Algo que he aprendido al ir redactando los artículos de este blog es que muchas veces para conocer la Historia resulta tanto o más interesante que la biografía de los reyes y grandes señores, saber de la vida de las mujeres que fueron sus madres, esposas o hijas. En primer lugar por resultar menos conocidas al pasar muchas veces entre bambalinas; y en segundo lugar porque suelen resultar mucho más ricas en matices, y me explico: la vida de un rey suele ser la de un rey de Castilla, hijo de un rey de Castilla y padre de otro rey de Castilla, mientras que una mujer es hija de un rey de Navarra, esposa de un rey de Aragón y a veces madre de un rey de Aragón y otro de Castilla. Si además, esta mujer vivió en un período convulso de la Historia o de cambio de dinastía, entonces su biografía se convierte en fascinante.

En este blog ya hemos hablado de alguna de estas mujeres, como Catalina de Lancaster o Emma de Normandía y hablaremos de otras como Juana, hija ilegítima de Juan Sin Tierra y esposa de Lewellyn de Gales; pero hoy me voy a detener en un personaje femenino cuya biografía refleja un momento esencial de la Historia de Europa: Catalina de Valois.

 Catalina, nacida en 1401, era hija del Rey Carlos VI de Francia, conocido como “El Bienamado”, pero también como “El Loco”debido a sus trastornos de personalidad. Carlos VI se vio envuelto en uno de los episodios más significativos de la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra (también comentada en el blog): la batalla de Agincourt en 1415. El rey inglés Enrique V, tras un complicado periplo por tierras francesas y con un ejército diezmado y muy inferior en número, derrota contra todo pronóstico al todopoderoso ejército francés destrozando a la flor y nata de la nobleza gala. A partir de ese momento, toda Francia está a su merced y Carlos VI se ve obligado mediante el Tratado de Troyes de 1420 a reconocer a Enrique V como heredero y a darle en matrimonio a su hija, nuestra protagonista Catalina de Valois. De esa forma se unificarían en una sola corona los reinos de Francia e Inglaterra.

 Catalina casa así con la estrella emergente del momento, el rey inglés Enrique V. Pero su estrella, y la posibilidad de la unión bajo un solo rey de Francia e Inglaterra, se apaga pronto, ya que Enrique fallece en 1422, no sin antes haber tenido tiempo de que su matrimonio con Catalina le diera un heredero, el futuro Enrique VI. Las disputas sobre la regencia durante su minoría de edad, y el hecho de que heredara los problemas mentales de su abuelo Carlos VI “El Loco” fueron el origen de la guerra civil que con el nombre de “Guerra de las Rosas” enfrentó en Inglaterra a las casas de York y Lancaster durante casi treinta años, pero esa es otra historia.

Volviendo a nuestra protagonista, viuda y con su hijo bajo la égida de los regentes del reino, parecía destinada a desaparecer de la Historia en su papel de reina madre. Y así hubiese sido si en su camino no se hubiese interpuesto una historia de amor  que cambiaría la Historia de Inglaterra. El nombre de su enamorado basta para explicar el porqué: Owen Tudor.

Owen Tudor era un oscuro noble de origen galés que había conseguido trabajo en la casa del rey Enrique VI. Allí, él y la madre del rey, nuestra Catalina de Valois, se enamoraron y de su amor nacieron cinco hijos. Cuando Catalina murió en 1437, Owen fue encarcelado por los regentes del reino (el rey sólo tenía todavía 13 años). Pero cuando Enrique VI alcanzó la mayoría de edad, liberó a Owen y a los hijos que éste había tenido con su madre, sus hermanastros Edmund y Jasper Tudor.

Los Tudor no tenían derecho sucesorio alguno sobre la corona inglesa; de hecho ni siquiera está probado que Owen y Catalina de Valois llegaran a casarse, aunque ello no hubiese tampoco conferido a sus hijos derechos sucesorios al trono inglés. Ni siquiera el matrimonio de su hijo y hermanastro de Enrique VI, Edmund, con una descendiente de la rama de los Lancaster servía para colocarles en la línea sucesoria. Edmund murió enseguida, pero su mujer Margaret Beaufort se encontraba encinta y dio a luz a un hijo, al que llamó Enrique y a quien rápidamente su madre puso a salvo en Francia.

Todas estas reflexiones parecían carecer de importancia cuando muerto Enrique VI, la rama de los York se impuso en la Guerra de las Rosas, primero con Eduardo IV y luego con su hermano Ricardo III. Cuando éste lució la corona parecía que ya no quedaban contendientes vivos para disputarle la misma. Pero cuando emergió el descontento por su forma de gobernar, los rebeldes se aglutinaron bajo la bandera de Enrique Tudor, hijo de Edmund el medio hermano de Enrique VI. En 1485, en la batalla de Bosworth, Enrique derrotó a Ricardo III y subió al trono con el nombre de Enrique VII. Le sucedió su famoso hijo Enrique VIII.

Sobre la dinastía de los Tudor han corrido ríos de tinta. Resulta difícil deslindar la realidad de la propaganda respecto del acceso al poder de Enrique VII y la derrota de Ricardo III. Lo que es innegable es que si Catalina de Valois se hubiese mantenido en su papel de reina madre sin sucumbir a la pasión por Owen Tudor, quizás se hubiese producido un levantamiento contra Ricardo III, pero no hubiese sido liderado por un Tudor y éstos no hubiesen accedido al trono; quizás se hubiese producido en Inglaterra un cisma contra la iglesia de Roma como en otras partes de Europa, pero no hubiese sido provocado por el capricho de un rey que deseaba divorciarse de su esposa y casar con Ana Bolena; y, sobre todo, no hubiesen accedido al trono monarcas tan significativos en la Historia inglesa como Enrique VIII, María Tudor e Isabel I. La Historia de Inglaterra hubiese sido diferente.

 Imagen| Catalina de Valois