El rey Enrique III rinde su espada ante Simon de Monfort tras la Batalla de Lewes el 14 de mayo de 1264

El 14 de mayo de 2014 se conmemoró en Inglaterra el 750 aniversario de la Batalla de Lewes (1264), considerada por muchos como el hito que constituye el precedente directo de la actual democracia parlamentaria inglesa. Para conocer la importancia de esta batalla y de sus consecuencias históricas tenemos que retroceder algunos años más en el tiempo.

En 1199 fallece Ricardo I de Inglaterra, el famoso “Corazón de León” y le sucede en el trono su hermano Juan I, conocido como Juan “Sin Tierra”. Contrariamente a la idea asentada en el imaginario popular, Juan fue un monarca mucho más significativo que su hermano mayor, que solo pasó ocho meses de su reinado en suelo inglés. De hecho, todos los ocupantes del trono de Inglaterra hasta el acceso al mismo de la dinastía Tudor en 1485 eran descendientes de Juan “Sin Tierra”.

La relevancia de Juan I en la historia de Inglaterra proviene de otro acontecimiento histórico que tuvo lugar (bien es cierto que muy a su pesar) durante su reinado y que entronca directamente con la batalla citada en el título de esta entrada. Este acontecimiento fue la firma en junio de 1215 de la conocida como “Magna Carta”. En este documento, Juan Sin Tierra fue obligado por los principales señores del reino a firmar una serie de provisiones que limitaban de manera radical los poderes reales y le forzaba a contar con sus barones para la toma de las decisiones políticas fundamentales del reino (esencialmente las relacionadas con las guerras mantenidas en las posesiones del monarca Plantagenet en Francia y con la necesaria financiación de las mismas).

Aunque Juan trató de desvincularse de lo firmado en varias ocasiones, su fallecimiento solo un año después en 1216 hizo que el problema se traspasara rápidamente a su hijo Enrique III que se vio obligado a batallar con sus levantiscos nobles durante todo su reinado. Enrique era un monarca débil y ya en 1258 hubo un primer intento de limitar la autoridad real, mediante la designación de un consejo de grandes señores que eran quienes ejercían de hecho el poder, aunque este intentó fracasó tras sólo dos años como consecuencia de las luchas interinas de los miembros del Consejo y de su falta de visión de los intereses globales del reino.

Enrique III recuperó brevemente el poder, pero cuando convocó Parlamento en varias ocasiones para solicitar fondos para sus gastos, nuevamente se encontró con la oposición de los grandes señores que entendían que ese dinero se destinaría a satisfacer gastos personales del Rey, su familia y allegados y ajenos a los intereses del Reino.

En esta ocasión, ya en 1263, el líder de la oposición de los barones fue el Conde de Leicester, Simon de Monfort (no confundir con su padre del mismo nombre, que lideró la “cruzada albigense” contra los cátaros). De Montfort, nacido en Francia, había dejado su país natal para hacerse cargo de la herencia familiar en Inglaterra. (ver el artículo dedicado a Simon de Montfort en el blog).

Los rebeldes controlaban parte del territorio inglés (incluida la ciudad de Londres), y cuando los ejércitos de ambos bandos se encontraron en Lewes, aun en inferioridad numérica, el ejército de Simon de Montfort venció. Como consecuencia de ello, el Rey fue confinado en Londres y se designó un Consejo de nueve barones, dirigido por de Montfort, que ejerció como rey “de facto”. Además, el primogénito del rey quedó como rehén en el Castillo de Dover, para evitar cualquier maniobra por parte de su padre contra los nuevos regentes del Reino. De Monfort no cometió el error del anterior consejo y ejerció personal y directamente el poder. Era en todo, excepto en el nombre, el verdadero rey de Inglaterra.

Durante la “regencia” de de Montfort, este convocó por dos veces (1264 y 1265) al Parlamento, que estaba formado por caballeros y hombres designados por los condados y ciudades importantes de Inglaterra.

Sin embargo en 1265 el hijo del Rey Enrique, el futuro Eduardo I, escapó de su cautiverio y formó un ejército que se enfrentó al de de Montfort en Evesham el 4 de agosto. De Monfort fue derrotado y muerto en la batalla, y sus restos fueron descuartizados.

Todavía hoy se discute en Inglaterra si la lucha que llevó a cabo De Monfort en la Batalla de Lewes y su gobierno posterior le convierte en un paladín de la democracia y un predecesor del actual sistema de gobierno británico, donde el rey reina pero no gobierna, o si actuó por motivos meramente personales.

La existencia de algún tipo de consejo de notables ya venía existiendo en Inglaterra desde el Witenagemot de los sajones, que se reunía una o dos veces al año y que estaba formado por los principales nobles y obispos del reino, y también fue utilizada por los reyes normandos. Poco a poco este consejo de nobles fue tomando conciencia de sí mismo como un órgano colegiado, llegando a exigir a los reyes que no cambiasen las leyes del reino sin su participación y su aprobación.

Un paso más se dio en el reinado de Juan sin Tierra, que en 1212 dijo a los sheriffs que cada uno debía venir a los consejos reales acompañado de cinco o seis de los más destacados caballeros de su condado. Es cierto que Juan requería su presencia para «hacer lo que yo les diga que tienen que hacer». Con el avance que supuso Magna Carta, uno de los puntos novedosos fue que ningún rey podía acordar la recaudación de impuestos extraordinarios sin el consenso de la comunidad del reino. Sin embargo, para los redactores del famoso documento «el reino» significaba solo los barones y los obispos.

Enrique III fue el primero en utilizar el término «parlamento» (procedente del francés «parler») para las reuniones de este consejo en 1236, pero inicialmente incluían exclusivamente a nobles y obispos. Solo en 1254, cuando las extraordinarias necesidades de financiación para la conquista de Sicilia requirieron del consenso de un número mayor de contribuyentes, Enrique requirió que los sheriffs fuesen acompañados de dos caballeros del condado y también se permitió la presencia del bajo clero.

Cuando De Montfort tomó el poder en 1264 requirió la presencia en el parlamento de dos representantes de las ciudades (burgueses), aunque no por dotar de un mayor contenido democrático a sus decisiones, sino por contar con mayores apoyos contra los grandes barones del reino que se oponían a él.

Parece evidente que ni él ni el resto de barones rebeldes de Lewes tenían en mente nada parecido al actual sistema político británico, pero tampoco parece justo pensar que solo buscaban el beneficio personal, dado que al menos siempre afirmaban hacerlo por recuperar la vigencia de las «buenas leyes y costumbres del reino». En palabras de Simon Schama:

«Pocos líderes carismáticos han acometido un objetivo sin una parte de ambición egoísta y de vanidad. Y Simon no fue una excepción. Pero tampoco cabe duda de que creía que lo que era bueno para los De Montfort también era bueno para Inglaterra. Y por un tiempo, al menos una buena parte de los nobles y de los ciudadanos del reino también lo creyeron».

Lo que sí es cierto es que durante más de un año hubo un sistema en el que se convocaron parlamentos con representación diversa y sin participación directa del rey en el gobierno del país. También lo es que el reconocimiento de la participación de los caballeros y los burgueses en el parlamento supuso el inicio de su inclusión en el sistema social, lo que provocó que tanto caballeros como burgueses fueran evolucionando en una progresiva estratificación y diferenciación de clases entre ellos.

Y con el tiempo los bandos enfrentados en las negociaciones en el Parlamento ya no serían el monarca y sus súbditos, sino los grandes señores (nobles y obispos) y los representantes de la burguesía y los ciudadanos, los «comunes»… pero esa es otra historia.

Para quien quiera conocer más detalles sobre esta historia, el libro de Sharon Kay Penman Falls the shadows trata de manera novelada, detallada y muy amena la historia de Enrique III, Simon de Monfort y las batallas de Lewes y Evesham. También se pueden consultar las obras que han servido como fuente a esta entrada y que citamos reiteradamente en todos los blogs de historia británica “The History of England” de Peter Ackroyd y “Story of Britain” de Roy Strong ; por último, la serie de la BBC “A History of Britain” de Simon Schama es muy recomendable para los interesados en la Historia de Gran Bretaña.

Imagen| Batalla de Lewes