Henry Fitzroy, único hijo natural reconocido por Enrique VIII

En algún artículo del blog hemos comentado la naturalidad (y nunca mejor dicho) con que en Inglaterra se aceptaba el hecho de que los reyes tuvieran hijos fuera del matrimonio, a los que no solían tener problema en reconocer e incluso en otorgarles algún título nobiliario (ver la entrada dedicada al capitán del Beagle Robert Fitzroy). Estos hijos naturales solían iniciar su apellido con el prefijo Fitz.

Uno de los monarcas ingleses más activos en sus relaciones con el sexo opuesto fue Enrique VIII, a cuyo reinado hemos dedicado varios artículos en este blog (ver las entradas dedicadas a su madre Isabel de York, al origen de la dinastía Tudor, a su última esposa Katherine Parr o a la rebelión de católicos conocida como The Pilgrimage of Grace).

Teniendo en cuenta el historial de Enrique VIII, que casó seis veces y fue capaz de provocar un cisma con Roma con tal de satisfacer su deseo de conquistar a Ana Bolena, no es de extrañar que tuviera otras relaciones fuera del matrimonio de las que nacieran descendientes del promiscuo monarca. Sin embargo, Enrique solo reconoció a uno de sus posibles hijos naturales: el protagonista de nuestra historia Henry Fitzroy.

Henry nació en 1519 y su madre era Elizabeth Blount, por entonces una de las amantes del rey que todavía estaba casado con Catalina de Aragón, que le había dado dos hijos varones (ambos fallecidos al nacer) y una hembra (la futura reina María Tudor). El nacimiento de Henry fue una prueba de que Enrique VIII era capaz de tener hijos varones y dotar al reino del tan esperado heredero de sexo masculino.

Henry fue reconocido como hijo por el rey, apadrinado por el por entonces todopoderoso Cardenal Wolsey, nombrado miembro de la Orden de la Jarretera instaurada por Eduardo “El Príncipe Negro” cuando solo tenía seis años de edad. También se le concedieron los títulos de duque de Richmond y Somerset y de Lord Admirante. El título que no se le concedió, sin embargo, fue el de Príncipe de Gales y heredero de la corona, debido a su carácter de hijo ilegítimo que le dejaba fuera de la línea sucesoria.

Enrique VIII siempre se mostró bien dispuesto hacia su hijo natural que participaba en los principales actos del reino incluido (aunque tal honor sea dudoso) el de la ejecución de la segunda esposa del rey Ana Bolena en 1536.

Las especulaciones sobre cuál podía haber sido su papel si su padre no era capaz de tener un descendiente legítimo varón terminaron cuando con solo diecisiete años, pocos meses después de la ejecución de Ana Bolena, Henry murió el 23 de julio de 1536.

Tuve conocimiento de la historia de Henry Fitzroy a través del artículo publicado por Mathew Lyons (http://mathewlyons.wordpress.com/2012/01/30/henry-viii-and-his-illegitimate-children/) que cita el libro de Beverley Murphy The Bastard Prince, que tengo pendiente de leer.

Imagen| Henry Fitzroy