En alguna entrada del blog decíamos que ser esposa de Enrique VIII era una profesión de riesgo (ver la entrada dedicada a Katherine Parr. Siendo más claros quizás deberíamos decir que el solo hecho de sobrevivir en el maremagnum de los diferentes monarcas de la dinastía Tudor con su fuerte e impredecible personalidad y con sus cambios de dirección en lo religioso ya constituía una hazaña.

Si hay alguien que consiguió navegar en las turbulentas aguas de los Tudor a base de pisar cadáveres de significativos personajes que cometieron el error de oponerse a los reyes, ese fue Richard Rich.

Paisano de Tomás Moro, pronto se distinguió en las funciones propias de los leguleyos cercanos a la Corte. En tal carácter, se hallaba muy próximo cuando el propio Moro fue detenido por negarse a seguir los dictados de Enrique VIII en su desafección de la iglesia católica y su creación de la iglesia anglicana (ver la entrada del blog sobre “The Pilgrimage of grace”).

En su condición de paisano , tanto Tomás Moro como John Fisher, otro de los grandes defensores del catolicismo frente a la nueva tendencia anglicana de Enrique VIII, se confiaron en sus celdas a Richard Rich, quien no solo no dudó en revelar en sus juicios todo lo que Moro y Fisher le habían comentado, sino que incurrió en perjurio acusando a los enjuiciados de decir cosas que en realidad no habían dicho y que contribuyeron a condenarlos a muerte.

En el juicio de Tomás Moro, Rich acusó a este de haberle manifestado en una reunión mantenida en la Torre de Londres el 12 de junio de 1535 que ni el Rey ni el Parlamento tenían autoridad para oponerse a la del Papa de Roma. No hubo testigos de esa conversación y Moro negó en el juicio haberla sostenido, acusando a Rich de perjuro; pero su testimonio fue tenido en cuenta y, como en el caso de Fisher, sirvió de evidencia para condenar a Moro a muerte. De hecho, Rich trató de involucrar a dos hombres que según él habían escuchado su conversación con Moro, pero los dos negaron haber sido testigos de la misma. Muy conveniente para los intereses de Enrique VIII.

Rich fue recompensado por sus servicios y nombrado miembro de la comisión que supervisó la expropiación y venta de las propiedades de la iglesia católica en Inglaterra. Rich se mostraba de este modo como ferviente anglicano y enemigo de los católicos.

La caída de Ana Bolena y de Thomas Cromwell en el favor real produjo un movimiento de favor hacia el catolicismo y Rich demostró su versatilidad siendo uno de sus principales apoyos. A la muerte de Enrique VIII, Rich consiguió ir acomodándose a las voluntades de los nuevos reyes de la dinastía Tudor (anglicana con Eduardo VI y católica con María Tudor, en cuyo reinado renegó de sus anteriores protestas anglicanas y se volvió un gran defernsor del catolicismo y apoyo esencial de las ejecuciones de anglicanos perpetradas por Bloody Mary, traicionando por el camino a quien hiciera falta para mantenerse en el favor real).

Este acomodaticio personaje que en su camino dejó tantos cadáveres por sus perjurios y falsos testimonios consiguió sobrevivir tranquilamente hasta morir en su lecho el 12 de junio de 1567, reinando ya Isabel I, y sin rendir cuenta de sus acciones a la justicia terrenal.