Uno de los movimientos contraculturales propios de los Estados Unidos que ha gozado de más popularidad es el que a finales del siglo XIX y principios del XX se conoció como movimiento hobo, identificado con aquellas personas que en el citado período recorrían el país de tren de mercancías en tren de mercancías, viajando clandestinamente, deteniéndose donde y cuando querían y reanudando su marcha de la misma forma. A las personas que llevaban este tipo de vida se les llamaba hobos y las mujeres de este movimiento eran conocidas como hermanas de la carretera. El movimiento se desarrolló especialmente en el Medio Oeste. Sur y Oeste del país a la sombra del crecimiento de la red ferroviaria estadounidense.

Aunque popularmente se les califica como vagabundos o trotamundos, en palabras del libro que más abajo citaré como fuente de esta entrada, existe una diferencia esencial: “los hobos son hombres y mujeres sin vínculos familiares que viajan en busca de trabajo; los vagabundos son gente también sin vínculos familiares y sin un centavo que yerran por el mundo en busca de emociones y aventuras”. Es decir, que los hobos se diferenciaban de otros trotamundos por ser trabajadores temporeros que iban buscando un lugar donde ganarse la vida hasta que, o por terminarse la obra o la recolección para la que habían sido contratados o por hartazgo de la estabilidad de un trabajo, se subían al primer tren que pasaba hasta encontrar otro destino en el que detenerse durante un tiempo.

Tampoco debe confundirse el movimiento conocido como “hobohemia” con el fenómeno migratorio producido en Estados Unidos como consecuencia de la crisis de 1929 (narrado por ejemplo en la obra de John Steinbeck Las uvas de la ira); a diferencia de los hobos, las víctimas de la Gran Depresión viajaban en coche y en familia buscando una ciudad donde poder trabajar y alimentar a sus hijos.

Volviendo al movimiento hobo, uno de los aspectos que más llama la atención del mismo es que en diversas ciudades de Estados Unidos se crearon los llamados hobo college o “escuelas hobo”; no se trataba de escuelas o universidades en sentido estricto, sino de lugares en los que no solo se acogía a los miembros del movimiento de paso por esa ciudad y se les facilitaba cobijo, alimento y aseo, sino que se les ofrecía todo tipo de asesoramiento para la continuación de su viaje (los horarios de tren ocupaban siempre un lugar destacado) y para el desarrollo del modo de vida propio de la hobohemia. 

Pero además en los hobo college los más influyentes pensadores progresistas del país (profesores, líderes sindicales y anarquistas, periodistas, sociólogos, médicos) acudían con frecuencia a dar conferencias sobre política, religión, economía, sexo o cualquier tema que pudiera resultarles de interés.

El más famoso de los hobo college fue el fundada en 1913 en Chicago  (lugar considerado como el centro del movimiento) por James Eads How, conocido como el “hobo millonario”, cuya familia era propietaria de una compañía ferroviaria y que consagró su fortuna a la causa de los hobos, a los que se unió. Se estima que alrededor de 200.000 personas pasaban anualmente por el hobo college de Chicago.

Según Laurent Jeanpierre, “la Universidad Hobo fue un lugar único y autónomo de educación y de transmisión subproletarias, en parte dirigida hacia los saberes críticos y el aprendizaje de la resistencia por la delincuencia. Allí intervinieron “profesionales” de todo género, desde descuideros hasta alcohólicos inveterados, desde chorizos arrepentidos a mendigos enriquecidos, pero también sociólogos, psicólogos, médicos y toda suerte de expertos de tipo más oficial, e incluso empleadores potenciales.” En tal sentido, los hobo college fueron un importante centro cultural y sociológico de difusión e intercambio de ideas minoritarias y contraculturales para los Estados Unidos de la época.

En el nacimiento y desarrollo del hobo college de Chicago jugó un papel fundamental uno de los iconos de la hobohemia, el escritor y miembro del movimiento Ben Reitman. Precisamente, la historia de los hobo college llegó a mi conocimiento a través de la lectura del curioso libro de Reitman Boxcar Bertha, autobiografía de una hermana de la carretera.

A quien quiera conocer más a fondo la historia del movimiento hobo y del hobo college de Chicago le recomiendo la lectura de dicha obra, a la que pertenecen las dos citas contenidas en este artículo (la de Laurent Jeanpierre se encuentra en el prólogo del libro). Existe además una adaptación cinematográfica de esta novela que lleva el mismo nombre y que fue dirigida en 1973 por Martin Scorsese, que no puedo recomendar porque no he tenido oportunidad de verla.