Imagen del “Exodo”

No creo que nadie necesite que se le dedique un segundo a definir el drama del pueblo judío durante la dominación nazi. Las espeluznantes imágenes grabadas por los aliados al liberar los campos de exterminio hablan por si solas del genocidio más conocido de la Historia (aunque otros menos conocidos como el de Turquía sobre el pueblo armenio, y los cometidos por Stalin son igual de brutales, aunque eso es otra historia).

 Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a Gran Bretaña se le planteó un gravísimo problema con los judíos supervivientes del holocausto nazi. El movimiento sionista que desde principios del siglo XX venía pregonando la creación de un estado judío en las tierras que históricamente ocupó el bíblico Estado de Israel y que de hecho fue poco a poco enviando judíos de diferentes parte del mundo al dominio británico de Palestina, multiplicó por mil sus pretensiones como consecuencia del exterminio de millones de judíos por los nazis.

 A los británicos se les planteó un difícil dilema: por un lado no podían rechazar de plano la petición de los judíos después de comprobar el brutal tratamiento que los mismos habían sufrido de manos de los alemanes; por otro, el establecimiento de un estado israelí en la histórica ubicación bíblica del pueblo judío, el protectorado británico de Palestina, supondría un gravísimo conflicto con los estados árabes vecinos, con los que los ingleses estaban ligados por importantísimos intereses comerciales (petrolíferos, para ser más concretos).

 Los británicos propusieron a los líderes israelíes que la creación del estado judío se llevara a cabo en las amplias zonas deshabitadas que poseían en la zona sur de Africa (curiosamente mucho más amplias en extensión y ricas en recursos naturales que el histórico reino de Israel). Los judíos se negaron e insistiieron en que el nuevo Estado de Israel tenía que situarse en la misma ubicación que el histórico.

 Con el fin de presionar a la opinión pública mundial y conseguir sus fines, fletaron un barco, el “Exodo”, desde Francia con intención de llegar a Palestina, cuyos pasajeros eran antiguos prisioneros de campos de concentración nazis. Los británicos no tenían intención de permitir la llegada de más judíos a Palestina y negaron al “Exodo” el permiso para desembarcar en su protectorado y finalmente, tras diversos incidentes fueron enviados nuevamente a Francia, donde se negaron a desembarcar, con las consecuencia propias para la salubridad de los pasajeros, que finalmente fueron desembarcados en Hamburgo

 Sin embargo, la propaganda israelí tenía muy fácil el eslogan: “los judíos supervivientes de los campos de concentración nazis mueren en un barco por culpa de los británicos.” Se estima que la aventura del “Exodo” tuvo su dosis de influencia en la votación de la ONU que el 29 de noviembre de 1947 sancionó el nacimiento del Estado de Israel, que fue proclamado el 14 de mayo de 1948.

 La aventura del “Exodo” no es más que una excusa para tratar en este blog el tema del nacimiento del Estado de Israel. Quien quiera saber más sobre el tema puede leer la interesante novela de León Uris (bastante tendenciosa, pues era judío) “Exodo”, llevado al cine con un poco creíble Paul Newman como héroe judío, o preferiblemente, leer el mucho más objetivo libro de los ya citados en este blog y en el de lectura Dominique Lapierre y Larry Collins “Oh, Jerusalen”, que me parece una obra muy recomendable para poner en su lugar y comprender las posturas de uno y otro en el conflicto árabe-israelí, que me da la sensación que generalmente se decantan en favor de una de las partes, sin conocer las raíces y motivos de la otra.

 Imagen| “Exodo”