Representación de la época sobre el complot de la pólvora

Habíamos dejado nuestro relato de esta increíble historia de católicos ingleses pretendiendo volar su Parlamento con el Rey James I y todos los parlamentarios dentro, con el fracaso del atentado y la detención y ejecución de los principales conspiradores, pero el “Complot de la Pólvora” tuvo otras consecuencias importantísimas para personas e instituciones católicas en Inglaterra, por el horror que produjo el conocimiento de la trama y de la masacre que pretendían perpetrar los conspiradores.

 – Guy Fawkes era la cabeza visible del complot para la opinión pública, pues fue él quien resultó detenido la noche del 4 al 5 de noviembre en el almacén donde se encontraba la pólvora. Desde entonces en Reino Unido y buena parte de sus colonias el 5 de noviembre se celebra la “Noche de Guy Fawkes” o “Noche de la Hoguera” (“Bonfire Night”) en la que entre fuegos artificiales se simula la quema del propio Fawkes en la hoguera. Con ello se celebra la salvación del Rey y de la religión anglicana como consecuencia del fracaso del complot.

 – Henry Garment era el principal de los jesuitas en Inglaterra en aquella época. Como consecuencia de los reparos que los propios conspiradores sintieron antes de realizar su acción que implicaba la muerte de muchos inocentes (alguno de ellos católicos), Tom Catesby se aproximó a Garment para tantear las implicaciones morales y religiosas de una acción como la que programaban. Parece que inicialmente no mencionó específicamente que su pretensión era volar el Parlamento inglés y que cuando lo hizo fue bajo secreto de confesión. Aunque Garment se opuso al proyecto (tenía instrucciones estrictas de sus superiores en Roma de no realizar ninguna oposición violenta contra la política anticatólica del Rey), no lo hizo con la suficiente contundencia y Catesby dejó caer en algún círculo de conspiradores que contaba con el apoyo de los jesuitas. En todo caso, como consecuencia de las investigaciones posteriores al descubrimiento del complot, Garment fue detenido, considerado como instigador del mismo y ejecutado. La situación de los jesuitas en Inglaterra se vio comprometida durante años como consecuencia de ello.

 – La residencia del embajador de España en Londres tuvo que ser protegida por las autoridades inglesas, ya que cuando se extendieron las noticias sobre el complot una enfurecida multitud se dirigió a la residencia del representante español por considerar a este país responsable de la conspiración. España no tenía nada que ver en la misma, pero años de guerra contra la implantación de la iglesia anglicana durante los reinados de Mary Tudor y de Elisabeth I habían dejado una profunda huella de odio contra España en el imaginario inglés.

 – La legislación anticatólica inglesa se endureció durante años, prohibiéndoles ejercer determinadas profesiones o acceder a determinados cargos.

 Una última cuestión queda pendiente de estudiar sobre el Complot de la Pólvora: las sospechas de la instigación de la trama por parte de altos cargos del Gobierno de Inglaterra (concretamente del principal asesor del Rey, Robert Cecil), con el fin de convencer al monarca del peligro que suponían los católicos para Inglaterra. No obstante, para escribir sobre este tema necesito documentarme más al respecto, así que este punto tendrá que esperar a un posterior artículo del blog.

 La habitual remisión literaria que suelo realizar se contiene en la primera entrada que dediqué a este asunto, a la que me remito.