La apreciable película de John Sturges «La Gran Evasión», narra la historia de la fuga masiva de presos aliados durante la Segunda Guerra Mundial del campo de prisioneros «Stalag Luft III» en Silesia. La película cuenta con un notable elenco de actores, entre los que brilla con luz propia Steve McQueen (esa escena de la persecución en moto, la «Nevegga»…). También destaca la banda sonora del gran Elmer Bernstein.

 Como es habitual, la película parte de un hecho histórico para adornarlo con ciertas licencias respecto de los hechos reales para hacerla más atractiva. Vamos a intentar relatar la auténtica historia de la fuga más famosa no sólo de la Segunda Guerra Mundial, sino probablemente de la Historia.

 Para entender bien cómo fue posible la gran evasión hay que partir de un dato fundamental: todos los presos del Stalag Luft III eran oficiales o suboficiales de aviación de los ejércitos aliados. En primer lugar, ello implicaba que la vigilancia del campo no correspondía a la Gestapo o las SS, sino a la Luftwaffe (lo que tiene su importancia respecto del trato entre captores y cautivos y las medidas de seguridad). Además, disfrutaban de muchas más comodidades y medios (sobre todo más abundantes  y generosas raciones de la Cruz Roja) que otros presos en otros campos de prisioneros, lo que resultó fundamental para el estado físico y los medios necesarios para la fuga. Por último, los oficiales de aviación eran una especie de lobos solitarios, con espíritu aventurero y acostumbrados a la inmensidad del espacio aéreo que soportaban especialmente mal su encierro en manada en espacios minúsculos y cerrados. Por eso se trataba de los prisioneros de guerra con más intentos de fuga, lo que motivó que se decidiera crear un campo específico para ellos con especiales medidas para evitar la fuga.

 Desde el principio se creó un «comité de fugas», al mando del cual estaba Roger Bushell (“el gran X”). El comité planeó una fuga en masa, para lo cual se comenzó la construcción de tres túneles (los famosos Tom, Dick y Harry). Sin embargo, eran conscientes de que si se concentraban en esa fuga masiva los alemanes (que, escarmentados de la experiencia en otros campos, vigilaban de manera agobiante la actividad de los prisioneros en busca de túneles) sospecharían todavía más. Por eso, no sólo consintieron, sino que alentaron los intentos de fuga individuales o en pequeños grupos.

 Hubo multitud de intentos de escapada, unos muy básicos (dirigirse a la alambrada y tratar de encontrar un punto ciego para escapar), otros muy elaborados. Curiosamente, el más extravagante e increíble intento de fuga fue de los pocos que tuvo éxito: «El caballo de Troya».

 El mayor problema de la construcción de un túnel era la distancia entre los barracones y el bosque que rodeaba el campo. Sin embargo, hacer un túnel cerca de la alambrada, aunque ahorraba setenta metros de construcción, conllevaba la dificultad de ocultar la actividad y la entrada del túnel a los atentos vigías alemanes. Tres intrépidos prisioneros fabricaron un plinto, hueco en su interior. Durante meses, se colocaba el plinto exactamente en el mismo sitio, cerca de la alambrada. En su interior se escondían nuestros protagonistas, que crearon un túnel mientras otros compañeros realizaban ejercicios de gimnasia en las mismas narices de los guardias alemanes. Al finalizar la jornada tapaban el túnel y sus compañeros les trasladaban a ellos y a la arena eliminada dentro del plinto. Increíblemente, por este sistema Eric Williams, Michael Codner y Oliver Philpot consiguieron huir y llegaron sanos y salvos a Gran Bretaña.

 Tras el descubrimiento de Tom por los alemanes, el comité de fugas decidió abandonar la construcción de Dick y centrarse en Harry. Es difícil imaginarse el enorme esfuerzo de ingeniería (construcción del túnel, eliminación de la arena, sistemas de ventilación, iluminación eléctrica), seguridad (ocultación a los alemanes) y logística (falsificación de documentos, elaboración de ropa y utensilios de paisano, rutas de escape) que conllevó preparar la fuga de …. doscientos prisioneros en una sola noche.

 La noche en cuestión fue la del 24 de marzo de 1944. Se eligió esa fecha por dos motivos: era viernes, por lo que los trenes de la cercana estación de Sagan irían repletos de soldados y trabajadores extranjeros de permiso y además había luna nueva. Diversas circunstancias que se fueron produciendo a lo largo de la noche hicieron que de los doscientos inicialmente previstos sólo pudieran fugarse setenta y seis prisioneros antes de que los alemanes descubrieran la huída.

Se puso en marcha la mayor caza de presos jamás vista y Hitler exigió la ejecución de todos los fugitivos capturados. Göring y Himmler, conscientes del cada vez más cercan fin de la guerra, del previsible resultado de la misma y de la exigencia de responsabilidades que se les podía venir encima al final de la contienda, trataron de evitarlo, pero sólo consiguieron que Hitler limitara el número a ejecutar a cincuenta y a tratar (sin éxito) de disfrazarlo como una muerte en intento de fuga y no como un fusilamiento.

 Como epílogo hay que decir que aunque sólo tres de los setenta y seis lograron llegar a las líneas aliadas, la fuga cumplió el objetivo de desviar cientos de miles de hombres que deberían estar en el frente bélico a capturar a los fugados.

 El libro de Tim Carroll “La Gran Evasión: la verdadera historia de la fuga más famosa de la Segunda Guerra Mundial” narra de manera detallada y exhaustiva todos los episodios del Stalag Luft III y cuenta con el testimonio de los siete supervivientes de la fuga cuando se escribió en 2004.

 De manera más sucinta y como parte de una de las fugas más importantes de la Historia, recomiendo el interesantísimo libro de Laura Manzanera “Grandes Fugas: Artistas de la Evasión”. No sólo habla de nuestra fuga, sino de otras muchas, algunas de las cuales también se han llevado al cine (Papillón, la fuga de Alcatraz…) y una que me recuerda a una serie de mi adolescencia: “La fuga de Colditz”. Tengo en mi lista de pendientes un libro al respecto, pero como creo que tengo dicho por aquí alguna vez, esa es otra historia….

Imagen| Stalag Luft III