Ilustración de la ejecución de los principales miembros de Molly Maguires

En la segunda mitad del siglo XIX (década de 1860), todavía en pañales la industria petrolífera, una de las materias primas esenciales para los pujantes Estados Unidos era el carbón. La más importantes minas del país se encontraban en el Estado de Pennsylvania y los mineros que en ellas trabajaban lo hacían en unas durísimas condiciones, tanto humanas como laborales.

 Muchos de estos mineros eran de procedencia irlandesa y habían llegado al Nuevo Mundo huyendo de la extrema pobreza y la hambruna reinantes en su país de origen, así como del asfixiante dominio que los ingleses ejercían en Irlanda. Muy pronto la afinidad de procedencia y de intereses de los mineros irlandeses de Pennsylvania les llevaron a asociarse. Para ello, siguiendo una larga tradición de sociedades secretas existentes en el ámbito rural irlandés, recrearon una de estas sociedades llamada Molly Maguires. Con el tiempo las acciones de este grupo en defensa de sus reivindicaciones laborales y contra los patronos que les explotaban se fueron haciendo más radicales.

 La línea entre actividades sindicales en defensa de sus intereses y actuaciones de tipo mafioso y criminal a la que hacíamos referencia en el título de esta entrada es muy difusa, y en todo caso debe analizarse en el contexto histórico del lugar y la época en que estos hechos tuvieron lugar y no con los criterios actuales.

 Según los miembros de la organización, se trataba de una hermandad formada para recordar sus orígenes irlandeses y defender los intereses comunes de sus miembros, tanto en lo personal como en lo laboral.

Para los empresarios que regentaban las instalaciones mineras del Estado se trataba de una asociación de delincuentes que utilizaban cualquier método desde la extorsión hasta el chantaje, e incluso el asesinato (se les atribuyeron dieciséis homicidios entre 1862 y 1875), para defender a sus miembros.

El caso es que las Molly Maguires se convirtieron en una pesadilla para los dueños de las minas del Estado. Estos trataron de combatirlos con métodos que a veces rozaban o sobrepasaban la legalidad, pero se trataba de hombres duros y fuertes que no rehuían el combate.

Debido al hermetismo reinante en las Molly Maguires, donde sus miembros juraban no desvelar jamás los secretos de la hermandad, la única forma de obtener información sobre los miembros y fines de la organización era desde dentro. Los dueños de las minas intentaron en repetidas ocasiones infiltrar a personas de su confianza en la hermandad, pero eran sistemáticamente descubiertos y no se tenía piedad alguna con ellos.

Finalmente decidieron contratar a la agencia de detectives fundada por el escocés Allan Pinkerton, que llevaba su nombre y por entonces era famosa en todo al país. Pinkerton comprendió rápidamente que sólo conseguiría infiltrarse en la organización si la persona que lo hacía podía pasar por un minero irlandés más y él tenía entre sus agentes a esa persona: James McKenna.

Con el nombre de James McParland, el agente de Pinkerton llegó a la mina de Shenandoah en 1870. Irlandés el mismo, se convirtió pronto y sin problemas en un minero más. Poco a poco fue ganándose la confianza de los dirigentes de las Molly Maguires y consiguió infiltrarse en niveles cada vez más altos, hasta conseguir participar en las reuniones de la cúpula de la organización.

Se hizo con información y documentación comprometedora y finalmente  en 1876 volvió junto a su jefe y ambos denunciaron a los cabecillas de las Molly Maguires, que fueron juzgados y condenados a la horca. Veinte dirigentes irlandeses de la hermandad fueron colgados.

Durante muchos años, la opinión predominante sobre esta sociedad secreta fue que se trataba de una organización criminal con tintes mafiosos. El primer libro escrito al respecto “The Molly Maguires and the detectives” era obra del propio Allan Pinkerton, por lo que no se podía esperar mucha objetividad al respecto. Hubo que esperar hasta la década de 1930 para que J.Walter Coleman, en su libro “The Moly Maguire Riots” reivindicara la faceta de organización sindical de la hermandad, comparándola con otros sindicatos en otros sectores de EE.UU. y analizando también la vertiente contraria de la cuestión (la explotación laboral a la que eran sometidos los trabajadores de las minas).

También la literatura y el cine se han ocupado de la cuestión. “El valle del terror” una de las novelas  protagonizadas por el celebérrimo detective ideado por Conan Doyle, Sherlock Holmes, desarolla parte de su acción en una mina en Estados Unidos y está basada en las Molly Maguires. En el cine, la interesante película “Molly Maguires”, protagonizada por unos excelentes Sean Connery y Richard Harris, narra de manera dura pero convincente la historia de la hermandad y ahonda en el dilema que debió suponer para McKenna traicionar a los que habían sido sus compañeros durante años.

Para quien desee conocer más en detalle esta historia, tener una visión objetiva sobre el asunto y crearse una opinión propia sobre la pregunta que da título al artículo, recomiendo leer el libro “Making sense of the Molly Maguires” de Kevin Kenny.

Imagen| Molly Maguires