“El Mapa de Vinland”: ¿Fundamental descubrimiento histórico o fraude monumental?

 

En 1957, el marchante estadounidense Lawrence Claiborne Witten encontró dentro de un libro que halló en la tienda de un anticuario de Ginebra un mapa que, de ser auténtico, podía supone un vuelco a todas la historia conocida sobre el descubrimiento de América, ya que contenía en su esquina izquierda y al oeste de Groenlandia la referencia a una tierra llamada “Vinland”. Lo especial del mapa es que en teoría, estaba datado entre 1430 y 1450  y un documento manuscrito que lo acompañaba refería una expedición noruega liderada por Leif Eriksson a Norteamérica alrededor entre los años 985 y 1009. Es cierto que en alguna saga nórdica del siglo XIV hacía mención a la expedición de Eriksson a Vinland (probablemente Terranova o la Península del Labrador), pero de ser auténtico el mapa, constituiría la prueba definitiva de este viaje anterior al descubrimiento de América por Colón. No obstante, era posible que se tratase de una hábil falsificación, a pesar de lo cual compró el libro y el mapa por 3.000 dólares.

Witten tenía muchas dudas; no sólo el propietario del libro (el italiano Enzo Ferrajoli) no le merecía demasiada confianza, sino que algunas marcas de carcoma en el mapa que no coincidían con las del manuscrito junto al cual se encontró no parecían muy auténticas. Lo que Witten no sabia es que meses antes, el mapa había sido ofrecido a un prestigioso anticuario inglés, que lo hizo examinar por dos expertos del Museo Británico (R.A. Skelton y George D. Painter); éstos no rechazaron de plano su autenticidad, pero tampoco se atrevieron a ratificarla al cien por cien, por lo que el anticuario inglés no lo adquirió.

Witten decidió mostrar el mapa a varios amigos de la Universidad de Yale, pero la falta de contundencia de las conclusiones de éstos, hizo que no se atreviese a dar publicidad a su hallazgo y lo mantuviese en su casa de New Haven. Pero un año después examinando una colección de libros de la Universidad de Yale cuyo conservador era amigo suyo, descubrió un tomo llamado Speculum Historiale, que no sólo tenía las mismas marcas de agua que el mapa y sus hojas eran del mismo tamaño, sino que hacía cuadrar las marcas de carcoma tanto del mapa como del manuscrito y coincidían con la dotación de fechas de éstos.

Witten decidió dar cierta publicidad al hallazgo y el acaudalado filántropo Paul Mellon lo adquirió por 300.000$, para seguir examinándolo y si se demostraba su autenticidad, exhibirlo de forma permanente en Yale. Tras un susto inicial como consecuencia de la detención de Ferrajoli en España por robar códices de la catedral de Zaragoza que al final quedó en nada, el mapa fue examinado minuciosamente por los mayores expertos mundiales en la materia (entre ellos los dos miembros del Museo Británico que ya lo habían estudiado anteriormente); éstos, aunque con distintos grados de convicción, avalaron la autenticidad del mapa.

El hallazgo se hizo público el 9 de octubre de 1965 y el mapa y los manuscritos fueron expuestos en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. Sin embargo, la polémica sobre su autenticidad siguió y sigue estando vigente. En la década de los 70, aplicando los avances en microscopia, la empresa McCrone Associates encontró en la tinta del mapa una sustancia cuya probabilidad de encontrarse en un manuscrito del siglo XV era, en palabras de McCrone, “la misma de que el buque insignia de Nelson en Trafalgar fuera un aerodeslizador.” Sin embargo, un estudio posterior, aplicando nuevos avances, desvirtuó las conclusiones de McCrone.

La comunidad de historiadores y la científica siguen sin ponerse de acuerdo sobre la autenticidad del mapa. Hay teorías tan descabelladas como la de la historiadora de la cartografía Kirsten Seaver quien sostiene que se trata de una falsificación realizada en los años 30 por un monje austríaco para poner en ridículo a los nazis cuando lo hiciesen público como muestra de la superioridad de la raza aria.

Probablemente habrá que esperar a nuevos avances científicos que permitan resolver sin lugar a dudas si nos encontramos ante un fundamental descubrimiento histórico a ante un brillante y monumental fraude.

Quien quiera conocer esta y otras historias fascinantes sobre la evolución de la cartografía a lo largo de la Historia, puede leer el curioso libro de Simon Garfield “En el mapa; de cómo el mundo adquirió su aspecto”.

Imagen| Mapa de Vinland

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