Marco Tulio Cicero “Cicerón”

El nombre de Cicerón se asocia con la elocuencia parlamentaria y con su papel en los acontecimientos que en los “idus” de marzo finalizaron con el asesinato de Julio César. A los que tuvimos que estudiar latín en el colegio también nos tocó traducir su discurso relativo a la conspiración de Catilina (“quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”)

Sin embargo, el ascenso a la fama de Cicerón se produjo por su intervención como abogado defensor de un presunto parricida durante los turbulentos años de la dictadura de Sila, posteriores a la guerra civil entre éste y Mario y anteriores al primer triunvirato de César, Pompeyo y Craso.

Un joven y desconocido abogado, Cicerón, asume la aparentemente imposible tarea de defender a Sexto Roscio, acusado de asesinar ni más ni menos que a su propio padre. Lo que parece ser un simple caso de asesinato esconde una complicada trama política que, inesperadamente para todos, el joven Cicerón es capaz de desvelar, y que llega a implicar al mismo dictador Sila. La defensa de Cicerón fue o muy brillante o muy inconsciente, y hasta aquí puedo leer, pero le garantizó un papel protagonista en los trascendentales acontecimientos de la República en los siguientes años.

Los discursos de Cicerón han llegado hasta nosotros gracias a que encargaba a su esclavo Tirón la completa transcripción de los mismos.

Quien quiera una versión más interesante y novelada de la historia puede leer el excelente libro de Steven Saylor “Sangre Romana”, que inaugura la interesante y bien documentada serie del detective Gordiano el Sabueso.

Imagen| Marco Tulio Cicero