El asesinato de Prim, caso abierto

Reconstrucción del atentado contra Prim en la Calle del Turco
El 27 de diciembre de 1870, cuando viajaba en su berlina desde el Congreso de los Diputados hacia el Palacio de Buenavista y mientras pasaba por la Calle del Turco de Madrid (hoy calle del Marqués de Cubas) el Presidente del Gobierno, General Juan Prim y Prats,sufrió un atentado en el que recibió varios disparos de un grupo de desconocidos. Tres días después, muere como consecuencia de las heridas recibidas. Por increíble que parezca, nadie resultó condenado por la muerte de Prim y ciento cincuenta años después su asesinato sigue sin haberse resuelto oficialmente.

 Para tratar de ahondar un poco en las posibles causas del ataque y quién pudo encontrarse detrás del mismo tenemos que situarnos en la época histórica en que aconteció el magnicidio.

En 1868 tuvo lugar en España la Revolución conocida como “La Gloriosa” que terminó con el derrocamiento de la Reina Isabel II de Borbón. Para llegar a este resultado se pusieron de acuerdo muchas fuerzas políticas que tenían en común su deseo de poner fin al reinado de la hija de Fernando VII. Sin embargo, más allá de este objetivo, poco o nada había que uniese a las diferentes tendencias políticas que convivieron en nuestro país durante el llamado Sexenio Democrático.

Unos se unieron a la Revolución porque deseaban poner fin a la Monarquía e instaurar en España una República, aunque entre ellos también existían diferentes opiniones y tendencias. Otros eran partidarios de destronar a Isabel II para sustituirla por otro monarca, aunque también tenían sus divergencias sobre quién debería ocupar el trono.

En estas circunstancias, dos de los tres generales que lideraron las fuerzas revolucionarias ocuparon las principales magistraturas del país: el General Francisco Serrano fue designado Regente y nuestro protagonista, el reusense Juan Prim fue nombrado Presidente del Gobierno, lo que le convertía en cabeza del Poder Ejecutivo. Sus decisiones sobre la forma de Gobierno y sobre la persona que debía encarnarla le generaron muchos enemigos y alguno de entre ellos pudo estar detrás, material o intelectualmente, de su asesinato. Repasemos brevemente quiénes se convirtieron en enemigos de Prim y pudieron instar o ejecutar el magnicidio.

Prim tenía como objetivo que España se convirtiera en una monarquía constitucional y parlamentaria, lo que de entrada ya le valió la enemistad de sus viejos aliados republicanos que le consideraron un traidor a la causa revolucionaria. De aquí sale un primer grupo de posibles interesados en quitar del medio al Presidente del Gobierno.

Por otro lado, Prim también tenía claro que de ninguna de las maneras estaba dispuesto a que la Corona de España volviese a descansar sobre la cabeza de ningún miembro de la dinastía Borbón. Esto descartaba a la hermana de la Reina, Luisa Fernanda de Borbón y, por ende, al marido de ésta Antonio María de Orleans, Duque de Montpensier. Este intrigante personaje que merecería una novela (si alguien con talento para hacerlo se la dedica) o al menos una entrada en este blog (que es lo que está al alcance de mis posibilidades) se consideraba a sí mismo digno de la Corona de España y en él se ganó Prim a un furibundo y poderoso enemigo.

Por último, Prim pensó que el futuro Rey de España debía ser elegido de entre los miembros de alguna de las casas reales reinantes en Europa. Esto descartaba también al Regente, el General Francisco Serrano, sobre cuyos escarceos amorosos con Isabel II han corrido ríos de tinta que escapan al objeto de este artículo. Para lo que nos interesa, baste señalar que más de uno piensa que Serrano deseaba ser Rey de España y que la decisión de Prim de buscar Rey fuera de España le granjeó otro poderoso enemigo.

Tres fueron los candidatos que barajó Prim para ocupar el trono: el padre del Rey de Portugal, Fernando de Coburgo fue rechazado por algún oscuro escándalo de faldas cuya salida a la luz pública molestó a su hijo (parece que no hay nada nuevo bajo el sol en la política); la candidatura de Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen (castizamente rebautizado como “ole ole si me eligen”) fue descartada porque molestó a los franceses y acabó siendo el origen (o la excusa buscada por Bismarck, pero eso es otra historia)  de la guerra franco-prusiana de 1870; por último el Congreso de los Diputados aprobó designar Rey de España a Amadeo de Saboya, Duque de Aosta. Amadeo se convirtió así en el único monarca español elegido mediante votación por el Parlamento.

Volviendo a Prim, poco después de la elección parlamentaria de Amadeo, las críticas y las presiones de unos y otros se agudizaron en los meses de noviembre y diciembre de 1870. Más de uno advirtió al Presidente de que su vida corría peligro y de que se preparaba un atentado contra él. Incluso se produjo alguna detención, pero el militar catalán desechó todas las advertencias, señalando que “no se había fundido la bala” capaz de matarle. Desgraciadamente para él, no era así, y en una emboscada en la Calle del Turco recibió varias balas que acabaron matándole.

Antes de morir, Prim tuvo tiempo de declarar que entre los atacantes pudo identificar la voz de un parlamentario republicano, José Paúl y Angulo, al que oyó gritar “fuego, puñeta, fuego”. Paúl, antiguo amigo y aliado de Prim, fue uno de los más furibundos críticos a su “traición” a la Revolución de 1868, tanto desde el Parlamento como desde el pasquín “El Combate” que durante un breve tiempo se publicó en Madrid. Tras la muerte de Prim, huyo de España para nunca regresar y aunque escribió un libro donde negaba su participación en los hechos, más de una prueba apunta claramente hacia él (entre ellas el testimonio de un tal José López, que llegó a estar detenido durante casi diez años durante la instrucción del caso, aunque nunca llegó a ser juzgado ni, evidentemente, condenado). López también escribió un libro en contestación al de Paúl y Angulo, acusando a éste de estar detrás del atentado.

Respecto del Duque de Montpensier, Antonio María de Orleans, existen fuertes sospechas sobre su apoyo económico a los autores materiales del atentado y sobre la implicación de alguno de sus subordinados (su ayudante Felipe Solis), aunque tampoco se pudieron probar. Se sospecha que Montpensier pensaba que el asesinato de Prim haría que Amadeo se replanteara su decisión de aceptar el trono español, lo que volvería a convertirle en el principal candidato a la corona, pero no fue así. Irónicamente, aunque él no llegó a conseguir acceder al trono, su hija Maria de las Mercedes casó con Alfonso XII y se convirtió en Reina de España.

Menos consistentes me parecen las pruebas de la implicación del Regente Francisco Serrano en la muerte de Prim. Sí parece que ambicionaba convertirse en Rey de España y que, a pesar de las advertencias de un posible atentado, no se puso mucho empeño ni en evitarlo ni, posteriormente en resolverlo. También se habla de la implicación de uno de los miembros de su escolta, José María Pastor al que alguno de los implicados acusó de haber financiado el magnicidio.

En todo caso, a día de hoy sigue sin esclarecerse de manera oficial la autoría del atentado y la muerte de Juan Prim y Prats. Aunque una reciente investigación de la Universidad Camilo José Cela parece abrir una nueva vía al descubrir en el cadáver de Prim signos de estrangulamiento, habrá que esperar para determinar el efecto que esta investigación tendrá en el esclarecimiento de la autoría de su muerte; sobre todo si tenemos en cuenta que ya existen en el ámbito universitario quienes ponen seriamente en duda las conclusiones de esta investigación.

Para quien desee conocer más a fondo esta historia le recomiendo la lectura de dos recientes novelas, comentadas en mi blog de lectura, “La Berlina de Prim” de Ian Gibson y “Sangre en la Calle del Turco” de José Calvo Poyato. En ambos libros se contiene además una amplia y extensa bibliografía sobre el tema. También Benito Pérez Galdós en “Prim” y “España Trágica” se ocupó del asunto.

Imagen| Atentado contra Prim

 

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