1 de septiembre de 1939 que dio origen a la Segunda Guerra Mundial.

El cuartel al que fue destinado se encontraba en la zona de Polonia que, en el reparto del país que pactaron rusos y alemanes en el Pacto Ribbentrop-Molotov, había correspondido a los soviéticos. Karski, como miles de polacos, fue hecho prisionero y trasladado a un campo de prisioneros en Rusia.

En el mismo Pacto, los dos gigantes que habían devorado a Polonia habían acordado un intercambio de prisioneros. Los alemanes entregarían a los rusos a aquellos soldados rasos ucranianos y bielorrusos que se encontraran en su poder; los soviéticos, por su parte, cederían a los nazis a los prisioneros polacos (también soldados rasos) que tuviesen ascendencia alemana o hubiesen nacido en lugares que se hubiesen incorporado al Reich tras la invasión. Karski no cumplía el primer requisito, pero si el segundo.

La tarea de escapar de un campo de prisioneros perdido en medio de Rusia y con una estrecha vigilancia de los trenes que pasaban por el lugar era casi imposible. Sin embargo, si era intercambiado y los alemanes procedían a su internamiento en un campo en Polonia sus posibilidades serían mucho mayores. Cambió su uniforme de teniente por uno de soldado raso y se unió al resto de polacos que fueron entregados a los alemanes.

Karski logró escapar y se incorporó al movimiento de resistencia que se organizó en Polonia. Se convirtió en el enlace entre los líderes de los diversos partidos dentro del país y el gobierno en el exilio, primero en Francia y luego en Inglaterra. Era una misión delicada y peligrosa; delicada porque requería de una completa neutralidad a la hora de transmitir mensajes de todos los partidos y de un absoluto respeto a la confidencialidad de los mensajes de cada uno de ellos; y peligrosa porque implicaba cruzar un continente devastado por la guerra y repleto de soldados y espías. En una de sus misiones Karski fue detenido y capturado por los nazis; sometido a tortura, estuvo a punto de morir. Fue trasladado a un hospital polaco, y a pesar de su grave estado, consigue huir con ayuda de la resistencia.

Volvió a desarrollar sus funciones en la resistencia y un día recibió la visita de los líderes judíos que seguían en el país, quienes le pidieron que en su siguiente viaje a Occidente contase al mundo lo que estaba ocurriendo con los judíos en Polonia. Karski aceptó y se infiltró primero en el ghetto de Varsovia y luego en un campo de concentración sobornando a un guardia ucraniano. Fue testigo de una barbarie que hoy es bien conocida, pero que evidentemente para él en ese momento fue un tremendo golpe emocional.

Karski viajó a Inglaterra y Estados Unidos; fue recibido por el primer ministro polaco general Sikorski, por Anthony Eden y por el propio Roosevelt, a quienes contó el horror que había presenciado con sus propios ojos. También intervino ante diversos organismos internacionales y medios de prensa. Evidentemente, ya existían rumores sobre la suerte que estaban corriendo los judíos, pero Karski fue el primer testigo presencial que llevó la noticia a los aliados.

Al término de la guerra y ante la implantación del régimen comunista en Polonia, Karski se instaló en Estados Unidos donde dio clases en la Universidad de Georgetown hasta su muerte en 1988. Karski ha sido reconocido con el título de Justo entre las naciones por el gobierno de Israel y se han erigido estatuas en su honor en varias universidades estadounidenses. El reconocimiento en Polonia tuvo que esperar a la caída del régimen comunista y en los años 90 recibió las condecoraciones más altas del país, tanto la civil como la militar.

Jan Karski narró sus experiencias en Historia de un estado clandestino, un libro excepcional. En primer lugar porque está escrito en un estilo ameno y novelado que hace que se lea fácilmente como si se tratara de un libro de aventuras. En segundo lugar por las extraordinarias y dramáticas vivencias por las que pasó durante el conflicto. En tercer lugar porque cuenta el grado de organización que tuvo el movimiento de resistencia polaco dentro del país durante la ocupación nazi y sus relaciones con el gobierno en el exilio; se trataba, como dice el título del libro, de un auténtico estado clandestino. Y en cuarto lugar porque el libro está escrito en 1944, antes de la instauración del comunismo en Polonia, por lo que el autor detalla las expectativas del futuro que él y muchos otros tenían para su país después de la guerra, ninguna de las cuales se cumplió