Sepulcro del rey inglés Juan I. (foto:archivo del autor)

Sepulcro del rey inglés Juan I. (foto:archivo del autor)

Contrariamente a lo que nos han transmitido la literatura y el cine, Juan Sin Tierra fue un rey mucho más importante en la historia de Inglaterra que su famoso hermano mayor Ricardo Corazón de Léon. Juan no sólo reinó más años y con más presencia y dedicación a los asuntos ingleses que Ricardo, sino que todos los reyes ingleses hasta casi trescientos años después eran descendientes de Juan Sin Tierra (Corazón de León murió sin descendencia).

Ricardo era el prototipo de rey medieval que ganó su fama guerreando con éxito por las posesiones de la familia Plantagenet en Francia y con menos éxito en Tierra Santa, donde obtuvo varias victorias pero no consiguió reconquistar Jerusalén de las tropas de Saladino. Sin embargo, probablemente Ricardo fuese el menos inglés de los reyes de Inglaterra. No hablaba inglés, de sus diez años de reinado (1189-1199) sólo pasó seis meses en el país y siempre vio a Inglaterra como una fuente de ingresos que exprimir para financiar sus contiendas ya fuese en Francia ya en Tierra Santa.

El episodio del cautiverio de Ricardo en Alemania a la vuelta de las Cruzadas y su regreso a Inglatera tras pagar un descomunal rescate es muy conocido gracias a historias como Robin Hood o Ivanhoe. pero, una vez metido en vereda su díscolo hermano Juan, la estancia de Ricardo en suelo inglés tras su puesta en libertad fue muy breve; no tardó en volver al continente para continuar su lucha por sus posesiones en Francia. En una de esas acciones, el asedio del castillo de Châlus-Chabrol, una flecha de los defensores le alcanzó y como consecuencia de las heridas Ricardo falleció el 6 de abril de 1199.

A su muerte, al no tener descendencia, le sucedió su hermano Juan Sin Tierra. El hecho de que Juan fuese un rey más significativo para la historia inglesa que su hermano Ricardo no implica que fuese un buen rey. Los primeros años de su reinado los pasó casi íntegramente en territorio francés y acabó perdiendo casi todas las posesiones de los Plantagenet en suelo galo, excepto Gascuña. Además, las disputas sobre la herencia familiar con su sobrino Arturo de Bretaña acabaron abruptamente cuando el muchacho desapareció para siempre mientras era prisionero de Juan, considerado unánimemente como responsable del asesinato de Arturo de Bretaña.
A partir de 1205 Juan centró su reinado en Inglaterra, donde se enfrentó con los dos mayores poderes del Estado además del suyo: el clero y los nobles. Y en ambas contiendas, como le había pasado en Francia, salió derrotado.
Su contencioso con la Iglesia comenzó con su oposición al candidato elegido por la Iglesia para el cargo de Arzobispo de Canterbury, llegando a proponer un candidato propio y a vetar al propuesto por el papa. Juan no se inmutó cuando el Papa Inocencio III declaró al país en interdicto y excomulgó al propio monarca. Es más, al principio aprovecho la inactividad del clero para desposeer a la Iglesia de multitud de sus bienes, pero finalmente la amenaza de que cualquier monarca europeo pudiera invadir Inglaterra con la bendición papal, le obligó a doblegarse ante Roma y someterse a sus exigencias.
Con la nobleza Juan encontró dificultades y tuvo desencuentros por dos motivos fundamentales: la asunción por el monarca de funciones de la administración de justicia que venían ejerciendo los señores y barones en sus tierras y el afán recaudatorio del monarca que le llevó a esquilmar a multas y pagos de derechos a muchos de sus nobles a los que llegó a perseguir por Gales, Irlanda y Escocia. Curiosamente, como consecuencia de ello Juan fue el monarca Plantagenet que mayor dominio ejerció sobre las islas británicas, en compensación a sus pérdidas en el continente.

En 1214 Juan se sintió suficientemente fuerte para intentar recuperar las posesiones perdidas en Francia; sin embargo la expedición fue un desastre y Juan tuvo que volver a Inglaterra con su fama y prestigio por los suelos. Ello fue aprovechado por sus nobles para rebelarse abiertamente contra él. Los rebeldes llegaron a tomar Londres y tras muchos dimes y diretes Juan y sus nobles llegaron a un compromiso que se firmó el 15 de junio de 1215 en Runnymede; este documento, llamado Magna Carta, se considera un hito en la historia inglesa, por la limitación que estableció a los poderes absolutos que los monarcas Plantagenet estaban acostumbrados a ejercer.
Juan Sin Tierra dedicó el resto de su vida a tratar de anular los compromisos asumidos en Magna Carta., con el apoyo del PapaInocencio III que declaró que se trataba de un documento nulo y amenazó con excomulgar a quien lo aplicara. Por su parte, la nobleza rebelde llegó a pedir ayuda al enemigo tradicional de Inglaterra, Felipe de Francia que mandó un ejército al mando de su hijo Luis. Sin embargo, la lucha de Juan fue breve, ya que el 19 de octubre de 1216 falleció dejando una difícil herencia a su hijo de diez años, Enrique III … pero esa es otra historia.

Para concluir, como dice Dan Jones en su libro The Plantagenets, que me ha servido de base para redactar esta entrada, Juan no era probablemente ni más cruel ni más avaricioso que su padre Enrique II o su hermano Ricardo I, pero carecía del carisma magnético de ambos, y sobre todo a diferencia de ellos, acabó fracasando en todo lo que intentó.