Cuando se habla de crímenes de guerra y campos de prisioneros lo habitual es asociarlo con los nazis y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo ya en la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861-1865) hubo alguien que fue juzgado y ejecutado por crímenes de guerra cometidos en un campo de prisioneros; este alguien fue el protagonista de nuestro artículo de hoy.

Henry Wirz nació en Suiza en 1823 y emigró a E.E.U.U. en 1849, concretamente a Luisiana. Cuando estalló el conflicto entre Norte y Sur en 1861, Wirz se enroló en las filas del Cuarto Batallón de Luisiana que lucharon con las fuerzas confederadas. Tras la primera Batalla de Bull Run a Wirz se le ordenó custodiar a los prisioneros del ejército de la Unión y a partir de ese momento ocupó diversas responsabilidades relacionadas con los prisioneros de guerra,desde la custodia hasta el traslado o el intercambio con cautivos del ejército confederado presos en el Norte. También viajó a Europa con despachos para los representantes del gobierno sudista en Gran Bretaña y Francia.

Sin embargo, no fue hasta bien entrada la guerra en febrero de 1864 que ocurrió el hecho que le costó, a la larga, la vida y que le hizo famoso; en esa fecha fue designado para dirigir el campo de prisioneros del ejército de la Unión que los confederados tenían cerca de Anderson (Georgia), conocido como Camp Sumter.

Las condiciones en Camp Sumter eran infrahumanas: sobrepoblación, falta de alimentos y de agua potable, condiciones insalubres, enfermedades contagiosas eran el pan nuestro de cada día para los prisioneros nordistas que allí se hacinaban esperando el intercambio con los cautivos sudistas. Se calcula que alrededor de 45.000 soldados de la Unión pasaron por Camp Sumter, de los que unos 13.000 fallecieron. De esta forma la fama de lugar siniestro y mortal de Camp Sumter se fue extendiendo entre los estados del Norte ya durante el conflicto.

Aunque Wirz se dirigió a sus superiores en más de una ocasión para que mejoraran las condiciones de los prisioneros del campo, sus peticiones fueron rechazadas, lo que se agravó con la cada vez más desesperada situación de la Confederación a medida que la guerra iba avanzando.

Cuando la guerra concluyó, Wirz fue hecho prisionero en mayo de 1865 y conducido a Washington donde se acordó que fuese sometido a juicio por un tribunal militar. Alguno de los miembros del tribunal ya habían formado parte del que había juzgado a los acusados de haber cooperado con John Wilkes Booth en el asesinato del presidente Lincoln; entre los que formaron parte de ambos tribunales se encontraba un personaje que pasaría a la historia como escritor de una exitosa novela: Lewis Wallace, autor de Ben-Hur.

En el juicio declararon algunos prisioneros y familiares de prisioneros que pasaron por Camp Sumter. Además de la denuncia de las condiciones del campo, hubo acusaciones personales de crueldad y asesinato de presos dirigidas directamente contra Wirz.

Como consecuencia de todo ello, y tras un juicio que duró dos meses, el tribunal consideró a Henry Wirz culpable de crueldad y de crímenes de guerra y le condenó a muerte.

La petición de clemencia realizada por el condenado al presidente Andrew Jonhson quedó sin respuesta y Wirz fue colgado en la horca frente al Capitolio el día 10 de noviembre de 1865.

Investigaciones posteriores han puesto en duda la veracidad de alguno de los testimonios prestados contra Wirz en el juicio y la sensación general es que el emigrante suizo fue un chivo expiatorio; alguna teoría sostiene incluso que se le ofreció el perdón a cambio de que declarara contra el presidente de la Confederación Jefferson Davis y que él se negó a hacerlo.

Sea como sea Henry Wirz pasó a la historia como uno de los tres miembros del ejército de la Confederación condenados por crímenes de guerra en un conflicto que sangró durante cuatro años a los Estados Unidos de América.