Richard era hijo de Oliver Cromwell, una de las figuras históricas más prominentes de Inglaterra que lideró un proceso sin precedentes en su país que concluyó no sólo con la destitución de un monarca ungido y coronado, sino incluso con su ejecución. Efectivamente, tras varios años de enfrentamientos y de guerra civil, el 30 de enero de 1649 Carlos I Estuardo, rey de Inglaterra y Escocia era decapitado.

 No es objeto de este artículo narrar los motivos que llevaron a esta drástica acción, ni tampoco glosar la figura de Oliver Cromwell, sino centrarnos en lo ocurrido después de su muerte.

 A los efectos que nos interesan aquí, basta decir que tras la muerte del rey, Cromwell fue designado “Lord Protector” del reino, lo que implicaba la posición de jefe del Estado. Cromwell fue en todo, salvo en el nombre, rey de Inglaterra; su nombramiento había ido acompañada de una ceremonia que fue en todo idéntica a la de la coronación de un monarca salvo en el detalle de que no se colocó la corona sobre su cabeza. Cromwell fue un personaje polémico, con sus virtudes y sus defectos, con muchos defensores y detractores y del que se pueden discutir muchas de sus acciones; pero lo que nadie pone en duda es que era una figura histórica de gran calado y que estaba por sus méritos a la altura del título de Lord Protector y jefe del Estado que le fue concedido.

 Sin embargo, lo sucedido después de su fallecimiento el día 3 de septiembre de 1658 resulta absolutamente chocante e incluso incomprensible desde la perspectiva que nos da el tiempo; al fallecer Cromwell, su hijo (nuestro protagonista Richard Cromwell) se convirtió en su heredero. Este hecho de por sí no tendría nada de excepcional, y nada hubiera llamado atención si Richard se hubiese limitado a suceder a su padre en las propiedades que éste dejó a su muerte.

 Pero lo excepcional del caso fue que Richard heredó también el título de Lord Protector que Oliver Cromwell ostentaba y se convirtió en jefe del Estado. Mientras a su padre le había sido concedido ese honor por sus méritos durante años de guerra y lucha contra Carlos I, Richard fue proclamado Lord Protector sin merecimiento alguno para ello, salvo por el simple hecho de ser hijo de su padre. Resulta paradójico que heredara un título conseguido por méritos propios de una forma prevista para la institución que su padre luchó para derogar: la monarquía.

 Esta contradicción vino además avalada por el hecho de que nadie en Gran Bretaña puso en duda su derecho a convertirse en Lord Protector. Hubo hijos de reyes ingleses cuyo derecho a suceder a su padre se discutió más que el de Richard Cromwell. Sólo cuando resultó evidente que carecía del carisma, la energía y sobre todo el deseo de poder de su padre y que, en definitiva, no daba el perfil para ejercer como jefe de Estado de un país en plena convulsión, Richard dejó su cargo el día 26 de mayo de 1659, tras sólo siete meses como Lord Protector. El proceso concluyó con la restauración de la monarquía en la persona del hijo del rey ejecutado, que subió al trono con el nombre de Carlos II y que tuvo un tormentoso reinado … pero esa es otra historia.

 En resumen, Richard Cromwell no tuvo ningún papel significativo en la Historia de Gran Bretaña, pero en su persona se dio una circunstancia única y singular, que nunca antes se había dado y que nunca se volvió a dar: se convirtió en jefe del Estado no por ser el hijo y heredero del anterior rey, sino por ser el hijo y heredero del hombre que con más empeño luchó contra la institución monárquica y que mandó ejecutar a un rey ungido.

 Imagen| Richard Cromwell